Suplemento de EL Pueblo: frente a tamañas expresiones de convicción, recordamos a Nietzsche: la convicción: ese enemigo de la
verdad.
Ahora no me conoces

Cuatro grandes.

Ahora no me conoces de la edición anterior
Raúl Javiel Cabrera “Cabrerita” (José Pepe Torres)
Omar Adi

BULTOS QUE SE MENEAN.
Guía de fantasmas de mi pueblo.

LOS FANTASMAS MALOLIENTES.
Seamos sinceros. Algunas apariciones de nuestro Santa Lucía son y serán
impresentables.
Como no merecen ocupar espacio alguno en este mapeo fantasmal, simplemente
dejamos constancia de su existencia para que ningún forastero suponga que en
este pueblo sólo han vivido figuras de determinada talla moral, gente que ha
hecho culto de la humildad y la fraternidad u ocurrentes personajes que nunca
hicieron daño.
Ha habido trozadores de cadáveres y trozadores de conciencias, pobre gente no
consciente de su democrática finitud.
Hay también fantasmas de sábana corta que presentan el inconveniente de que
cuando la luz les da de costado, se le adivinan las patas.
Y fantasma con patas será lo que ustedes quieran, pero nunca fantasma.
Por eso a veces Santa Lucía es desconcertante.

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Lee de Forest, precursor de la electrónica

Fue un prolífico inventor norteamericano, nacido en Council Bluffs,
estado de Iowa en 1873, y fallecido en Hollywood en 1961. Su invento principal
fue la lámpara tríodo que aumentaba la intensidad de las señales radiales: fue
clave de la telefonía sin hilos y después de la radiofonía. También perfeccionó el
sistema de telegrafía sin hilos de Marconi. En su vida logró patentar más de 300
inventos.
Su padre fue el Reverendo Henry Swift De Forest. Decendía de una
familia de granjeros cuyos antecesores habían sido inmigrantes hugonotes

venidos de Francia. Pero el joven Henry tenía distintas aspiraciones y no quería
seguir el sistema de vida de su padre. Su sueño era graduarse en la Universidad
de Yale. La familia contaba con una beca perpetua en dicha casa de estudios a
raíz de una importante donación de uno de sus antepasados, David Curtis de
Forest, marino y aventurero que hizo una fortuna en sus andanzas marítimas.
Haciendo trabajos aparte de los de la granja Henry pudo pagarse los estudios
preparatorios que le permitieron ingresar al año siguiente a la Universidad
donde se graduó con diploma de honor en 1857. Su vocación era el sacerdocio,
por lo cual para financiar la continuación de sus estudios consiguió un trabajo
de ayudante de matemáticas en un colegio de Wisconsin. Más adelante ingresó
en la escuela de Teología de Yale.
En la Guerra Civil de 1861-65 fue reclutado por el Ejército de la Unión y
sirvió como Capellán del 11º Regimiento de Voluntarios donde se dedicó a curar
heridos y velar a los moribundos en esta sangrienta y encarnizada guerra.
Terminada la contienda viajó por el norte y el oeste como representante de la
Iglesia Congregacionista; así conoció a Anna M. Robbins, una joven muy
hermosa que era organista de la capilla del Colegio Grinnell en Iowa; su padre
era el Reverendo Alden B. Robbins, fundador de la Iglesia Congregacionista de
Muscatine en Iowa. Henry siguió con sus estudios y se graduó en el Seminario
Teológico Andover de Massachusetts.
Henry y Anna se casaron al año de haberse conocido. Primero se
instalaron en Andover, Massachussets, donde Henry realizó estudios
complementarios obteniendo el doctorado en teología. Luego se fueron a Iowa
donde fue pastor de la primera iglesia Congregacionista de Council Bluffs. Allí
nació Lee de Forest el 26 de agosto de 1873 que fue el segundo hijo del
matrimonio (la primera fue Mary).

La carpeta de Monsieur Fourcade  
12
Recordaba el otro día a Gala cuando vivió un tiempo en el castillo que le regaló
Dalí: El castillo de Púbol, en la comarca del Bajo Ampusdán. Para entrar al
castillo teníamos, previamente, que solicitar a Gala el permiso correspondiente.
Incluso Dalí tenía que hacerlo. Llegué a estar una semana en un hostal ubicado
en el pueblo de Madaña, el más cercano, esperando que ella me otorgara el
consentimiento para traspasar las puertas del castillo y tratar de hacerle una
entrevista para el diario El País de Madrid. Ella, había aceptado realizarla, pero
la condición para ello fue que le enviáramos de antemano el cuestionario que
confeccionamos. La intención era para que no hiciéramos más preguntas que las
redactadas y disfrutáramos de nuestra estancia en su castillo medieval. Como
era de prever, cuando estuve frente a ella, me confesó que no había tenido el
tiempo suficiente para contestar tantas preguntas y que me las enviaría por
correo más adelante. Por supuesto, jamás recibí nada al respecto. De cualquier
modo, aclaro, que fuimos junto a otros visitantes, muy bien tratado por Gala y
Dalí, durante el día en el cual nos dejaron entrar al Castillo. Hubiera querido
una relación más fluida con Gala y haber podido conocer realmente a Elena

Ivánvna Diákonova pero claro, ese día la fría tramontana había empezado a
soplar muy fuerte.

Eduardo Mollo
La obra de Alfredo Zitarrosa

Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra…
Cómo haré para que sientas mi torpe amor,
mis ganas de sonarte entera y mía…
Alfredo Zitarrosa, “Guitarra Negra”

Juana de Ibarbourou

Es una de las más grandes personalidades de la cultura
uruguaya, cuya proyección permitió su consagración como Juana de América,
galardón entregado el 10 de agosto de 1929, en el Salón de los Pasos Perdidos
del Palacio Legislativo, de la mano de Juan Zorrilla de San Martín.
Juana de Ibarbourou nació el 8 de marzo de 1892. Su nombre
de soltera Juana Fernández Morales, fue abandonado al tomar el apellido de su
esposo el Capitán Lucas Ibarbourou, con quien contrajo matrimonio a la edad
de veinte años.
En 1919 pasa a residir en Montevideo y desarrolla su obra
literaria publicando Las Lenguas de Diamante, El Cántaro Fresco y Raíz Salvaje.
Fue miembro de la Academia Nacional de Letras (1947), y presidió la Sociedad
Uruguaya de Escritores. Cinco años después en 1955
fue premiada en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid. Accede al
Gran Premio Nacional de Literatura, en su primera edición. Falleció el 15 de
julio de 1979 en Montevideo, siendo la primera mujer en recibir honores de
Ministro de Estado.
Es una poetisa reconocida como una de las voces más personales de la lírica
hispanoamericana de principios del siglo XX.

( Departamento de antecedentes e inventarios.

Museo Histórico Nacional, Uruguay. Texto: Prof. Fernanda González )

La cuna

Poesía: Juana de Ibarbourou/Música: Alfredo Zitarrosa

Si yo supiera de qué selva vino
El árbol vigoroso que dio el cedro
Para tornear la cuna de mi hijo
Quisiera bendecir su nombre exótico
Quisiera adivinar bajo qué cielo
Bajo qué brisa fue creciendo lento
El árbol que nació con el destino
De ser tan puro y diminuto lecho.
Árbol inmenso que te hiciste humilde
Para acunar a un niño entre tus gajos
Haz de mecer los hijos de mis hijos
Toda mi raza dormirá en tus brazos.

A veces mientras duerme el pequeñuelo
Evoco una historia que pudo sucederle:
Tal vez bajo su copa en otro tiempo
Una madre cobriza amamantaba un niño
Bajo el cedro amparador de nidos
De tardecita, cuando el viejo árbol
Se llenaba de pájaros con sueños
De música, de arrullos y de píos.
Árbol inmenso, que te hiciste humilde
Para acunar a un niño entre tus gajos
Haz de mecer los hijos de mis hijos,
Toda mi raza dormirá en tus brazos.

La cuna ( Versión original )
Si yo supiera de qué selva vino
el árbol vigoroso que dio el cedro
para tornear la cuna de mi hijo. . .
Quisiera bendecir su nombre exótico.
Quisiera adivinar bajo qué cielo,
bajo qué brisas fue creciendo lento
el árbol que nació con el destino.
De ser tan puro y diminuto lecho.
Yo elegí esta cunita
una mañana cálida de Enero.
Mi compañero la quería de mimbre,
blanca y pequeña como un lindo cesto.
Pero hubo un cedro que nació hace años
con el sino de ser para mi hijo,
y preferí la de madera rica
con adornos de bronce. ¡Estaba escrito!
A veces, mientras duerme el pequeñuelo,
yo me doy a forjar bellas historias:
Quizá bajo su copa una cobriza
madre venía a amamantar a su niño
todas las tardecitas a la hora
en que este cedro, amparador de nidos,
se llenaba de pájaros con sueño,
de música de arrullos y de píos.
¡Debió de ser tan alto y tan erguido,
tan fuerte contra el cierzo y la borrasca,
que jamás el granizo le hizo mella
ni nunca el viento doblegó sus ramas!

Él, en las primaveras, retoñaba
primero que ninguno. ¡Era tan sano!
Tenía el aspecto de un gigante bueno
con su gran tronco y su ramaje amplio.
Árbol inmenso que te hiciste humilde
para acunar a un niño entre tus gajos:
¡Has de mecer los hijos de mis hijos!
¡Toda mi raza dormirá en tus brazos!

El enfoque en general, en el cual esta exquisita poetisa
desarrolla su obra, se puede categorizar en cuatro diferentes temas: el amor, la
naturaleza, la conjunción de la nostalgia, la angustia y la soledad, y también en
la muerte y el tiempo. En “ La cuna ”, confluyen armoniosa y claramente, el
amor, la naturaleza y el tiempo, en una verdadera pequeña obra de arte poético.
Como se advierte, la poesía original consta de nueve
cuartetas de versos endecasílabos y rima asonante, mientras que para la
canción, Zitarrosa selecciona parte de ellas y las agrupa en dos partes iguales,
que constan de ocho versos ( reagrupados a los efectos del canto ) y cuatro que
corresponderían al estribillo.-
El tema “ La Cuna ”, está incluido en el Lado B del LP “
Coplas del Canto ” ( Zitarrosa/6 ), editado en Uruguay en 1971 por el Sello

Orfeo.-

Daniel Da Rosa
A mil años luz
viejo sentado bajo el árbol frondoso
lívidas mis manos dejan escapar otro alado libro
fluye en su vuelo por el ancho cielo azul
no brillan ya mis ojos como entonces pero ven más lejos
y tan cerca mi corazón aún danza ligero
prodigioso sueño hondamente repetido
sin más resplandor que este otoño ceñido a mi espalda
fiera que cruje mis huesos amarillos mis palabras blancas
a unos segundos nomás
viejo acostado sobre el pasto mustio
temblequean mis manos aprietan los pies de la poesía
sedosa se escurre entre los dedos arborescentes se pierden en el aire
no abre mi boca como cuando alumbraba las noches
llamaradas de metáforas imperfectas
velado sueño atravesado de relámpagos
sin más ofrenda que éstas lágrimas cascarudas humedeciendo mi cara
alterando la tarde tranquila de recuerdos que se pierden en la niebla.

Ilustraron: s/d, Luis Scafati.

En un mundo donde hasta el más menguado cree disentir de algo, y eso es
precisamente lo que iguala y masifica hoy a tanto borrego, el verdadero rebelde,
el agitador, no tiene ya ninguna posibilidad. APR

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