La marcha del silencio es una movilización pública que
desde 1995 se realiza todos los 20 de mayo en todo el
país, incluso uruguayos que se encuentran fuera del
territorio también conmemoran este día desde el
lugar en que residen. La fecha es en conmemoración
de los asesinatos del senador del Frente Amplio
ZelmarMichellini, el diputado nacionalista Héctor
Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw.
Es organizada por el grupo Madres y Familiares de
Uruguayos Detenidos Desaparecidos y otras
organizaciones vinculadas a la defensa de los
derechos humanos, donde el objetivo principal es
marchar para generar presión social en respuesta de
justicia por las desapariciones y asesinatos cometidos
en la dictadura cívico militar (1973- 1985), en el marco
del Plan Cóndor.
En un año particular por la llegada del coronavirus,
esto impidió que la gente pueda marchar como lo
hacía habitualmente, por este motivo Madres y
Familiares de Urguayos Detenidos Desaparecidos
convocó a marchar virtualmente, donde cada persona
en sus redes sociales subieran una foto de un
detenido desaparecido y a su vez agregaran
#marchadelsilencio2020. Además, quienes apoyaran
la causa debían colocar una margarita en la ventana
de cada hogar. La consigna de este año fue “Son
memoria. Son presente. ¿Dónde están?”.
En la localidad se decidió marchar silenciosamente
desde la estación de AFE. El recorrido fue por todo
calle Avenida Rivera hasta Diego Lamas y tomar por la
rotonda, descender por calle Antonio Legnani para así
culminar en la plaza principal Tomás Berreta.
Algunos hogares colocaron en sus ventanas las
margaritas en apoyo a la marcha y además hicieron
pancartas con la consigna de este año. Las esquinas
céntricas tenían pintadas margaritas negras.
La marcha comienza con un buen nivel de
concurrencia, a pesar de las circunstancias por la
pandemia. Adelante, quienes lideraban la marcha iban
a pie, otros en bicicleta y más atrás vehículos. Todos
acompañaban con elementos en apoyo, una
margarita, carteles, fotografías de detenidos
desaparecidos. Decido acompañar el recorrido en la
parte principal y central.
Sin importar las edades, el público se integró, desde
niños, jóvenes y adultos.

Lo más conmovedor de la marcha era ver dos o tres
generaciones familiares que apoyaban la causa. Me
estremecía pensar que muchos padres luchan por
saber dónde están sus hijos y otros en la lucha fueron
muriendo sin encontrar respuestas.
En la rotonda, en el césped habían clavado fotos de
detenidos desaparecidos y margaritas, para aquellos
que no tuvieran podían retirarlo y continuar con la
marcha. Quienes llevaban las imágenes lo hicieron en
forma de respeto, donde se mezclaban sensaciones,
angustia, emoción, incertidumbre y también cariño,
por la forma en que la sostenían.
En el lugar de destino había más fotos colocadas en el
suelo, la gente poco a poco se acercaba a agarrar una
de ellas. Segundos más tardes de eso se colocó un
parlante que mencionaba cada uno de los 197
detenidos desaparecidos y entre ellos se gritaba bien
alto “PRESENTE”. La plaza era una ronda de personas
con imágenes, carteles y margaritas que vestían de
silencio, pero un silencio que pide a gritos que lo
escuchen para que se descubra la verdad y se haga
justicia.
Sadia Baudino

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