Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, Hay 32 maneras de escribir una historia, pero solo hay una trama: las cosas no son como parecen.
Ahora no me conoces

Razones de la pelota

Ahora no me conoces de la semana anterior

La visita de Alfredo Palacios! (Susana López)
Alfredo Gomez
Letras en camiseta

Corazón Dulce
En cualquier tarde de verano me es fácil recordar una tarde en la chacra de mi
amigo Humberto. Todo recuerdo tiene su punto central, su corazón. En este
caso es un corazón dulce. Entre los terrones resecos de la chacra bajo el sol del
mediodía, debajo de las hojas aún verdes, recogimos una sandía. Mi amigo
caminó con ella hasta el pozo, y allí la dejó caer. Después nos fuimos caminando
hasta la Picada de Alanís, una caminata de una hora más o menos; un ratito
cuando se tienen catorce años. Pasamos toda la tarde pescando bajo los sauces,
zambullendo desde las barrancas, y hablando de cómo mejorar y ya arreglar de
una buena vez al mundo. Al caer la tarde, caminamos de regreso, cansados y
felices. Llegando a las casas salieron a saludarnos y a hacernos fiestas los perros.
Humberto se encaminó hacia el pozo y yo con él. Allá en el fondo semioscuro,
entre los espejitos del agua y flotando como una tortuga, se veía la sandía. Con
la habilidad y la destreza de quién lo ha hecho muchas veces, mi amigo soltó el
balde que bajó al fondo dando campanazos con la cadena, y luego con una ágil
maniobra pescó a la sandía y la trajo desde aquel mundo fresco, umbrío y
silencioso hasta nuestro caluroso atardecer de enero. Allí mismo y contra el
brocal estrelló a la sandía: un pedazo para mí y otro para él. Sin pensar en nada,
y mucho menos en que eso fuera a ser el corazón de un relato más de cincuenta
años después, aplaqué mi sed en el rojo más dulce y fresco que he bebido.
Porque en mi vida después conocí lugares y escuché otros latidos. Muchas veces
tuve sed, aguas y vinos he bebido. Pero nada tan dulce como aquél corazón de
sandía, después de una tarde en el río. Tal vez así sería entonces, casi tan dulce
también el mío.

Stefano Duccini
Un prunus
De blanca e inmaculada flor perfecta,
oculto en un rincón de la memoria,
sigue enraizado el árbol de esta historia
que a la imaginación y al ser afecta.
El árbol de hojas rojas reverdece;

es rubí, fuego, púrpura o bermejo;
percibo mi pasado en su espejo
y el alma como el árbol se enflorece.
Su copa es el atardecer que vuelve
de un día intemporal y nunca ido,
crepúsculo frondoso y encendido
que vive en mi trasfondo y se resuelve.
Con mi postrer atardecer cumplido
caerá para siempre en el olvido.

La carpeta de Monsieur Fourcade

4

Borges se casó con Elsa (Astete). Lo hicieron cuando se iniciaba la primavera en
el año 67. Como no pude asistir al casamiento, al mes siguiente fui a saludarlos
al departamento, donde vivían, en la Avenida Belgrano. Recuerdo que tomamos
el té con Borges frente a la luminosa ventana mientras Elsa tocaba en el piano el
“nocturno op.9, nro.2” de Chopin. Al terminar ella desapareció en una de las
habitaciones y nosotros le dimos rienda suelta a la literatura. Él, en su
conversación, me adelantó que estaba escribiendo un ensayo sobre “Pierre
Menard, autor del Quijote.”  Tres años después, me encontré a Norah, visitando
el Museo del Prado. Pregunté por su hermano y su esposa. Me contestó que ya
no había matrimonio. Jorge le había dicho que ella era “oscura y posesiva”. Y no
quise preguntar más.

Marcia Salvioli
Julieta y el Narrador

A Enrique Ilera

Hasta los pozos de calles empedradas
reconocían nuestras sombras fundidas,
como si yo fuera colofón de
tus memorias u olvidos..
Te seguía en cada tropiezo
y desdoblamiento de tus relatos.
El ensueño del río, su alma arrebolada,
así como las cometas
comenzaban y terminaban con
nuestro andar de agua.
Nos evitaban
en las reuniones más selectas
de patios angostos del pueblo,
y nos gustaba vernos en
el espejo de nubes
malditos como albatros.

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Joseph Conrad
En julio de 1922 hicieron crisis los problemas de Borys: acorralado por los
acreedores se vio obligado a pedir ayuda a su padre. El asunto derivó en la
Justicia, intervinieron abogados y los gastos aumentaron considerablemente,
surgieron grandes complicaciones y Conrad tuvo que consultar con su agente
literario y con su amigo Curle (ambos editaban sus trabajos). La situación era
difícil y tensa: el escritor tuvo que hacer frecuentes viajes de ida y vuelta a la
ciudad y quedó agotado. Finalmente el asunto le costó a J.C. unos cientos de
libras pero quedó con el presentimiento que su hijo iba a seguir endeudándose
lo que se confirmó tiempo después: a la muerte de Conrad, la deuda de Borys
alcanzaba la cifra de 3.000 libras.
En compensación su fama se extendía en el mundo. El artista norteamericano
Walter Tittle realizó un retrato litográfico que el escritor consideró “muy
conseguido”.
Hizo amistad con el novelista norteamericano Hamlin Garland quién lo visitó en
Oswalds con una recomendación de Sir James Barrie. Garland describió a
Conrad de la siguiente manera: “Su cuerpo irradia energía. Mueve los brazos sin
parar. Su rostro estaba iluminado por el saludo y las palabras salían confusas y
atropelladas. Era completamente continental. Gesticulaba como un judío
polaco, aunque su acento era típicamente londinense”. En agosto de 1922 J.C.
redactó y firmó su testamento: nombró como sus albaceas a Richard Curle (su
amigo más cercano en ese momento) y a Sir Ralph Wedgwood. Legó sus bienes
a su esposa y sus hijos y a las hermanas Sagorska les dejó los derechos de autor
por sus obras publicadas en Polonia. En ese mismo mes se produjeron
acontecimientos muy tristes como elfallecimiento de dos personas muy
apreciadas aunque no figuraran en el círculo de sus amigos íntimos: el 14 murió
Lord Northcliffe, periodista y escritor irlandés, propietario de periódicos. Pero
lo que más le afectó fue la muerte de W.H. Hudson, pocos días después. Fue el
autor de La tierra púrpurea, cuya acción transcurre en la Banda Oriental, y de
Mansiones verdes. Era escritor y naturalista (dedicado especialmente a la
ornitología), Conrad que lo admiraba dijo a Garnett que con la desaparición de
Hudson “algo único se ha ido de este mundo”. Nuestro escritor integró un
comité junto a Cunninghame Graham y otros para la construcción de un
monumento en Hyde Park. Al final se decidieron por una estatua de “Rima”, la
heroína de su novela Mansiones verdes, realizada por el escultor Jacob Epstein.
Experiencias teatrales
Sobre octubre de 1922 Conrad recibió una oferta del actor y productor teatral
norteamericano J. Harry Benrimo para la adaptación como obra teatral de El
agente secreto. Se reunieron en Oswalds donde el escritor quiso conocer la
compañía. En el elenco figuraba la célebre actriz Miriam Lewis quien haría el
papel de Winnie. Luego se firmó el contrato por el cual Conrad percibiría entre
el 5 y el 10% de las ganancias brutas sobre las representaciones en Londres,

Nueva York y las provincias; J. C. se mostró muy activo en la preparación de la
obra: asistió a algunos ensayos e hizo cortes y cambios. Tal vez haya intervenido
demasiado en la puesta en escena a pesar de su poca experiencia teatral.
Se estrenó el 2 de noviembre de 1922 en el Teatro Ambassadors. J.C. no pudo
asistir debido a un ataque de tos y debió quedarse en el hotel donde fue
entrevistado por el Teacher’s World. Pero concurrió Jessie quién pasó “la noche
de su vida” en su palco, según lo cuenta en carta a Agnes Sanderson. La
acompañó su hijo Borys quien luego la pasó a buscar sobre el final. La elite
literaria aplaudió la obra y posteriormente su casa se llenó de amigos y
conocidos. Las reseñas de los críticos, en cambio, si bien fueron respetuosas y
correctas, no revelaron entusiasmo. Se la tildó de estática en exceso y la
encontraron cargada con “volúmenes y volúmenes de conversación”. Fue
retirada de cartel a las once representaciones y significó un fracaso financiero
para Conrad.

Daniel Da Rosa
miré mi sombra y no me reconocí
la prominencia en la espalda pensé
quizás la altura desmesurada
o el hecho de no verme las manos
no huelo a mi mismo
otro perfume
envuelve a esa sombra
que me resulta desconocida
el perfil
es leve como una nube o como una niebla
que se disipa
ni siquiera escucho su voz
para saber si esa sombra que nace de mis pies
es la mía
se alarga en cada esquina bajo los faroles de luz
y empequeñece entre los árboles
su andar es el mío
pero va delante o se cruza a un costado
o se esconde detrás
no oye  cuando lo llamo
sin embargo siento sus pasos
como los míos
y juntos
eso sí
miramos la misma luna
que ahora nos alumbra
el camino.

Ilustraron: Rodolfo Torres, Carlos Alonso, Castelao, s/d ,
Gentileza de Cachuso y Fernando Botero.

Lo que no puede resistir la sátira es falso.PS

Compartir