Nuevo Obispo
Sucede al Monseñor Alberto Sanguinetti Montero, quien presentó su
renuncia al cumplir los 75 años de edad como lo establece el derecho
canónico. La ceremonia de asunción se llevó a cabo el pasado domingo 18
de abril, en una misa concelebrada por los obispos, con las medidas
sanitarias vigentes, en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe en
Canelones.
Días pasados, Monseñor Sanguinetti publicó una carta de despedida a la
comunidad canaria donde recuerda que fue hace 11 años, recién consagrado
obispo, cuando se sentara en la cátedra de Canelones, esta iglesia se llama
catedral, porque tiene la cátedra del obispo, desde donde reenseña, aseveró.
Monseñor Sanguinetti evocó a la multitud de personas de Canelones, que
hacen posible la vida en esta sociedad: los diferentes servicios, públicos y
privados, de la salud, de la casa y la alimentación, de la educación, el arte y
la técnica, los gobernantes y la policía, a los comunicadores y toda la
prensa. Todo ello ha sido parte de su caminar, con los que tuvo contacto y
trato fructuoso.
También mencionó el enorme esfuerzo llevado adelante en la educación
católica, la que cuidara con amor.
Resaltó ser un gran agradecido a Dios que le trajo al servicio de esta tierra
y de su gente. Canelones, rico en el campo, en sus pueblos y ciudades, en la
gente de diferentes tradiciones y trabajos, con formas culturales tan
variadas, que son su riqueza, reconoció Monseñor Sanguinetti.
El actual Obispo de Canelones Heriberto Bodeant, hasta el mes pasado fue
obispo de la Diócesis de Melo y en la Conferencia Episcopal del Uruguay
preside la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil y es Coordinador
Nacional de la Pastoral de Conjunto. Indicó que todo le es nuevo, si bien la
Diócesis de Canelones estaba vacante y los obispos todos son concientes de
que hay una posibilidad de cambio, le sorprendió la designación realizada
por el Papa Francisco, la que aceptó con gusto.
Bodeant nació en Young departamento de Río Negro, lo que le llevó a
pertenecer a la Diócesis de Salto, que abarca Artigas, Salto, Paysandú y Río
Negro, y como sacerdote estuvo en varios lugares de ésta. Fue el Papa
Juan Pablo II que le nombró obispo auxiliar de Salto. En el 2009 Benedicto
XVI lo trasladó a Melo donde estuvo casi doce años
La de Canelones es una diócesis organizada, que ha tenido tres obispos,
cuya comunidad de más de quinientas mil personas tendrá que ir
conociendo e intercambiando teniendo en cuenta, además, su gran
diversidad y movimiento. Este departamento tiene treinta y cinco
parroquias, capillas como también instituciones educativas católicas u
obras sociales, por lo tanto reafirmó que necesitará algo de tiempo para
organizarse.
El nuevo obispo de Canelones piensa ante la situación actual, que lleva
más de un año por la pandemia, el tipo de dificultades que trae , en la gente
que está viviendo las más graves, empezando por quienes están afectados
por la enfermedad. “A esta altura todos tenemos familiares, amigos,
conocidos que o están en cuarentena o que estuvieron, que están seriamente
enfermos o incluso que han fallecido. Pero además, está la gente que sufre
otro tipo de consecuencias que aun no se sabe hasta dónde pueden llegar
por dificultades económicas y sociales. Todos esperamos hacer el esfuerzo
para tratar de superar esto, pero también se sabe que se tendrá que seguir
luchando más adelante con otras cosas.”, indicó.
Además, es muy difícil no poder acompañar a las personas queridas en los
momentos dolorosos o simplemente extrañar las cosas que nos gusta hacer ,
las visitas familiares, amigos a los que nos gustaría encontrar, o los jóvenes
que tienen la necesidad de sociabilizar. También ahora se suma la
preocupación de ver enfermarse seriamente y morir a personas jóvenes, lo
que al principio parecía que el riesgo era para las personas mayores, es
cada vez más notorio que el riesgo lo estamos corriendo todos. No se trata
de bajonearse pero sí de poner la responsabilidad y de todo el ánimo y la
buena onda para cuidarse entre todos y poder salir adelante, aseveró
Monseñor Bodeant.
Y.S.

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