Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, lo último que uno sabe es por dónde empezar.
Ahora no me conoces
¿en dónde estamos?

Ahora no me conoces edición anterior
Rodríguez Vázquez ( José Pepe Torres)
Historias de Música.
94.7 FM. Emisora del Sur -Lunes a Viernes de 12 a 13 horas.
Conduce: Luis Fernando Iglesias
Omar Adi
Reflexiones en tiempos de coronavirus
¡FUE ESE NIÑO, SEÑORITA!
Hoy me desvelan Rossana, los buchones y Emilio Salgari.
Cuando uno era joven, cada vez hace más tiempo, atendía de noche el bar
Rossana de Adi y Lalinde ubicado en la intersección de Rivera y Colombes en
la ciudad de Santa Lucía, ex San Juan Bautista, no sé si la ubican.
Y en las madrugadas de beberaje algunos personajes nocturnos me
enseñaron que se podía tener un amigo chorro, uno borracho u otro de
particulares predilecciones sexuales (se hablaba de otra manera en aquellas
épocas), pero nunca un amigo batilana.
El concepto me marcó a fuego y desde entonces coloqué en la cima de mi
desprecio a quien acusa a otro despojándose de toda responsabilidad,
desprotege al amigo o revela o inventa lo vergonzante.
El alcahuete, el soplón, el correveidile o en lenguaje de boliche el batidor,
batilana, chivato, bate fruta, estómago resfriado, delator, soplón o, ya en
tiempos de la Antigua Atenas, sicofante (¡no seas sicofante, Afredo!) es uno de
los peores bichos de la fauna humana.
Hay varios tipos de soplón. Algunos se transforman en un ventarrón que todo
lo sopla aunque el rancho de paja esté lleno de velas.
Están quienes hablan en la pulpería (el Rossana por ejemplo) y callan en la
comisaria.
Están los otros, que callan en la pulpería y hablan en la comisaría (porque no
hay policía sin buchón, como es norma).
Están los que denuncian calumniando.
Están los que limpian su culpa acusando a otro.
Están los que inventan y ensucian, que es gratis.
En todo caso, el buchón siempre es un traidor. Suelen morder la mano,
incluso cuando es fraterna.
Se me olvidaba Salgari.
Hace una semana, el 21 de agosto, alguien recordaba el natalicio de Emilio
Salgari e inevitablemente ocuparon la mesa de mi cabeza Sandokan, Cartago en
Llamas, El corsario negro, que son los títulos que recuerdo de aquella colección
de tapa amarilla que aquel niño tímido leía para ser héroe por un rato.
En las obras de pura acción, don Emilio envolvía a sus héroes con los valores
eternos que también elevaba Superman: justicia, lealtad, honor, lo que hace a
la dignidad humana, aunque el hombre de acero no fuera muy humano que
digamos.
Aquel niño que uno fue, creía que así debía ser el verdadero mundo.
Las tapas de aquella colección de libros eran amarillas igual que es ahora ese
asunto del honor, que amarillea en algún estante por falta de uso.
Y el niño tímido llora bajito, agobiado por los efectos de tantos corsarios
buchones y seguramente de alguna escondida maldita kryptonita
Rosina More
Abrí la puerta del pasillo. Salida para que salgas de mi alma, dejé sin horarios
la cata de besos, y las botellas de vino desplomadas. Todo conducido. No se
arrepienten cerraduras, bocas, pasillos y copa. El tatuaje de mis dedos cayó de
mis costados hacia el vacío del recuerdo futuro. Sin nostalgias llegará el otoño.
Jose Carlos Ferraro & Santiago Pereira
Una tarde de verano de 2007, en Rabo Corto, Pepe Ferraro y Santi Pereira
decidieron entrevistar a Enrique Ilera (1935 – 2017), el reportaje quedó
guardado en una cinta (cassette) hasta que Mathías Iguiniz decidió transcribir
este momento histórico y generosamente fue cedido para que hoy se publicara.
Agradecimiento a los tres por poner la casa en orden.
Por ser extensa la entrevista, es inevitable que sea publicada en tres partes.
Enrique Ilera (I)
¿Dónde y cuándo nació?
Yo nací en Montevideo, en el año 1935, en el Cordón. Ahí viví, yo aprendí a
caminar en La Plaza de los Bomberos y hasta que me casé a los 28 años viví ahí.
Toda mi vida ahí.
¿Es hijo único?
Tengo una hermana que es 10 años mayor.
¿Cómo empezó a escribir?
Mirá, toda la vida escribí. Cuando yo era chico –en aquella época se llamaban
las composiciones, las redacciones- desde ahí en varias escuelas. Era un gurí de
8 años.
¿Qué libros le interesaban de chico a usted?
Lo que hago yo es literatura fantástica. Yo no tengo influencia de ningún
escritor, trato de mantener mi estilo propio.
¿Ha leído algún autor que lo ha impactado?
Horacio Quiroga y Edgar Alan Poe. Si hay algún parecido es puramente
coincidencia. Trato de seguir mi estilo.
¿Después de que se fue a los 28 años?
Me fui a vivir atrás del Hospital de Clínicas, por la Facultad de Odontología.
Cuando me casé. Ahí estuve hasta el año…desde el 63 al 85, que me fui a vivir al
centro. A un apartamento en 18 de Julio, frente a la Plaza del Entrevero. Ahí
estuve casado y ahí falleció una esposa. Fue en el año 90 o 91, no recuerdo bien.
Al año y pico de la publicación del libro.
¿En la juventud estudió letras?
No. Hice hasta segundo año de Facultad de Medicina, iba a ser psiquiatra. Me
fascina la psiquiatría, y se trasluce en los cuentos. La psiquiatría me apasiona, lo
onírico.
¿Y cómo fue la juventud?
Mi juventud fue terriblemente triste, porque trabajé en un trabajo que odiaba,
en el comercio, y francamente fue odioso. Fue espantoso, odio el comercio. Odio
el comercio, el dinero, los intereses creados.
¿Se podría tildar como un romántico?
No, en absoluto.
¿Y si cabe una corriente? ¿Cuál sería?
El surrealismo.
¿A usted le tocó vivir una época que era mucho más de
vanguardias, de revoluciones, de estar constantemente cambiando?
La diferencia es que en aquella época había más creatividad en todo. Desde todo
punto de vista. La década del 60 y 70 fue explosiva. En cuestiones literarias,
musicales, pictóricas. Fue una revolución cultural.
¿Y a qué atribuye este estancamiento?
No tengo la menor idea. Los tiempos cambian, imagínate que ahora un chiquilín
cualquiera tiene una computadora en su casa. En mi época hablar de
computadora era hablar de futurismo. De Ray Bradbury. Es distinto, y yo soy un
viejo, tengo 71 años. Pero la eclosión cultural de la década del 60 y el 70 fue
grandiosa.
¿Y hay esperanza de que pueda haber de vuelta una movida
cultural así?
Yo no lo voy a ver. Lo que pasa es que está muy mecanizado todo. Ahora que
está tan de moda la palabra globalización, existiendo esa mecánica, por decirlo
de alguna forma, se ve retraída la producción literaria, pictórica, artística en
general.
¿Y durante la dictadura tuvo militancia?
Tuve militancia clandestina. Yo me acuerdo que no dormía en toda la noche,
sentía que paraba un coche y decía: “bueno vieja, la quedé”. Y de repente
arrancaba el coche. Así pasé durante todo esos años.
¿Estuvo exiliado?
Exiliado no. Estuve viviendo en Argentina. Estuve trabajando mucho como
músico por todo el mundo. Estados Unidos, Francia, España, Brasil. A Brasil lo
conozco más que el Uruguay. Me conozco 75 ciudades de Brasil, tocando el
contrabajo. No de turista, trabajando. Siempre hice jazz. Jazz puro.
¿Estos cuentos tienen una base verídica?
No, totalmente imaginativo.
Porque he notado que recurre mucho a lo fantástico, pero a lo
fantástico autóctono. Toma cosas de acá. Por ejemplo, “Para Elisa”
toma personajes de Treinta y Tres ¿De Fray Bentos era…?
No me acuerdo… Son del Interior. “Para Elisa” es el del piano. Ese puede ser
ubicado en cualquier ciudad del mundo. ¿Es de un retardado mental? En
cualquier país, en cualquier ciudad. Porque pianistas y enfermos hay en todas
partes del mundo.
¿Y cómo fue el tema de la edición en Banda Oriental?
Porque gané un concurso. Gané un concurso de Marcha en aquella época, o
Brecha, no me acuerdo, que el primer premio era la edición del libro. Porque era
un concurso de libro de cuentos. Entonces yo mandé ese y lo gané, y me
editaron el libro.
¿Y tiene cosas inéditas, además?
Tengo como veinte cuadernos escritos a máquina.
¿Tiene esperanzas de sacarlo?
No, es predictivo. En este país es predictivo. En otras partes del mundo tú
escribís un cuento y se lo das al editor. Si al editor le interesa, te lo edita y te
cobra un porcentaje. Todo lo demás es para vos. Acá no. Acá nunca fue así.
¿Cómo llegó a Santa Lucía?
Avatares de la vida. Llegué a Santa Lucía porque yo estuve internado, y la señora
que me cuidaba era de acá. Vivía en un edificio de tres pisos, que está enfrente a
la comisaría. Entonces me vine con ella. Yo era viudo.
¿Y cómo fue el cambio?
Horrible, me costó muchísimo. A mí me gusta pasar inadvertido, yo no me fijo
en nadie y todo el mundo se fija en mí. Ahora estoy acostumbrado. Inclusive, no
me iría de vuelta a Montevideo. Porque yo tengo mi círculo acá, voy a los talleres
literarios de Marcelo Pareja.
¿Cómo ve la movida literaria actualmente?
Si los hay, no los conozco. Debe haber, porque el Uruguay siempre fue un país
muy prolífico en escritores. Hay buenos escritores. Inclusive, a los talleres
literarios que voy yo, ahí va gente que escribe muy bien.
¿Y de aquella época?
Levrero. Yo empecé un trabajo junto con (Mario), Levrero que no lo terminamos
porque murió. Una novela. Pero ellos tenían pila de trabajo hecho. Mucho más
que yo.
Ahora hay como un “boom” de Levrero…
Sí, viste. No sé por qué. Él tiene cosas buenas y malas, según mi modesta
opinión. Mejor dicho: cosas que me gustan y cosas que no me gustan. Son más
las que me gustan que las que no me gustan. El verdadero apellido de él no es
Levrero, es Varlotta. Él no sé por qué diablo se lo cambió, porque no le gustaría
cómo sonaba, fonéticamente. Es Mario Varlotta. Levrero es el segundo apellido.
¿Eran amigos ustedes dos?
Sí, éramos amigos. Trabajábamos juntos.
¿Y la novela?
Una novela de los distintos enfoques de los miembros de una familia, enfoques
sobre la vida, sobre el sexo, sobre el arte. Los diferentes enfoques de cada uno.
Un poco como los 7 Samuráis, que es la historia según cómo la ven esos 7
guerreros japoneses.
¿Cómo construye los cuentos?
Un cuento es como una frase, tiene que tener sujeto, verbo y predicado. Un
cuento es una frase larga. Por ejemplo: “El hombre vestido de azul”. Es
simplemente así, lo que pasa es que en un cuento eso se expande. Darle forma a
situaciones esperpénticas. Porque el estilo que yo hago se llama espertentismo.
Apunta a lo onírico, a lo irónico. La ironía siempre es hiriente. No se puede
hacer ironía sin herir alguna susceptibilidad. (continuará)
Félix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Joseph Conrad
En el año 1904 Conrad se concentró en Nostromo dedicándole treinta y
seis horas corridas, quedando cerca de su finalización. Sobre fines de agosto
viajó con su familia a la casa de Hope en Stanford-le-Hope llevándose el
manuscrito. Fue en la casa de su amigo que finalizó su obra el 30 de agosto
sobre las tres de la madrugada. El proceso creativo duró casi dos años y el
escritor lo describió de esta manera en la Nota del autor de su edición de 1917:
“Mi viaje al continente de Latinoamérica, famoso por su hospitalidad, duró
alrededor de dos años. A mi regreso descubrí (para hablar en cierto modo al
estilo del capitán Gulliver) que mi familia se encontraba bien, que mi esposa
estaba muy contenta de saber que todo el lío había terminado, y que nuestro
pequeño hijo había crecido considerablemente durante mi ausencia”. 1
Después de este trabajo agotador Conrad comenzó a planear unas
vacaciones: entre los posibles lugares estaban Marruecos (quizás aconsejado por
Cunninghame Graham a quién agradaba dicho país) y la isla de Capri en Italia.
Mientras seguía escribiendo: planeaba más artículos para su libro El espejo del
mar; en octubre realizó una reseña en elogio de la obra de Henry James que fue
publicada por la revista North American Review que le pagó veinticinco libras
por el trabajo.
En lugar de sus vacaciones en el exterior los Conrad decidieron pasear
por Londres para salir un poco del ambiente campestre donde vivían; además
les serviría para que Jessie se tratara de sus problemas de rodillas para lo que
fue ingresada en una clínica privada, y él pudiera estar en dicha ciudad cuando
se publicara Nostromo.
El nuevo libro no fue muy bien recibido por el público ni por parte de la
crítica; algunos críticos que habían sido muy elogiosos con obras anteriores
ahora no se mostraron tan entusiasmados: uno de ellos, E. V. Lucas, escribió en
el Times Literary Supplement: “Aunque carente de forma, Nostromo es una
obra sin forma escrita por un hombre de genio, sólo ocasionalmente
satisfactoria, pero en ningún momento mediocre” y opinó que “muchos lectores
nunca lograrán sobrevivir a ella”. En cambio fue muy elogiada por Garnett y por
el pintor William Rottenstein. La novela no se vendió bien y también hubo
problemas de impresión; Conrad manifestó que su novela había resultado: “la
menos afortunada de mis ensoñaciones: mal impresa, oscuramente publicada y
en general olvidada”.
Daniel Da Rosa
nada qué hacer
la tarde se ha ocultado detrás de aquellos árboles
el sol maravilloso se ha ido detrás de ella
el dolor se ha vuelto un fantasma con agujeros
y la sonrisa una estela en el cielo
podría sin embargo
creer que la noche es tan bella
como una mujer amada
que la poesía es posible escribirla en el aire
que el olvido es un búho en el campanario
podría
pero no
la oscuridad sin estrellas es el olvido
y la poesía no se sostiene pues el viento
la empuja a otros corazones
y la noche es noche
nada qué hacer entonces.-
Ilutraciones Rodolfo Torres, s/d
No recuerdo decir o pensar tantas veces "no sé", "quién sabe", "no tengo ni
idea", como últimamente. Nadie sabe nada. La incertidumbre se posó sobre
cada fragmento de realidad, y ahora las preguntas que hacemos para sentirnos
seguros, antes facilísimas, se quedan en aire sin respuesta, como humo de
tabaco…JT

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