Inés González es licenciada en artes y hace más de
ocho años que se encuentra a cargo del taller de
pintura que se lleva en la ex Colonia Etchepare, actual
Centro De Rehabilitación Médico Ocupacional y
Psicosocial (Ceremos).

Su día laboral empieza ni bien llega al lugar de trabajo,
porque sus alumnos la esperan con ansias, desde el
momento que la visualizan la saludan a la distancia
hasta que llega al salón. Lo cuenta con una sonrisa en
su rostro, que demuestra la alegría que siente al llegar
a ese lugar y que la reciban de esa manera.
Al ingresar al salón se saludan, además colaboran con
González para ambientar el espacio para que se
sientan cómodos, corren las cortinas y así el sol
ilumina las ideas, ponen música para conectar con sus
emociones y lograr la concentración.
La artista explicó que la idea es “generar el espacio,
para mi es importante que haya un espacio bien
diferente a lo que puede ser el bullicio, griterío de los
hogares o pabellones donde ellos viven. Generar un
espacio ameno, cordial, todo lo contrario a lo que a
veces sucede o no sucede en otros lugares”, agregó
“entonces, uno lo piensa del lado de artista, si yo
estoy en un lugar que hay ruido, si no me siento
cómoda y no estoy bien, no puedo pintar, entonces
trato desde la experiencia personal, porque en
realidad, Bellas Artes no te da herramientas para dar
clases y menos en un hospital psiquiátrico”.
En su búsqueda querer formarse aún más para tratar
con sus alumnos se enfrenta a una realidad que es la
actual. “En realidad intenté formarme
específicamente y no hay lugares. En un momento fui
a taller en Malvín en Montevideo de arteterapia, un
taller de dos años era una inversión importante y yo
les expliqué dónde trabajaba, y me decían, lo que
pasa es que no podemos darte metodologías de
trabajo porque vos estás en un lugar que no tenemos
respuesta, ahí vos tenés que crear tu propia
metodología, y ha sido así”, mencionó González.
La docente remarcó que la creatividad y
experimentación es lo que practica día a día. Para la
artista, un 70% u 80% es hacer que el lugar sea un
lugar bueno, hacerlo sentir bien, escucharlos, hablar,

reírse y de ahí surge la creación. Generar un espacio
que en otros lugares no lo tienen.
Uno de los desafíos personales de la artista es
hacerles homenajes en vida a los artistas que están
viviendo en la institución.
“Cada tanto se le hace un homenaje a (Raúl)
Cabrerita. Ya que hablamos de un pintor en un
hospital psiquiátrico, buen artista indudablemente,
pero hay más y hay que homenajear a los que sí están.
Entonces, cuando asumo el taller de pintura, para mí
era importante generar este espacio de trabajo, de
comodidad, de inspiración, pero además mostrar todo
el acervo cultural que hay ahí adentro, mostrar todas
las pinturas que están de alumnos que no están y de
los que sí están ahí. Entonces, he intentado en la
medida de lo posible, generar exposiciones”, señaló
González.
La primera exposición que llevó adelante fue hace dos
años en la Junta Departamental. donde se mostraron
obras de artistas como Daniel Barbosa, Alejandro
Yanes, Ernesto Méndez y Rosa Cazhur. El año pasado
se hizo otra muestra en la Quinta Federico Capurro
con obras de Cazhur, donde logró llevarla a esa
exposición para homenajearla. Ese reconocimiento a
Cazhur le gustó y dice también que le trajo lindos
recuerdos.
González describe a Cazhur con sentimientos de
admiración. Explicó: “es una artista que llegó a
exponer en Paris, le faltó un año para recibirse de
psicóloga y la dictadura le impidió terminar, en ese
período asesinan a su hermana. Se dedicó a dar clases
de filosofía en el liceo”. Es una “artista impresionante,
escribe, hace cerámica, pinta, ahora en este momento
ella está muy deteriorada. La obra de Rosa es
impresionante y la cantidad, hay muchísimos trabajos,
que es lo que hemos tratado de mostrar en las
exposiciones ,y por supuesto que ella venga, porque
lo que a mí me interesa es que ella se sienta
homenajeada ahora que está acá”.
La docente del taller, entre palabras apagadas y
tristes, destaca que se los subestima tanto a los
pacientes psiquiátricos, que se piensa que no pueden
tener una charla “inteligente con alguien” y lo que
necesitan es tener esos vínculos, por eso la
importancia de darles un espacio donde sí puedan ser

escuchados y valorados, que se puedan sentir
orgullosos con sus creaciones.
La última exposición que se pudo hacer fue antes de la
pandemia, el 8 marzo, en el marco del día de la
mujer. Se hizo en la policlínica de la Colonia Etchepare
porque ahí concurren otros usuarios y es una forma
de que se visibilizara. La idea de González era traerlo
pero la pandemia por coronavirus paralizó este
proyecto.
Otra de sus iniciativas es acondicionar diferentes
espacios con murales, se trata de darle “vida y
colores” a esos espacios. El más grande lo pintaron en
la Colonia Santín Carlos Rossi y cada alumno que
pasara podía sumarse y pintar. La artista quiere
“generar un entorno agradable, más lindo, intervenir.
Dentro de poco voy a pintar unos murales adentro de
los hogares de ellos, de los pabellones. Para mí es
fundamental que ese entorno cambie, que sea más
lindo. Nosotros lo vivimos y los murales cambian
radicalmente, en general es inconsciente pero te da
una felicidad o es mucho más ameno ver colores”.
Actualmente, los alumnos que concurren al taller son
hombres, pero en general la población de pacientes es
mayoritariamente masculina, desde jóvenes hasta
adultos y es un espacio abierto para todos.
González tiene tantas anécdotas de sus alumnos que
le iluminan el rostro. Más allá de lo que ella enseña de
su profesión, se generan otros valores, el
acercamiento, el compañerismo.
“Uno teóricamente sabe que el arte y el arteterapia
nos hace bien, sana, cura, hace que canalicemos las
emociones, una cosa es leerlo y la otra es verlo,
entonces, es como mágico. De repente entra algún
usuario, porque andan caminando por todos lados,
viene, se te sienta y empieza a hacer un dibujo y capaz
que al otro día se viene de vuelta, y de repente
empieza todo lo que es el cambio, el cambio que
empieza a tener con los compañeros. Mi idea de taller
es generar todo lo demás que viene, que es primero el
compromiso con tener una actividad, después, es la
convivencia con otros y reglas con otro. Yo entro al
taller y buenos días, nos saludamos, yo trato de
generar siempre que sean compañeros. A veces te
pones a pensar, hay mucha soledad, ellos están solos,
capaz que algunos se relacionan, pero es bueno que

exista ese sentimiento de hermandad”, remarcó la
artista.
“Las creaciones, qué decirte, son siempre
sorprendentes, es un mundo que nunca es igual,
siempre es diferente, siempre hay una fase rara y
extraña y eso me encanta. Los cuadros siempre
sorprenden y son creaciones únicas. Tal vez hay
algunos que son una pintura bastante infantil o naif,
pero el mundo del arte, el arte otro que es este arte
marginal que se da en instituciones de encierro, tanto
cárceles como hospitales psiquiátricos, se llama arte
marginal, arte otro o arte bruto, que tiene
determinadas características como son personas que
no tienen formación artísticas, son creaciones
ingenuas”.
Uno de sus alumnos, una vez haciendo un cuadro con
manchas, le expresó: “Inés, vos sabés que cuando hice
esta mancha oscura, sentí que algo feo que se iba de
mí”, e Inés le responde: “Bueno, eso es fantástico que
te sientas así, ahora estás bien”. González mencionó:
“esas cosas que yo te puedo dar, un libro que sabes
que lees, pero vivirla, que te lo digan y verlo, no tiene
precio”.
La artista tiene en mente poder volver al lugar que
tanto amor le genera, el lugar donde se formó pero
desde un lugar diferente, guiando a otros artistas para
que puedan tener algún tipo de herramientas para las
personas que trabajan en contextos de encierro.
La artista, en la entrevista hizo una reflexión muy
linda: “yo soy fanática del arte sanador, el arte
curador y sería un mundo mejor si desde chicos nos
hicieran ver qué talento o qué nos gusta. Yo creo que
si tuviéramos algún tipo de disciplina artística en
nuestra vida, sería un mundo mejor, mucho más
felices, más libres”.
Sadia Baudino

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