Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, por las dudas que no seamos más que un relato hecho por otros.
Ahora no me conoces

Quienes son y dónde estamos?
Ahora no me conoces edición anterior
La Familia Bonino (Susana López)

Historias de Música.
-Lunes a Viernes de 12 a 13 horas.

Conduce: Un tal Luis Fernando Iglesias. Emisora del Sur 94.7 FM

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Joseph Conrad
El 31 de octubre de 1892 realizó su segunda travesía en el Torrens; llegaron a Adelaida
a fines de enero del año siguiente. En el viaje conoció a un graduado del Trinity Collage.
El muchacho había enfermado de tuberculosis y andaba a la busca de climas más
templados, escapando al invierno londinense. Hicieron una muy buena relación de
amistad y confianza, tanto que Conrad le mostró su manuscrito. El comentario del
graduado fue muy aprobatorio y eso alentó a nuestro escritor.
Durante el viaje Conrad se enfermó (después de su estadía en el Congo, el calor no le
sentaba bien). Al llegar a Adelaida pidió una semana de descanso para viajar a lugares
más altos y con un clima más fresco. Permaneció en el puerto hasta marzo de 1893
donde realizó varias tareas en el barco como, por ejemplo, estibar la carga. Hizo otras
amistades con nuevos pasajeros, en especial con John Galsworthy y su amigo
Sanderson (graduados de Harow, Oxford y Cambridge). Fueron estas amistades muy
duraderas, en especial la de Galsworthy de quién dijo Conrad que era: “el más fiel, más
fiable y el más comprensivo de los amigos”. Nuestro escritor tenía facilidad para
relacionarse con personas de los más altos niveles sociales: sumamente cortés en el
trato, una conversación muy interesante y gran cultura general; era muy fiel a sus
amistades que solía conservar por mucho tiempo. No obstante en su vida había tenido
todo tipo de vicisitudes, fruto de su espíritu aventurero; también pasaba por momentos
de mal humor y tenía un carácter susceptible.

El viaje de regreso del Torrens por las costas africanas fue lento: la tripulación ofreció
un espectáculo para hacerlo más entretenido. Cuando llegaron a Londres, Conrad
renunció a su trabajo en dicha embarcación. Una vez más abandonaba un trabajo
estable para pasar a una situación de incertidumbre, pero esa era su forma de ser.
Luego acudió a la hacienda de Bobrowski en Ucrania donde permaneció por un mes;
durante esa estadía pasó unos días enfermo. Su tío tenía su salud muy comprometida y
se temía por su vida. Unos meses después de esa visita falleció Tadeusz; en su
testamento dejó establecido que su sobrino percibiera las asignaciones de un año. La
muerte del tío cortó todos sus lazos con Ucrania, ya que nunca volvería a visitar ese
lugar.
En Londres los tiempos eran difíciles para encontrar trabajo pero finalmente lo
contrataron en el Adowa como segundo oficial. Paulatinamente iba perdiendo jerarquía
en sus nuevas ocupaciones. El barco trasladaba emigrantes desde Francia hasta Québec
y Montreal en Canadá. Lo ayudó su conocimiento del francés para conseguir este
empleo. Antes de partir concurrió con su amigo Golsworthy a presenciar la ópera
Carmen en el Covent Garden de Londres. A fines de 1893 partió hacia Ruan, donde el
navío hizo escala por un mes, tiempo que aprovechó para avanzar en su novela.
Estando allí, recibió un obsequio de su amiga Poradowska quién le envió un ejemplar
de su último libro, Le Mariage du fils Grandsire a principios de 1894.
Conrad hizo nuevas amistades en la tripulación: con el primer oficial William Paramor
y con Richard Cole a quien el escritor recordaría por lo bien que tocaba el banjo. La
compañía franco-canadiense entró en litigios y, aparentemente había muy pocos
pasajeros para transportar (en el viaje de regreso a Londres la nave llegó vacía). Este
fue su último trabajo como marino.-

Omar Adi
Reflexiones en tiempos de coronavirus

¿ME PERMITE ESTA PIEZA, JOVEN?
Reflexiones en tiempos de coronavirus
Encerrados o liberados, seguimos viviendo tiempos donde se
adora el éxito, la fama, la utilidad, la eficacia, el poder y todo vale para
conseguirlos y quien los consigue es un triunfador.
Vivimos en la sociedad del rendimiento.
Un filósofo surcoreano, Byung Chul Han ha reflexionado acerca de este
asunto. Los invito a buscarlo y leerlo.
Han nos advierte de un tiempo marcado por la hiperactividad, la
hiperatención y la autoexplotación, un tiempo que huele a cansancio, a falta de
autenticidad y de sentido.

En una época en la cual todo se mercantiliza, el factor distintivo y de prestigio
de la sociedad de consumo es el de comprar bienes de alto precio y a eso se le
suma el de trabajar hasta que las velas ardan.
No hay espacio para el viejo y querido ocio creativo que es, por ejemplo, el
que motiva estas notas.
En estos momentos de cuarentena, tenemos más tiempo para repensarnos.
Es entonces que uno comienza a preguntarse qué debe hacer para escapar a
esa cárcel tóxica del tanto tienes tanto vales o al prestigio en base al poder, al
dinero, al rendimiento.
Y supone que podría comenzar por preferir la gente a las cosas.
Y podría seguir porque nos importe poco el juicio de quienes se manejan con
esos parámetros tóxicos.
Como decía Churchill, preocupáte más de tu conciencia que de tu
reputación.
Estos tiempos coronavirescos nos dan la posibilidad de pensar y entonces
pensarnos, lo cual es todo un desafío.
Y pensarnos nos da la posibilidad de construirnos mejores, con cimientos más
sólidos.
Nos abre caminos que no habíamos transitado repensando lo que
creíamos irrefutable, descubriendo nuevos contenidos e incluso creando otros.
Nos dice Han no literalmente que hacer las cosas más rápido y de forma más eficiente
es lo contrario de hacerlas de forma creativa. Cuando uno anda, puede hacer dos cosas: la
primera, ir más de prisa y entonces corre, pero en el correr no hay nada creativo ni diferente
de andar, simplemente es más veloz; la segunda es la danza.
El humano es el único animal que danza. Danzar sí es diferente de andar.
¿Y si dejamos de correr en estos días donde puede haber lugar para la
reflexión?
¿Y si danzamos en soledad girando en torno a alguna idea-fuerza para
intentar la armonía con nosotros mismos siguiendo el particular ritmo,
cadencia y melodía de nosotros en relación al todo?
Parecen palabras altisonantes con tufillo a new age.
Pero no lo son.
Pensar es danzar con las ideas.
La música sale de adentro.

Daniel Da Rosa
El estruendo

Sentimos un gran estruendo. Mis padres y mis hermanos no quisieron salir de la
casa para ver o saber qué había sucedido y me miraron. Entendí
inmediatamente que fui el elegido por la familia para averiguar que originó lo
que habíamos escuchado y que nos asustó a todos. Me puse la gabardina azul y
salí a la calle por la puerta principal. Recorrí la cuadra de nuestro vecindario sin
ver a una persona o animal alguno. Las casas parecían estar vacías, cerradas. El
silencio de la ciudad me daba la impresión de nacer desde aquí mismo, donde yo
estaba parado. Una suave brisa apenas movía las hojas de los árboles. Caminé
de esquina a esquina una o dos veces en esta cuadra y observé que en las
cuadras siguientes no había indicios de que alguien anduviera en la calle. Llegué
a pensar que había caído una bomba especial haciendo desaparecer a todo ser
humano y me preguntaba por qué nosotros seguíamos con vida.  Volví a casa.
Me esperaban ansiosos y me preguntaron que vi, qué supe. Sólo atiné a decirles,
mientras me quitaba la gabardina, que se prepararan, que el estruendo que
sentimos era el principio de una gran tormenta.

Marcia Salvioli
Secretos de mi Bicicleta

Apenas susurró cuando quise sacudirla: quiero ver el otoño desde el
río, comprender gestos del agua a la luz de la luna. Como los árboles
tengo derecho a asombrarme de la constancia del barrilete. Como nube
puedo esperar la brisa que cuestiona al futuro.
No quiso oír razones ni desvaríos, argumentó que necesitaba grabar sus
huellas en la arena exigida de la pasarela y ser escuchada por ese
caudal de vida a raudales. Me arrebató los borradores olvidados de
nuestra bitácora del agua y salió volando a despabilar madreselvas.
Lamentablemente no puedo lograr que mi bicicleta se quede quieta.

Eduardo Mollo

Instrumentos ejecutados por John Lennon en la discografía de The

Beatles

1.- Primer Período: 1962 – 1966

Guitarra rítmica, armónica ( diatónica y cromática Hohner ) , pandereta,
guitarra española, guitarra líder, piano ( vertical y de cola ), guitarra acústica,

piano eléctrico Hohner, órgano Hammond y armonio.-

2.- Segundo período: 1967 – 1970

Mellotrón, bongó, congas, cencerro, maracas, banjo, claviolín ( shenhai ), arpa
de boca, clavicordio, bajo de seis cuerdas, bajo eléctrico, saxo, glockenspiel,

lapsteel Hohner, sintetizador Moog.-
3.- Otros recursos.

Chasquidos de dedos, peine con papel, palmas, voz principal y coros.-

Ilustraron: Eugene O Neil, Antoni Miró, John Lennon, s-d.Albert Marquet

 

 

La primera virtud del conocimiento es la capacidad de enfrentarse a lo que no es

evidente. JL

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