Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de EL Pueblo: Las cosas son así y de otras maneras, por fortuna.
Ahora no me conoces

Y un cruce de calles
Ahora no me conoces de la edición anterior
Nilda Irazoqui (Susana Lopez)

Historias de Música.

94.7 FM. Emisora del Sur –Lunes a Viernes de 13 a 14 horas.

Conduce: Luis Fernando Iglesias

Omar Adi
Reflexiones en tiempos de coronavirus.
Cada migaja es el universo.
Si algunos de nosotros, los que tenemos la posibilidad de hacerlo,
tenemos ganas (porque tiempo nos sobra)de analizar con calma dónde y cómo
estamos parados, caeremos en la cuenta que somos parte de un todo.
En la naturaleza no existen los fragmentos. El más pequeño de los pedazos sigue
siendo el
todo. Cada migaja es el universo nos escribe Pascal Quignard.
Somos un pedazo minúsculo, insignificanre, de este vasto y maravilloso
universo, somos polvo de polvo de estrellas, polvo de polvo cósmico, el
mismo de millones de años atrás, cuando sólo estábamos en el lejano proyecto
del dios que cada uno tenga.
Acostumbrados como estamos a percibir la realidad desde una postura
egocéntrica, yoica hasta el asco, narcisista por destrozo, nos cuesta trabajo
entender que somos una parte de ese todo, o mejor dicho, que somos a la vez
parte y todo.
De una manera u otra somos partes de una sola mente que todo lo abarca, un único
gran
hombre nos decía Jung.
El maestro suizo señalaba una verdad no siempre fácil de internalizar y es
que sólo hay una cosa que no depende de otra cosa y eso es ese todo, la
existencia absoluta, a la cual podemos darle el nombre que queramos para
nombrarlo y sentirlo más cerca cuando nos maravillamos.
En un mundo en el que predomina el individualismo egoísta y las metas

parciales, es necesario potenciar la conciencia.
Es que nuestras vidas no están bajo nuestro control porque existimos en
función de lo que nos rodea.
Hay interdependencia con lo otro, eso que nos cuesta tanto asumir dominados
por el avasallante individualismo de los tiempos que corren (y que nos corren,
que es peor).
Si lo pensamos bien, veremos que nuestra alma es inseparable del alma del
mundo.
Somos nosotros y somos todo, COVID 19 incluido, porque existe una mística
resonancia entre el cosmos y nuestro universo interior.
Todo está en todo, lo que está arriba está abajo, decían los viejos sabios. Y
nos pasa lo que le pasa al mundo, sencillamente porque somos parte de él.
El asunto y aquí está la llave que abre puertas, es que podemos modificarlo.
Y como estamos tirando contenidos en esta olla colectiva para que cada quien
extraiga lo que le guste y le parezca, veamos lo que decía Eugenio Montale, un
memorable poeta genovés.
He contemplado desde la luna, o casi,
el modesto planeta que contiene
filosofía, teología, política,
pornografía, literatura, ciencias
exactas y ocultas. Adentro además, están los hombres
y yo entre ellos y todo es muy extraño.
Hay un mundo a nuestro alrededor que no conocemos y entonces no
entendemos. Una extraña realidad que se transforma por nuestra actitud, por
nuestro trabajo de intentar comprenderla para transformarla, mejorándola.
En este momento tan particular que nos toca vivir con la pandemia
modificando cada momento de nuestras vidas, lo que hacemos es lo que
define lo que tenemos y lo que tendremos.
Nuestro gran humanista , pintor, escritor, filósofo, poeta, abogado, político,
pedagogo Pedro Figari nos indicaba el trabajo a realizar:
Interpretar la realidad tal como es para mejorarla como debe ser.
Y nosotros, modestos habitantes del planeta del cual hablaba Montale, apenas
migajas tal vez sin valor nutricional, intentamos comprender esa extraña
realidad y nos esforzamos como tantos de ustedes por mejorarla con todas
nuestras humildes fuerzas. No hay otra.

Pepe Sacapuntas

Wembley

Recibo la pelota de un compañero. Logro quebrar la marca de un primer
defensor que me faulea. Tambaleo, pero sigo en carrera.  Como me enseñó Pedro
Virgilio Rocha, hago una moña de larga zancada y limpio a un segundo defensa.  Al
tercero lo hago pasar de largo con un simple amague. El golero sale desesperado y me
regala el palo derecho. Un error imperdonable. Acaricio la pelota con un efecto sutil y
la guardo mansita en el fondo de la red. Es un gol muy importante para mi carrera.
Nada menos que en el mítico estadio de Wembley. Para que se ubiquen, ese golazo es

en el arco que vendría a ser el de la Amsterdam, en nuestro Estadio Centenario.
Luego de esa proeza futbolera, todos mis compañeros me abrazan y caigo al césped a
los revolcones, a puro festejo.
En ese momento, entre los cánticos enfervorizados de la hinchada, siento una
voz inconfundible desde las gradas que me grita:
_¡Dieguito, dejá de revolcarte en los terrones de esa chacra, y vení a tomar la
leche! Sin comprender el cambio que dispuso el técnico, casi a las puteadas. me dirijo
rumbo al vestuario. En ese trayecto, como buen cara sucia, le pego una recia patada
al piso y al instante desborda mis pulmones, ese  olor a tierra húmeda, recién arada.
Acto seguido, no puedo evitar llenar los bolsillos del pantalón  de tan exquisita
fragancia. Como epílogo y habiendo dejado todo en la cancha, me retiro ovacionado
en esa tarde inolvidable de Wembley.
Quien no haya jugado en ningún equipo de la premier league de la infancia,
nunca podrá apreciar la realidad. Su distorsionada percepción lo someterá a los
siguientes juicios equívocos. En primer lugar dirá que  esa cancha no es Wembley
sino una chacra arada por mi padre, a puro sudor de verano, sentado en un inmortal
tractor Ferguson. El arco del coliseo inglés, son solo dos cajones de verdura Además,
los férreos defensores serían, por estricto orden de aparición; un viejo bidón de gas
oil, un pedazo de disquera y un rastrillo de erguida madera clavado en su base de
metal. El casi invencible golero, no es otro que el espantapájaros que debería estar
cuidando el maizal de enfrente, con su raído cuerpo de cruz y su brazos al viento.  Si
ahora  no está cumpliendo esa changa, es porque algún aspirante a estrella de fútbol
lo tomó prestado sin el consentimiento de la patronal.
La gilada no sabe que, pese a que ya han pasado cincuenta años de ese gol, ese
estadio nunca dejó de ser Wembley. Hace una semana, acosado por las penas y
necesidades de mis clientes, estaba oficiando de abogado Y en esa fragua luchaba
picaneado por un escritorio repleto de papeles sin identificar entre libros apilados,
apelaciones y demandas en las gateras. Era el clásico  final de un  panóptico día de
asfalto, tan  vigilante como agotador. En ese momento asolador, recordé que debía
tomar mi medicina. Abrí la puerta del costado izquierdo del escritorio, y  casi en la
rinconada final del mueble, busqué esa cajita de madera que tomé con medida
ansiedad. La puse sobre la mesada y cuando la iba a abrir sentí el llamado del timbre.
Ya era tarde. Estaba solo.Y solo  por eso, pregunté quién era.  Abrí cuando
escuché la voz de Osvaldo, que, sin saludar,  se dirigió a mi despacho, en una abrupta
atropellada. O se podría decir, como siempre. Fue tan rápido su ingreso que apenas
di media vuelta a la cerradura para poder seguirle el tranco. Les cuento que me hice
amigo de Osvaldo Soriano unos cuantos años después de su muerte. Admiro ese estilo
irónico y llano de decir las cosas que ejerce en sus libros. Esa suerte de sencillez cuasi
profana por estos días. Además, el gordo es un gran futbolero, de toda la vida. Y no lo
iba a dejar escapar sin un consejo, que en su caso vendría con el disfraz de  un
humilde comentario si el tema no fuese de su agrado. En caso contrario sería una
simple orden. Una vez que estaba a mi frente y sin disimular, me realizó la pregunta
esperada.
_¿Que tenes en esa cajita? me inquirió mientras se rascaba la barba.
Con bastante orgullo y algo de soberbia, le mostré lo que tenía adentro de la
caja, sobre un papel de estraza casi vencido por el tiempo.
_Mirá, gordo ¿Qué te parece? le pregunté  casi que verdugueándolo .
_¡No me jodas que es un pedazo de Wembley! Sos un. . .   Y para evitar que el
maestro me dijera hijo de puta, lo emplacé sin tregua.

_Che, Osvaldo, vos sabes que han pasado tantos años de aquella tarde
consagratoria, que  casi no recuerdo los hechos, y menos aún  puedo percibir el olor a
pasto húmedo de Wembley. El gordo me miró con una sonrisa burlona y con ese
modo tan directo con el que suele saldar nuestras conversaciones, me dijo;
_Cerra bien  los ojos. Dale una licencia a las miserias cotidianas, no ahorres
hocico con el pedacito de Wembley  y concentrate.
Seguí  su  sabio imperativo. Tomé el modesto terrón y sin verlo lo aproximé a
mi nariz.  En un par de minutos, fue que pude reabrir la puerta de la encriptada
historia   que ya  les  narré.  Por si fuera poco, luego de un tiempo indeterminado,
volví a sentir ese  olor olvidado del pasto de Wembley.
Cuando abrí los ojos  para darle las gracias, el gordo ya no estaba. Es que no le
gustan las despedidas. Tomé mis cosas con cierta melancolía. Ya con el telón de la
jornada laboral a mis espaldas,  me dirigí a la puerta de calle. Recordé que antes de
salir debía  dar el medio giro a la cerradura que había quedado pendiente. Pero ella
estaba abierta. Dudé de mi memoria pese a que estaba seguro. Hasta que hallé la
explicación racional. No podía ser de otro modo, porque mi amigo Osvaldo había
salido hace unos instantes. Espero que regrese un día  de estos así le puedo dar las
gracias.

Eduardo Mollo

Instrumentos ejecutados por otros músicos en la discografía de The Beatles
1.- Músicos del entorno cercano a The Beatles. (Se nombran los más reconocidos,
entre muchos otros.)

– George Martin (1926 – 2016) Productor musical, arreglista, compositor,
director de orquesta, ingeniero de sonido y músico británico. Grabó con The Beatles
los siguientes instrumentos: piano, celesta, órgano eléctrico, órgano Hammond,
armonio, clavicordio, glockenspiel, órgano Lowrey, shaker.-
– Malcolm “Mal” Evans ( 1935 – 1976 ) : grabó con The Beatles: coros, órgano,
pandereta, trompeta y armónica-
– Eric Clapton ( 1945 ): grabó la guitarra en el célebre solo de “While my guitar
gently weeps”.-
– Billy Preston ( EE. UU, 1946 – 2006 ): piano eléctrico, órgano.-
2.- Músicos de sesión. ( Se incluyen aquí también los cantantes que participaron en
los coros, aunque no fueron significativos.)
Los músicos de sesión son instrumentales y vocales que están
disponibles para trabajar con otros en presentaciones en vivo o sesiones de
grabación. Por lo general, tales músicos no son miembros permanentes de un
conjunto musical y, a menudo no alcanzan la fama en su propio derecho como
solistas o bandleaders.-
El término se aplica no sólo a aquellos que trabajan en estilos
musicales contemporáneos como el rock, el jazz, el country, el R & B y el pop, sino
también la música clásica. La versatilidad es una de las habilidades más importantes

de los músicos de la sesión, ya que pueden tener que realizar en una gama de
diferentes configuraciones.-
Se espera que los músicos de la sesión aprendan las piezas
rápidamente y sean expertos en lectura de la vista y entrenamiento del oído. Los
músicos de sesión se utilizan en cualquier situación en la que se necesiten habilidades
musicales a corto plazo.
( Por la gran cantidad de músicos que participaron a lo largo de todas las grabaciones
del cuarteto, nombraremos solamente los instrumentos utilizados, y no los nombres y
apellidos de las personas que los ejecutaron, cuestión que nada aportaría al objetivo
del presente trabajo. )
Instrumentos: flautas, primeros violines, segundos violines, violas, violoncellos,
instrumentos hindúes varios, cornos, trompetas, trompas, clarinetes, clarinete bajo,
saxo tenor, saxo alto, saxo barítono, trombones, arpas, oboes, tubas, fagotes,
acordeón, vibráfono, clavecín, piano, contrafagot, timbales, pícolo.-
Brindamos a continuación, dos ejemplos:
a) “Hey Jude” ( 1968 ), canción de Lennon y McCartney, cuya grabación implicó 7
minutos y 10 segundos, incluyó 35 músicos de sesión: 10 violines, 3 violas, 3
violoncellos, 2 contrabajos, 2 flautas, 1 contrafagot, 2 clarinetes, 1 clarinete bajo, 4
trompetas, 4 trombones, 2 trompas y 1 timbal.
b) I me mine ( Let it be”, 1970 ), canción de Harrison, cuya grabación implicó tan solo
2 minutos 25 segundos, pero que incluyó también 35 músicos de sesión: 18 violines, 4
violas, 4 violoncellos, 1 arpa, 3 trompetas, 3 trombones y 2 guitarras acústicas.-
Marcia Salvioli
lluvia soy,
tinta al contar de noches
colmadas de preguntas.
bicicleta de ojos rojos,
persigo respuestas
desde esta guarida donde
tiemblan raíces y hojas.
minuto de carbono soy,
labios de guijarro,
manos de chopos partidos.
como si cada día
pudiera encontrar respuesta
en una piedra o lama del río.
o robar alguna señal de
barriletes huecos contra las nubes
que se vuelven brasa.
marca invisible del tren
cuando no regresa por nosotras
pero queda.

Ilustraciones s-d, Rodolfo Torres.

Lo que conviene es ser realista en el sentido complejo del término: comprender la
incertidumbre de lo real. EM

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