Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de EL Pueblo: que lo sucedido suceda, que se exprese varias veces: estamos hechos de acumulación.
Ahora no me conoces
salúdenla

Ahora no me conoces de la edición anterior
El prado (José Pepe Torres)
Historias de Música.
94.7 FM. Emisora del Sur -Lunes a Viernes de 13 a 14 horas.
Conduce: Luis Fernando Iglesias
Los 100 barrios
Gladys Scoteguazza
Gente linda, una más otra menos
gente amiga, casa grande casa chica
soles lunas y paredes
nieblas tempranas de invierno
azul el cielo
a las cinco de la tarde
un saludo una mirada
una mano que se tiende
se necesita y se acepta
una ausencia que pesa
el ladrido de los perros
sumar cariño
restar olvidos
seguir soñando
todo se puede
alguna vez.
Félix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Joseph Conrad
En 1847 conoció a Ewa Bobrowska, hija de terratenientes, con la que
compartía sus convicciones políticas. Se casaron en 1856. Con la dote de su esposa
arrendó una granja pero la experiencia terminó en 1859 cuando tuvieron que
abandonarla por las malas cosechas obtenidas; sobreviene un período de
inestabilidad económica en la cual la familia pasó momentos muy duros, cambiando
frecuentemente de localidad. Apollo compró una editorial: tradujo libros de autores
franceses e ingleses y escribió artículos periodísticos. Finalmente las autoridades
rusas clausuraron la editorial. En 1861 se trasladó a Varsovia donde era muy intensa
la actividad de los nacionalistas. Meses después se reunió con su familia pero, al muy
poco tiempo, cayó preso. Joseph tenía cuatro años. El día de la redada policial, su
mujer se vistió de luto e hizo lo mismo con el niño.
El padre de Joseph fue sentenciado al exilio en Perm, localidad enclavada en
los Urales: clima muy frío con temperaturas de hasta 40 grados bajo cero. Su esposa
también fue condenada. Por iniciativa del gobernador provincial que fue compañero
de escuela de Apollo, se le destinó a otro sitio con un clima no tan extremo, la ciudad
de Vologda a 500 kms. de Moscú pero el niño llegó enfermo de neumonía: lo curaron
con sangrías y un compuesto a base de mercurio.
Vologda era lugar de exilio para prisioneros políticos polacos y rusos. Cuando se
instalaron aquí, el padre evitaba vincularse con los lugareños y solo se relacionaba
con la comunidad de activistas polacos. Su cuñado Tadeusz Bobrowski le reprochaba
por su negativa a vestirse con la ropa rusa que usaban allí, prefiriendo la vestimenta
polaca menos apta para suportar el clima del lugar; decía que era “imprudente y
perjudicial para su frágil salud”. También Ewa enfermó seriamente por lo que las
autoridades la autorizaron a visitar a su familia en compañía de su pequeño hijo.
Permaneció 3 meses en la hacienda de su hermano Tadeusz donde una institutriz le
enseñó francés a Joseph. Pasado este tiempo y al no obtener una prórroga del
permiso, la madre debió regresar con su marido. Corría el año 1863 cuando
sucedieron acontecimientos desgraciados para la familia: el estallido revolucionario
de los independentistas polacos ocurrido en ese año fue aplastado por Rusia;
participaron dos de los hermanos de Ewa, uno fue muerto y el otro arrestado; sus
anhelos políticos se desvanecieron y poco después contrajo tuberculosis; la
enfermedad se complicó con una fuerte crisis depresiva que la llevó a descuidar su
salud. Falleció en 1865.
Apollo también contrajo tuberculosis y decidió enviar al niño a la casa de su abuela
materna pero luego las autoridades le concedieron permiso para viajar fuera del país
a los efectos de realizarse un tratamiento médico. Apollo decidió trasladarse a la
región de Galitzia y se llevó con él al niño; esta zona pertenecía al imperio austro
húngaro donde la situación política era menos opresiva que en los territorios
dominados por el imperio ruso. Se instaló en la ciudad de Cracovia donde trabajó
para el periódico liberal Kraj (La Nación). Mientras pudo ocupó su tiempo libre en
complementar la educación de su hijo (le enseñó francés, matemáticas y polaco), pero
su enfermedad se agravó y murió el 23 de mayo de 1869. Su hijo quedó a cargo de la
abuela materna Teófila Bobrowska.
Tiempo después, el escritor diría acerca de su padre: “Un hombre perseguido
por una idea fija está loco. Es peligroso aun cuando esta idea sea justa; pues ¿acaso
no puede hacer que los cielos caigan sin misericordia sobre una cabeza amada?” El
hijo no seguiría los pasos del padre.
Nueva etapa en la vida de Conrad
Para su abuela materna la prioridad era la salud del niño que tenía a la sazón 11 años.
Fue enviado al Reino de Würtemberg en la Selva Negra para realizarse un
tratamiento llamado cura del agua. En ese lugar del sudoeste de Alemania
disfrutaban de un clima templado y había muchos balnearios. Luego se radicó en
Cracovia con su abuela para continuar su educación: aquí aprendió lenguas clásicas y
modernas, geografía, ciencias y matemáticas. Aprendió latín y leyó los clásicos: César,
Livio, Salustio y Ovidio. Aparte de esos estudios desarrolló un gran interés por la
geografía; su tía abuela, Regina Korseniowska se ocupaba de editar atlas geográficos y
el jovencito pasaba leyendo sobre temas como la exploración del Artico y la
cartografía de Africa.
En 1870 lo envían de paseo a Krynica, centro vacacional al pie de los Cárpatos (en ese
momento era territorio austro-húngaro, hoy pertenece a Polonia). Tiene numerosos
manantiales, sus aguas minerales son famosas y su aire de montaña muy saludable.
Lo acompañaba Adan Pulman, nombrado su tutor que era un joven estudiante de
medicina de 24 años. Había mucha empatía entre ambos. Los paseos se repitieron en
los años siguientes. En 1873, por consejo médico, viajó por Suiza e Italia, también
acompañado por Pulman en una estadía de 6 semanas. La estadía en los Alpes suizos
impresionó vivamente a Joseph que en ese tiempo ya proclamaba sus deseos de “ir al
mar”, es decir, abrazar el oficio de marinero. Su familia comisiona a Pulman para que
lo convenciera de abandonar esa idea y adoptara otra profesión más segura y estable.
Su tío Tadeuz Bobrowski comparte con su madre la custodia del muchacho y se toma
muy en serio su provenir. De todas maneras ya a sus quince años la decisión de ser
marino era ya inquebrantable.
En la Pascua de 1874 realiza unas vacaciones en los Cárpatos nuevamente
acompañado por Pulman. Después vienen los preparativos para ir a Marsella donde
comenzaría su carrera de marinero. Su tío realiza contactos con Victor-Jean-Adam
Chodzko (marino y conocedor de los círculos navieros) para que lo inicie en la vida
del mar, mientras que él se hace cargo de los gastos del joven hasta que este tenga
recursos propios. En setiembre de 1874, a los 17 años, Joseph partió sólo en el
Expreso de Viena con destino a Marsella. Pasaron por Austria, Suiza donde fue a
Pfäffikon, en la comuna de Zurich, para visitar a un amigo de su padre. De allí siguió
su viaje pasando por Lyon rumbo a Marsella.
En Marsella se alojó cerca del puerto viejo. Lo fue a visitar para darle la bienvenida,
un amigo de Chodzko, Jean Baptista Solari, quien lo recomendó a una casa naviera,
Delestang et Fils, cuyos dueños eran comerciantes y armadores; sus barcos llegaban
hasta las Antillas Francesas.
La ciudad lo deslumbró. Significó un cambio radical de las costumbres provincianas,
pero además un nuevo idioma al que debía adaptarse. Recordando ese tiempo diría
Conrad:
“Dejé de ser un niño a los diecisiete. […] Un hombre que debe cuidar de sí mismo ya
no es un niño”.
Lo entusiasmó la vida nocturna, frecuentaba el teatro, la ópera (uno de sus
compositores favoritos era Giacomo Meyerbeer, musico alemán muy aplaudido por el
público parisino). En los libros de Conrad se aluden a títulos de óperas que presenció
en este tiempo (Il trovattore de Verdi, Lucia de Lammermoor de Donizetti y otras).
Dos meses más tarde hizo su primera experiencia marítima en un viaje a las Antillas
Francesas en el Mont Blanc para familiarizarse con la vida en el mar, aunque iba
como pasajero. El destino era el puerto de Saint-Pierre en la Martinica. Allí se
quedaron seis semanas, tiempo suficiente para explorar el lugar. La población era
muy pintoresca y colorida. La ciudad poseía cierta cultura francesa y Conrad se nutrió
de ella leyendo a Daudet, Hugo, Maupassant y Zola. También había un teatro del que
estaban orgullosos sus habitantes.
Volvió a Marsella a fines de mayo de 1875 para volver a partir un mes después en el
mismo barco pero esta vez ya integrando la tripulación como aprendiz. El 31 de julio
llegaron a Saint-Pierre donde pasaron dos meses. Allí conoció a orillas de un río, a
una joven nativa (Nausícaa) vestida con ropas coloridas y luciendo pendientes de oro,
que caminaba junto a otras mujeres. Esta mujer le sugirió el personaje de la amante
africana de Kurtz en El corazón de las tinieblas.
Conrad describió así a este personaje y su séquito:
“ Los vívidos colores de las ropas que las envolvían y el oro de sus pendientes
conferían a sus figuras una magnificencia bárbara y majestuosa mientras caminaban
libremente bajo la luz rota del sol”.
El barco recorrió las Indias Occidentales Holandesas y Cabo Haitiano donde
estuvieron durante todo octubre y partieron a comienzos de noviembre. Llegaron al
puerto de El Havre a fines de 1875. El joven Conrad pasó unos días en París y luego
regresó a Marsella; en el viaje perdió un baúl que contenía recuerdos de familia. Su
tío le reprochó su descuido preguntándole si aún necesitaba una niñera.
Daniel Da Rosa
La dulzura será un animal que padece la furia del cielo?
sabemos que respira el aire de los solos
que se cree una criatura con el pecho transparente
y que todos pueden ver su corazón
olvida que podemos estar perdidos
desolados distraídos
los ojos empañados
sin otro paisaje
que el fuego
del atardecer
pero insiste en abrazarnos
con dulces palabras de amor
y caemos aturdidos
poco podemos hacer
ya vulnerables
la dulzura furiosa
al fin nos traga
pero ya nadie nos cree.
Edgardo Taranco

Eduardo Mollo
De palabras y pentagramas: el legado

Eduardo Danauchans
Y mañana y pasado y ayer.( Entre el micrófono y la penumbra, 2001 )
Texto: E. Darnauchans Música: Estela Magnone
Estela Magnone: 1948. Compositora, multiinstrumentista y cantante uruguaya.
No hay nadie, no hay nadie
Golpeo en la noche y no hay nadie, no
No hay nadie, no hay nadie
Golpeo en la noche y no hay nadie, no.
Busqué por las largas llanuras
Busqué por la nieve y el sol
Miré por oscuras ranuras
Y nadie jamás contestó
No hay nadie… y no hay nadie, no
No hay nadie, no hay nadie
Golpeo en la noche y no hay nadie, no.
¿Vive alguien en el mundo ahora
O mañana o pasado o ayer?
Un teléfono algún telegrama
O alguna cadencia del ser
El pecado es ahora el silencio
La miseria del amanecer
Aunque siga brillando la luna
Y mañana y pasado y ayer.
Ilustraron:Tony Vaccaro, s/d,
Siempre dependí de la amabilidad de los extraños.TW

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