Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, se somete habitualmente a circunstancias imprevistas, a juegos secretos, a caprichos fulminantes.
Ahora no me conoces

vecinos

Ahora no me conoces de la semana anterior
Nelson Tegaldo y el Cuca García (Susana Lopez)

Historias de Música
De lunes a viernes, de 12.00 a 13.00 horas.

Conducción de Luis Fernando Iglesias. Emisora del Sur 94.7 Fm.-

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Joseph Conrad

El largo proceso de gestación de su novela Salvamento
Comenzó a escribirla en 1896, en su luna de miel, e inicialmente la había
llamado Salvador. Seguía los pasos de sus dos primeras obras, La locura de
Almáyer y Un vagabundo de las islas, formando una trilogía protagonizada por
el capitán Tom Lingard en el escenario de los mares del sur de Asia. Pero al cabo
de escribir unas cuantas páginas, que fueron muy elogiadas por Garnett, el
proyecto se empantanó; la mente de Conrad quedó bloqueada para este tema y
tuvo que abandonarlo para encarar otros proyectos más viables, no sin antes
pasar por momentos de angustia que lo llevaron a hablar de suicidarse en una
carta a Garnett, (aunque no estaría realmente tan desesperado como para llegar
a hacerlo) o, en otra ocasión, a buscar contactos para volver a su vida anterior de
marinero.
Finalmente se decidió a cambiar de tema para centrarse en El negro del
Narciso y luego en Lord Jim, que fueron muy exitosos. No obstante Conrad no
perdió del todo las esperanzas de reiniciarlo algún día y esto ocurrió recién en
1918 cuando recomenzó con la escritura de Salvamento que se publicó por
entregas en febrero de 1919 y como libro en 1920. Conrad explicó la razón de las
dificultades de este proceso creativo:
“Veía la acción con suficiente nitidez. Lo que había perdido, al menos de
momento, era la fórmula de expresión apropiada, la única forma que se
adaptase a la idea […] Sospecho que, en realidad, el problema radicaba en las
dudas que me inspiraba mi prosa narrativa, las dudas sobre la idoneidad, sobre
su poder de dominar tanto los colores como los matices”. 1
En 1899 comenzó a escribir el que sería uno de sus mejores libros, El
corazón de las tinieblas. Esta obra se publicó por entregas y su editor,
Blackwood, le envió un comentario elogioso de su trabajo: “Es un poderoso

retrato pintado con palabras, capaz de mantener en todo momento una extraña
sensación de pesadilla africana”
Sobre fines de la década de los 1890, conoció al joven escritor Ford
Herman Hueffer (1873-1939) quien después de la Primera Guerra Mundial
cambiaría su apellido Hueffer, de origen alemán, y adoptaría el nombre artístico
de Ford Madox Ford. La nueva amistad fue beneficiosa para Conrad en el
sentido de que el joven Hueffer le dio aliento e inspiración, acicateándolo para
que escribiera, y ayudando al ex marino a superar sus frecuentes ciclos
depresivos. También mejoró los contactos de Conrad en el mundo artístico y
literario. Hueffer subalquiló a su amigo una casa de campo construida en el siglo
XVIII en Canterbury (The Pent). Esta fue la tercera mudanza de Conrad desde
que se casó.
Además de escritor, Hueffer fundó dos revistas literarias de gran
importancia: la primera de ellas, The English Revieuw, que se publicó entre
1908 y 1910, donde colaboraron los grandes escritores de la época: D.H.
Lawrence, Thomas Hardy, H. G. Wells, Joseph Conrad y Henry James, entre
otros y ayudó a varios autores que se iniciaban a consolidar su carrera. En la
otra, Trasatlantic Revieuw, que apareció en 1924, escribieron Gertrude Stein,
Ezra Pound, E. Hemingway, T.S. Elliot, James Joyce, John Dos Passos y Paul
Valéry.
Se considera que su obra maestra como escritor fue la novela El buen
soldado, donde desarrollaría su talento narrativo. Publicó más de setenta y
cinco volúmenes entre novela, poesía, crítica literaria, etc. Fue nieto del pintor
prerrafaelista, Ford Madox Brown, en cuya casa se reunían frecuentemente
literatos y pintores (Hueffer escribió su biografía); el joven siempre se movió en
un ambiente familiar muy afecto a las artes y las letras. 2
Publicó tres obras en colaboración con Conrad, aunque en su mayor parte
fueron escritas por Hueffer con alguna breve aparición de Conrad. Sus títulos
fueron: Los herederos (1901), Romance (1903) y La naturaleza de un crimen
(1909).
Hueffer colaboró con su amigo tomando al dictado trabajos de Conrad que
versaban sobre el ambiente marinero, que este último escribía en abundancia en
momentos de apuros económicos.

Omar Adi
Reflexiones en tiempos de Coronavirus
El susurro del terciopelo
Lamento que esta nota tenga retrogusto amargo. La forma de endulzarla es
examinarnos mejor.
La situación es la siguiente: además del COVID 19, sabemos que muchos
otros virus circulan entre nosotros y para esos sí que no hay vacuna que los
elimine ni medicamento que los combata, excepto el autoanálisis.
Los hisopados han detectado el virus del terciopelo, que padecen quienes
quieren sentarse en el aterciopelado sillón de un Consejo, el virus de la foto

junto al poderoso que nunca capta los empujones para quedar en primera fila,
el virus del cayado para sentirnos pastores de rebaños, el del bastón de mando
para dar órdenes al subalterno, el de la página en la prensa (en lo posible no en
policiales, por favor).
El sudcoreano Byung Hang, al cual recurrimos cada tanto, nos advierte
palabras más palabras menos, que vivimos en una sociedad donde el individuo
es proyectado por todas partes, en constantes proyecciones de sí mismo.
Queremos ser alguien, a toda costa. Nos obligan a querer ser alguien.
La pregunta es si es la sociedad que nos proyecta, que nos hace ser parte de
esa tóxica locura o también somos nosotros que no podemos escapar porque
no ponemos el suficiente empeño que debe comenzar siempre en el “darnos
cuenta” de que somos lo que somos y de que sólo el esfuerzo y el estudio
puede darnos herramientas para edificar y que la vida no es lo que queremos
que sea sino lo que es, imperfecta e injusta.
En estos tiempos cada vez hay menos lugar y tiempo para detenerse y mirar al
otro y mirarnos a nosotros en relación a ese otro y entonces no hay lugar para
preguntarnos qué lugar ocupamos, hacia dónde vamos, cómo vamos, para qué
vamos y -la sellada- por qué vamos.
La vida examinada es la única que merece ser vivida sentenciaba Sócrates, que
algo sabía de examinar las cosas.
El tiempo no alcanza, los resultados deben ser inmediatos. Es el flagelo de la
inmediatez que nos azota. Todo debe ser ahora, ya mismo, ir por el atajo sin
conocer ni el camino ni el destino.
Y esa inmediatez y ese éxito anhelado nos obligan a creer que tenemos
derecho a acceder inmediatamente a alguna gerencia de descubridores de
atajos.
El centro del asunto es que no estamos preparados para el fracaso.
El principio de Peter nos dice que ascendemos hasta nuestro punto de
incompetencia. Y no lo sabemos.
Los sabios árabes nos advertían que el hombre no puede saltar fuera de su
sombra.
No sabemos lo que nos pasa y es eso lo que nos pasa decía Ortega y Gasset.
En realidad es un tema de supervivencia.
Cuando no podemos conseguir el sillón de terciopelo, cuando caemos en la
cuenta que el cayado y el bastón sólo pueden ser de papel maché, no sabemos
cómo afrontarlo y nos hundimos no precisamente en el sillón.
Hay gritos desgarradores que hacen temblar las paredes interiores
de muchos.
Los viejos indios cherokees saben que casi siempre esos gritos son el resultado
de susurros no escuchados.
Les advertí del retrogusto amargo, ¿no?

Rosina More
Tus piernas me miran
Inspiran las manos que por no
Recorrerlas aprietan girasoles húmedos
Tus piernas cabalgan la cintura de mi imaginación
Y vamos subiendo lunas hasta tocar el cielo con los labios
Hueles a ventana abierta en la mañana
Busco en tu pupila
La invitación secreta
A treparnos como enredaderas
Solo encuentro las agujas del reloj
Recordando que ya pasó la hora.

 

Eduardo Mollo

Las canciones de George Harrison en la discografía de The

Beatles ( 2 )

Ofrecemos en la entrega de hoy, un ejemplo de lo publicado en el número
anterior. Una de las primeras canciones de Harrison que fueron un verdadero
éxito. Publicamos original y traducción. (Ejercicio sugerido: escuchar la canción
mientras la lee.)

I Need You

( Letra y música: George Harrison, 1965 )
You don't realize how much I need you
Love you all the time never leave you
Please come on back to me
I'm lonely as can be I need you
Said you had a thing or two to tell me
How was I to know you would upset me
I didn't realize As I looked in your eyes
You told me Oh, yes, you told me
You don't want my lovin' anymore
That's when it hurt me
And feeling like this
I just can't go on anymore
Please remember how I feel about you
I could never really live without you
So, come on back and see
Just what you mean to me, I need you
But when you told me
You don't want my lovin' anymore
That's when it hurt me
And feeling like this
I just can't go on anymore
Please remember how I feel about you
I could never really live without you
So, come on back and see
Just what you mean to me
I need you, I need you, I need you.-

Te necesito

Tú no te das cuenta de lo mucho que te necesito
Te amo todo el tiempo, nunca te dejo

Por favor, vuelve a mí,
Estoy completamente solo, te necesito
Dijiste que tenías una o dos cosas que decirme
¿ Cómo iba a saber que me ibas a hacer enojar ?
No me dí cuenta cuando te miré a los ojos
Tú me dijiste, oh, sí, tú me dijiste
Que tú ya no quieres, mi amor
Ahí fue cuando me dolió y sintiéndome así
Simplemente ya no puedo seguir adelante
Por favor recuerda lo que siento por ti
Realmente nunca podría vivir sin ti
Así que vuelve y observa
Lo que significas para mí, te necesito
Pero cuando me dijiste
Que tú ya no quieres mi amor
Ahí fue cuando me dolió
Simplemente ya no puedo seguir
Por favor, recuerda lo que siento por ti
Realmente nunca podría vivir sin ti
Así que vuelve y observa
Lo que significas para mí
Te necesito, te necesito, te necesito.

Daniel Da Rosa

al atardecer miro el cielo prenderse fuego 
el mar apaga el incendio
con estrellas vivas
la arena de la playa
me come los pies
pero ella me arrastra
enredándome con sus cabellos
a la orilla
a la otra orilla
donde miro la tumba de Carol y Julio
en Montmartre
mientras el atardecer parisino
deja caer su nieve
sobre mis hombros

lustraron: Leonardo Pérez Laborde, s/d, Sempé.

Los rituales son diques de contención para el fluir continuo y anodino del
tiempo.CSL

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