Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de EL Pueblo, donde las opciones son : perderse, detenerse a tomar el fresco, o escapar corriendo.
Ahora no me conoces
El trío


Ahora no me conoces de la edición anterior:
Pedro Spotti , en el club , con el Liceo a principios de los 60.(Susana Lopez)

Historias de Música
De lunes a viernes, de 12.00 a 13.00 horas.
Conducción de Luis Fernando Iglesias.
Emisora del Sur 94.7 Fm

Daniel Da Rosa

Llueven magnolias en mi patio
y se vuelve lago entre los corredores de la casa

la tarde mansa y gris

se desliza entre algunos truenos asustadizos

entonces paseo en bote
bajo un paraguas blanco
leo a vallejo
y cuando cambio de ojo
mis huesos crujen
de tanta humedad.

 

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Joseph Conrad

Primera experiencia como capitán
Su primera oportunidad de comandar un barco le vino como caída del
cielo. Estaba residiendo en Singapur, en el Hogar del Marino, cuando se enteró
de que fue designado por el Superintendente de la Marina y jefe del puerto,
como capitán de un barco de bandera australiana, el Otago, cuyo capitán había
fallecido recientemente. La nave estaba fondeada en el puerto de Bangkok (en
ese momento capital de Siam, hoy Tailandia), que estaba bajo administración
inglesa. Conrad describió el primer barco a su cargo en su libro “La línea de
sombra” que escribió en 1916:

“A la primera ojeada, vi que era un barco de primera clase, una criatura
armoniosa por las líneas de su esbelto cuerpo y la altura bien proporcionada de
sus mástiles. Cualesquiera que fuesen su edad y su historia, había conservado la
marca de su origen. Era uno de aquellos barcos a los que la virtud de su línea y
de su construcción preservan de toda vejez. En medio de sus compañeros
amarrados a la orilla y todos mayores que él, parecía el producto de una raza
superior: como un corcel árabe en medio de una fila de caballos de tiro.” 1
Según lo que relata en dicha obra, cuando se hizo cargo del navío, el
estado en que se encontró a su tripulación fue desalentador: la mayoría estaban
enfermos, el segundo de a bordo sumamente contrariado por no haber sido
nombrado capitán y que luego caería también él enfermo de una dolencia que lo
dejaría inmovilizado por muchos días. Cuando decidieron partir hacia Singapur,
primera escala de su viaje, un remolcador los sacó de puerto pero no pudieron
avanzar por la falta de viento, situación que se prolongó por quince días. Por fin
se desató una tormenta con fuertes vientos e intensas lluvias que permitió a la
embarcación salir a mar abierto y encaminarse hacia su destino. Fue una hazaña
lograda por una tripulación disminuida físicamente pero con una gran moral.
En el epígrafe de su libro, el escritor elogia muy calurosamente a sus marinos a
los que consideró “Dignos para siempre de mi respeto…” . 2
Cuando llegaron a Singapur el navío fue puesto en cuarentena por el
estado sanitario de su tripulación. Muchos de sus marineros fueron
hospitalizados y Conrad tuvo que conseguir tripulación de relevo.
En marzo partieron hacia Sydney donde llegaron luego de dos meses de
viaje. Allí estuvieron durante cinco semanas. Cuando se disponían a partir con
un cargamento de jabón, fertilizante y sebo con dirección a Port Louis, capital
de la isla Mauricio, se desató un fuerte conflicto sindical que inmovilizó las
operaciones del puerto pero Conrad pudo sacar el barco de allí, escapando de los
huelguistas. La ruta elegida por nuestro capitán fue tomar hacia el norte,
cruzando por el estrecho de Torres que separa Australia de Nueva Guinea. Las
bellezas naturales de la isla Mauricio se complementaban con la vida cultural de
Port Louis donde permanecieron por siete semanas. La isla había sido posesión
francesa pero ahora estaba bajo administración inglesa lo que no impidió que
muchas familias francesas permanecieran viviendo allí conservando sus
intereses. En el corto tiempo que estuvo Conrad en ese lugar tuvo dos amoríos:
una fugaz relación con Alicia Shaw, joven de 17 años hija del agente marítimo a
la cual el marino casi doblaba en edad y de la que salió algo resentido como
consta en su libro “Una sonrisa de la fortuna”, escrito en 1911. El otro vínculo
fue con Eugénie Renouf, joven de 24 a 26 años, sobrina del capitán francés
Gabriel Renouf. Conrad trabó amistad con la familia, los visitaba
frecuentemente y, aparentemente, se enamoró de la joven pero esta estaba
comprometida con un farmacéutico francés, bastante mayor que ella, y esto
frustró sus aspiraciones. Tal vez jugara el hecho de que el joven capitán no fuera
un buen partido por su situación inestable y por carecer de los recursos para
mantener a una familia de ese nivel económico.
A fines de noviembre de 1888 Conrad partió de Mauricio. El 5 de enero
de 1889 llegó a Melbourne donde se alojó en el Hogar del Marinero. En febrero,
la compañía Henry Simpson & Sons para la que trabajaba, le ordenó viajar a
Port Menlacowie, península de York en el extremo norte de Australia, llevando
un cargamento de trigo. Permanecieron allí durante un mes. Después de sus
experiencias en Mauricio y en Melbourne la estancia en este lugar no habrá
resultado muy atractiva. Luego partieron hacia Adelaida, ciudad costera del sur

de Australia, donde Conrad presentó renuncia a su cargo. En abril de ese año
regresó a Inglaterra donde llegó a mediados de mayo. Los motivos de esta
decisión no quedan muy claros: había progresado en su carrera de marino
alcanzando un escalón superior; tenía el respaldo de los dueños del barco que
estaban conformes con su desempeño por lo que su posición era segura. Aún
después de renunciar sus patrones le otorgaron muy buenas credenciales. Ya
comenzaba a perfilarse, aunque él no fuera consciente, el final de su vida como
marino.

Una pregunta de miércoles
Cuál es el relato de ciencia ficción que más ha disfrutado?

“La primera historia verdadera de ciencia ficción, y que yo me propongo escribir si
nadie más lo hace, es sobre un hombre con amnesia que está acostado en la playa y
mira una rueda oxidada de bicicleta, mientras trata de descubrir la esencia absoluta
de la relación que hay entre ambos. Si esto suena insólito y abstracto, tanto mejor,
puesto que a la ciencia ficción le hace falta una buena dosis de experimentación; y, si
suena aburrido, pues por lo menos será un nuevo tipo de aburrimiento”.
J. G. Ballard¿Por dónde se va al espacio interior?,  1962

Edgardo Taranco: Si vale la respuesta podría mencionar no un relato, sino
una serie de relatos, porque varios de ellos me han quedado por sus diferentes
contenidos, y son las "Crónicas Marcianas" de Ray Bradbury. He disfrutado
otros pero la mayoría en forma de película, así que no vienen al caso
Luis Mario González: Dentro del cometa, de Arthur C. Clarke.Multivac, de
Isaac Asimov. Caballeros, permanezcan sentados – Robert A. Heinlein, El ruido
de un trueno y Vendrán lluvias suaves – Ray Bradbury, Podemos recordarlo
todo por usted – Philip K. Dick y Súper rana salva Tokio – Haruki Murakami.
Bruno Berti:La Oscuridad de André Carneiro
Paolo F. Pedrazzi: La jornada de un periodista americano en 2889 de Julio
Verne y Picnic extraterrestre de Boris y Arkadi Strugatski.
Guillermo Durán: La verdad sobre el caso del señor Valdemar de Poe y La
invención de Morel de Bioy, que no se si serán aceptadas. Verne, Bradbury,
Asimov, Ballard y H.G. Wells, ,El día de los trífidos de John Wyndham, Diario
de las estrellas y Memorias encontradas en una bañera de Stanislav Lem. Y no
puedo dejar de nombrar a Rod Serling y su Dimensión desconocida.
Marcelo Scaglia: La guadaña, de Bradbury (El país de Octubre),
Gregorio Morena:¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Phlip K.
Dick.

Martin Mangado: me considero un lector con bastante amplitud de géneros,
pero la ciencia ficción no es uno de esos géneros literarios que me atrapen.- Así
y todo hay un par de títulos que he disfrutado mucho: "Fahrenheit 451" de
Bradbury y "1984" de Orwell.
Hugo Battiste; Fahrenheit 451.Sólo resta mencionar una predicción que mi
Bombero jefe, Beatty, hizo en 1953, en medio de mi libro. Se refería a la
posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuego. Porque no hace falta quemar
libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que
no sabe lo que es una biblioteca- "Prefacio de Ray Bradbury, Febrero de 1993"

“En el segundo siglo de nuestra era, Luciano de Samosata compuso una
Historia verídica, que encierra, entre otras maravillas, una descripción de los
selenitas, que (según el verídico historiador) hilan y cardan los metales y el
vidrio, se quitan y se ponen los ojos, beben zumo de aire o aire exprimido; a
principios del siglo XVI, Ludovico Ariosto imaginó que un paladín descubre en
la Luna todo lo que se pierde en la Tierra, las lágrimas y suspiros de los
amantes, el tiempo malgastado en el juego, los proyectos inútiles y los no
saciados anhelos; en el siglo XVII, Kepler redactó un Somnium
Astronomicum, que finge ser la transcripción de un libro leído en un sueño…
Entre el primero y el segundo de estos viajes imaginarios hay mil trescientos
años y entre el segundo y el tercero, unos cien; los dos primeros son, sin
embargo, invenciones irresponsables y libres y el tercero está como
entorpecido por un afán de verosimilitud. La razón es clara: para Luciano y
para Ariosto, un viaje a la Luna era un símbolo o arquetipo de lo imposible;
para Kepler ya …
…Ray Bradbury ha preferido (sin proponérselo, tal vez, y por secreta
inspiración de su genio) un tono elegíaco. Los marcianos, que al principio del
libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilación los alcanza.
Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza
y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo –
que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de
ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la
arena. Jorge Luis Borges ( Prólogo a la edición española de Crónicas
marcianas, de Ray Bradbury)

El Maestro Enrique Ilera
El Veterinario
De una forma u otra.
Directa o indirectamente todos los vecinos de Rabo Corto le habían aconsejado
al veterinario que no abriese el consultorio en el Bosque de los Afiladores o
Donde crecen los Eucaliptus.
Los directos, desde las puertas de sus casas lo habían parado para decirle que no
lo hiciera. Era temerario.

Y los indirectos, con grafitis pintados en las paredes le decían que ponía en
riesgo su salud mental. Era peligroso.
Pero de cualquier manera el veterinario estaba decidido a abrir un consultorio
para animalitos y animalotes en el corazón mismo del el Bosque de los
Afiladores o Donde crecen los Eucaliptus, demasiado cerca del Almacén de
Ramos Generales de Ambrosio & Ambrosoli y exponiéndose a todos los delirios
y alimañas de los Alienados Evadidos.
Fue así que el veterinario se instaló con un quirófano de campaña levantado con
paredes de ramas y techo de sol y nubes.
Prontamente recibió la visita de un cliente que llevaba un león atado con una
cuerda de violoncello.
-Quisiera cortarle la melena porque sus lavados con crema de enjuague me
tienen en la ruina.
– Y no será peor privarlo de su realeza?. El leonero de alejó no del todo
convencido.
Al rato recibió la visita de una mamá cangura con su cangurito en brazos.
– Estuve a punto de perder a mi bebé porque tengo la barriga descocida.
Prontamente el veterinario solucionó el problema con un rollo de cinta
adhesiva.
Después se hizo presente un carcelero acompañado de su cabra.
-Quiero dejarla en libertad ¿ Puede Ud. quitar las rejas de su pelaje?- Le dijo.
– Como poder, puedo. Pero junto a la libertad la cabra obtendría la condición de
mula común y corriente. Entonces el guardia se volvión con su animal tan
rayado como siempre.
No había pasado mucho tiempo cuando el dueño del circo se le apareció seguido
por un elefante.
-Quiero amputarle la trompa para que luzca más distinguido ¿ No le parece?
– No lo creo, porque el animalito perderá su equilibrio y viviría sentado de culo
en la tierra. El circense se alejó sentado en la cabeza tompuda del paquidermo.
Pero al final del día sucedió que los Alienados Evadidos del lugar se le
parecieron para pedirle que amaestrase sus alimañas y domase sus delirios,
pues no paraban de carajear.
“Cerrado por Inadaptación” escribió en la puerta de su choza el veterinario.

Ilustraron; Jakub Rozalski, s/d, Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University) y un tal
Rodolfo Fuentes.

Algo no nos conforma del todo con las postales o los libros comprados a la
salida. EP

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