Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
La Madriguera presenta
John Cheever
“Hemos sido olvidados. Todo lo que sabemos no sirve para nada. Pero cuando pienso en mis tiempos por los caminos y en lo que hacía y en lo que ha sido de mí, rara vez pienso en todo eso con amargura. Hemos sido olvidados como viejas guías telefónicas o como almanaques viejos o como la luz de gas o esas grandes casas amarillas con cornisas y cúpulas que construían antes. Eso es todo.”
Los relatos iniciales
Desde que lo expulsaron del colegio por interrumpir a los profesores con preguntas provocadoras y fumar en clase, se deja estar en su cuarto, envuelto en nubes de incienso. Lleva el pelo por los hombros y un anillo de amatista en su mano derecha. John Cheever tiene 18 años. Hay que tener esa imagen presente al abrir Fall River: Trece cuentos no reunidos que permanecieron inéditos hasta que la viuda de John Cheever decidió publicarlos en 1987, cinco años después de la muerte del escritor.
Estos cuentos que Cheveer dejó afuera de su primera recopilación The way some people live en 1943 y de las subsiguientes, abarcan el lapso de tiempo de la adolescencia hasta sus treinta, vale decir cuando John Cheever aún no era el escritor estrella del The New Yorker “infiltrado en la clase media” como él mismo se definió, ni el padre de familia torturado. Por esos tiempos no tenía dirección fija, alternaba su casa familiar en Quincy con estadías esporádicas en departamentuchos de alquiler en Boston, Nueva York y Saratoga generalmente sin dinero y salvo compañías ocasionales, solo. “Fall River” es el relato que abre y da nombre al bello rescate de Ediciones Godot (anteriormente este mismo libro había sido editado en España como El hombre al que amo). Este cuento fue escrito inmediatamente a continuación del primero y legendario “Expulsado” (inspirado en un hecho real) que apareció en The New Republic, cuando Cheever tenía 18 años. Su editor, Malcom Cowley, dijo en una entrevista 60 años después: “Sentí que estaba escuchando por primera vez la voz de una nueva generación”.
Fall River permite asistir desde la primera fila al nacimiento de un escritor único. Y en ese punto, más allá del disfrute de la lectura, tiene valor testimonial.(Página12)
John Cheever, Fall River. Trece cuentos no reunidos, traducción de Ariel Dilon, Godot, 176 págs.

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