Día del Trabajador Rural
El 30 de abril se reconoce como día del trabajador rural por haberse votado
una ley donde se señala la duración máxima de la jornada de trabajo es de 8
horas diarias. En esta Ley se regula los siguientes descansos:
Descanso intermedio si la jornada de trabajo es continua, el descanso
durante la jornada será como mínimo de media hora y deberá pagarse:
Descanso entre jornadas, el descanso entre el fin de una jornada y el
comienzo de la otra no podrá ser inferior a 12 horas continuas, salvo
cuando el descanso intermedio sea igual o mayor a 3 horas corridas, pero
nunca menos de 9 horas.
Descanso semanal será con preferencia en día domingo, aunque las partes
pueden acordar sea en otro día de la semana, fijo o rotativo.
Más allá de lo que puede enmarcarse en una determinada Ley, cada día,
cada hora, todo el año reconocemos al día del trabajador rural, porque
como se señalara, “Detrás de cada desayuno, almuerzo, merienda o cena
está la labor de muchos trabajadores rurales que de forma incansable y
permanente contribuyen con su esfuerzo para que los alimentos estén en tu
mesa.” Nada más que agregar.
Detrás de esa nuestra necesaria rutina que nos lleva sólo minutos, hay por
sobre todo sabiduría, futurología, perseverancia y mucha inversión. Si
hay alguien que no puede siempre fijar horarios ni días en el calendario, es
el trabajador rural. La cosecha para levantar que un temporal de lluvia,
viento o granizo puede arruinar en un rato , praderas que se convierten en
barro, invertir en comida y bienestar para los animales de producción.
Despiadadas sequías que si no se riega nada queda, ni aguadas, ni
tajamares y pozos de agua que también se secan. Ahí están los que les
llamamos trabajadores rurales, regando, curando, incluso trabajando las
tierras en las noches para ayudar a que no se evapore la escasa humedad, en
esos “costosos detalles”, está poder cosechar, cobrar, pagar y volver a
invertir. No puede irse a la tienda a comprarse veranos e inviernos
benévolos, vienen buenos, regulares y muy malos, sin pedir cuentas a
nadie. Los productores, trabajadores rurales tienen como nadie el poder de
la observación, de calcular muy bien los números, de estar bien informados
y el raciocinio de caerse y levantarse.
Nuestros trabajadores rurales conviven distintas realidades con más o
menos distancias para llegar a sus mercados, aun siendo un pequeño país
en territorio. Las producciones son bien diferentes, los patrones, los
trabajadores, aun el clima puede variar notablemente.
Hoy Uruguay nos muestra aquel trabajador rural como si fuera del siglo
pasado, algunos han tenido que reconvertirse y otros que han tenido que
especializarse para manejarse de acuerdo a los avances tecnológicos para el
campo, que han creado, por ejemplo, sistemas computarizados.
Es cierto que las injusticias continúan desde que el hombre existe,
jornaleros que cobran poco ante insensatos patrones, también insensatos
jornaleros ante buenos patrones. Ser propietario no significa ser dueño de
sus colaboradores, pero como siempre, en todas las cosas, hay derechos y
obligaciones a respetar.
Hay grandes capitalistas pero también hay quienes han tenido que invertir
grandes capitales para poder continuar, un equilibrio bastante difícil de
apreciar para muchos.
¿Por dónde empieza y termina este círculo?, a una pregunta filosófica, una
respuesta muy gráfica y simple, todos necesitamos de todos, si alguien
consume, alguien produce y si se produce es para que alguien consuma.
Y.S.

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