Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

 

Ante la muerte de Diego Maradona, recordamos las palabras de Alejandro Dolina, en el programa radial «La venganza será terrible». el día que Maradona  fue suspendido del Mundial de EE.UU, 1994.-

Maradó

Agradezco a mis fuentes de inspiración: Federico Fellini, Martin Scorsese y Diego Armando Maradona.( Paolo Sorrentino en la entrega de los Oscar)
 
«No se lo que hizo Maradona con su vida, se lo que hizo con la mia»( Roberto Fontanarrosa)

(…)En general el tiempo siempre vence, la muerte prevalece, la mezquindad triunfa y las sencillas virtudes más tarde o más temprano, suelen quedar sepultadas. Recuerdo a Rubén Darío en esa línea, vencedor de la muerte.Vencedor del tiempo, vencedor de la maledicencia, vencedor de su propia equivocación: Volvía Diego Maradona.Y al margen de que a uno lo ponga contento que un tipo con la 10 celeste y blanca juegue bien… había más… había más… Había ese deportista que había sido vapuleado por una sociedad hipócrita que lo señaló como un delincuente, siendo que en ese mismo círculo que lo señalaba a él como delincuente, se verificaban las mismas costumbres que le enrostraban a Diego, con una hipocresía impresionante. Ciertos periodistas, pensadores y mediocres en general, atacaron a Diego. Se pusieron paternalistas con Diego. Empezaron a darle consejos a Diego. Empezaron a negar o a lamentarse de que Diego fuera ejemplo para muchos jóvenes. Al respecto debería decir yo lo siguiente, lo he dicho otra veces pero vale decirlo ahora: Yo creo que sí es ejemplo. Es ejemplo en un país, en un mundo, pero particularmente en un país donde la aspiración de las personas es obtener un 4 para poder seguir adelante, es decir, entregar lo menos posible para recibir lo más posible. Negar la excelencia como si fuera obsesiva y demencial, para conformarse con la mediocridad que permite zafar – Como suele decirse-. En un mundo que aspira un 4, Diego era el 10. Y en ese sentido es, sigue siendo un ejemplo para los chicos. Paradigma, porque les muestra que a veces es deseable ser el mejor de todos. Y aunque no se consiga serlo, que vale la pena la lucha para ver si uno lo logra.

Ningún deportista del mundo, ningún deportista del mundo fue tan perseguido.

Jugador de fútbol suspendido por un año en el ápice mismo de su carrera.Siendo el mejor de todos. Una carrera que como todos sabemos -lugar común mediante, tópico mediante: es breve-

Tomó la posición más incómoda. Se situó en el centro mismo de la incomodidad. Muy fácil hubiera sido para él, hacer como digamos como Pelé.Hacerse amigo de los poderosos, hacerse patrocinar, marchar por las avenidas centrales de los «mangiaorejas» y no lo hizo así.No le perdonaron muchos su origen. Yo he escuchado muchas veces, durante el año de su suspensión: «¿Y qué querés con ese negrito villero?». No le perdonaron su origen. Tampoco se lo perdonaron a José María Gatica, a otros que desde muy, muy abajo llegaron muy arriba por su talento y sin ser alcahuetes de nadie. Ningún deportista padeció trauma semejante.

Alcanzó a volver. Fue atacado. Fue empujado hacia la equivocación incluso.

¿Pero por qué?. Los medios de comunicación, el mundo éste en que vivimos, suele obligar a los luchadores quijotescos y solitarios a jugar el juego que todos juegan. Y entonces… ¿Cuál es el juego que todos juegan?. El juego de los medios de comunicación, el juego del retruque, el juego de saber que Sócrates no escribió ningún libro, el juego de no comerse las ‘eses’. El juego de una cierta elegancia, y a ese juego, juegan muy bien quienes el mundo manejan. Y Diego jugó a ese juego, claro, al otro, al juego de él era muy difícil ganarle.No he visto ningún periodista que lo desafiara a hacer «jueguito», pero sí he visto periodistas que lo desafiaban a hablar, a una polémica. -Ah! -Gran cosa!… Pedirle a Diego que sea polemista, que sea culto. Bueno, por Dios… No encontraron la complacencia, el beneplácito y la complicidad que suelen tener a veces los que llegan desde muy abajo y que encuentran cómoda, la alianza con los poderosos. No la hallaron en Diego.

Bueno, a todo esto se sobrepuso Diego. -Y casi este regreso, era un milagro!

Era un milagro. El milagro del héroe que vuelve del infierno. Teseo rescatado de los infiernos. El novio que espera a la princesa que está triste, de Rubén… pero bueno, y entonces sucede este episodio absurdo. Por eso mi tristeza y por eso el desengaño.

No la tristeza del hincha de fútbol que dice: -Uh! -Nos sacaron el mejor!

Esa sería una tristeza chiquita. No. La tristeza de un criollo que vió como un chico de Fiorito -El mejor jugador que yo haya visto nunca- pudo sobreponerse a los miserables y ver como -para alegría de tales miserables que seguramente ahora estarán llenandose la boca con reconvenciones legalistas y cosas por el estilo- como para alegría de ellos, ese sueño se frustró.

Yo estoy muy triste. He llorado, no por el fútbol -yo hace desde los 11 años que no lloro por el fútbol- lloro por una estética y por una ética que vuelve a ser pisoteada por los mediocres. Decía yo en canal 13 -quizá exagerando mis sentimientos- pero algo que es verdadero: Más deseo tenía yo de ver campeón a Diego que de ver campeón a Argentina. Y otra cosa dije también: A la hora de poner las manos sobre el fuego, el buen amigo habrá de ponerlas aun cuando sepa que es posible quemarse. Porque las manos en el fuego con la seguridad de no sufrir quemaduras las pone cualquiera. El verdadero amigo es el que pone las manos en el fuego aun cuando sabe que se va a quemar. Y si Dieguito Maradona que tantas alegrías nos ha dado, no merece que hoy nosotros pongamos las manos en el fuego aun cuando las saquemos quemadas, pues entonces yo no entiendo nada, ni de fobal, ni tampoco -lo que es peor- de la vida…

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