Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de EL Pueblo, Más o menos el mismo tránsito de pisadas.
Ahora no me conoces

Un humilde homenaje
Ahora no me conoces de la edición anterior:
Scaglia, Pérez, Monzeglio (José Pepe Torres)

Historias de Música
De lunes a viernes, de 12.00 a 13.00 horas.
Conducción de Luis Fernando Iglesias.
Emisora del Sur 94.7 Fm

Eduardo Mollo
De palabras y pentagramas: el legado

4.- Eduardo Darnauchans

(Segunda parte)

Semblanza desde opiniones autorizadas

Eduardo Milán:“ Era un hombre completamente fiel a sí mismo, fiel a sus
principios, en ambos sentidos del término. Es ese tipo de persona que ubica
dese temprano las cosas que le van a gustar toda la vida. Una especie de clásico
de la vida. Pero hubo algo que no salió de aquellos quince, de aquellos dieciséis,
diecisiete o dieciocho: la conciencia de que la vida para él iba a ser difícil. Y así
fue. Un trágico sabe de antemano lo que los demás descubren, sorprendidos, al
final. Y ese es el chiste de los demás. Y la tragedia del trágico.”
Hamid Nazabay:“ Musicalmente asociado al rock, sin ejercerlo explícitamente,
porque conviven en él el blues, el country, las baladas y las canciones sefaradíes.
Siempre con sentidas melodías y con el marco de su particular voz, de
entonaciones e impostaciones poco comunes y cargadas de hondo sentimiento.”
Víctor Cunha: …” Maldice si tiene actuación dos días seguidos, porque se cansa,
pero es capaz de salir a pie y cantar a cielo abierto en la puerta de un liceo,
porque alguien tiene que ir con los chiquilines.” … “ Exhibicionista y tímido,
agudo en sus respuestas, mentiroso hasta la imaginación, obsesivo hasta la
humildad…” … “ Sin haber llegado a los cuarenta, con algo de duende
elegantemente torpe, atildado en su desaliñe y ya sin tanto cristal en la
garganta, tiene que oír por la calle a adolescentes que no lo reconocen, pero
usan el vocablo “darnauchaneano” como adjetivo normal, o dicen ser o no ser
“darnoadictos”.
Tabaré Couto: … “ Un fantasma pop que reniega de las estrategias de marketing
o simplemente un hombre delgado, de ojos tristes y grandes, que se retuerce

interiormente mortificado y alimentado por sus propias contradicciones, esas
contradicciones que luego vuelca magistralmente en su música.”
Andrés Torrón:… “Darnauchans fue encasillado como un artista “oscuro” y
“maldito”. Hay justificaciones para eso. Sus canciones hablaban de angustia y
muerte, pero también tenían un lado esperanzado y vital. Su estirpe de poeta
maldito se contradecía con su afabilidad y espíritu solidario…”
El Grupo de Tacuarembó y las Canciones Sefaradíes

* GRUPO DE TACUAREMBÓ
Washington Benavides, conformó en su casa, hacia fines de la década del ´60, el
llamado “ Grupo de Tacuarembó ”, un verdadero movimiento cultural uruguayo,
del cual también formaron parte, entre otros, poetas y músicos de ese
departamento, como Eduardo Larbanois y Eduardo Lago (integrantes de "Los
Eduardos"), Eduardo Darnauchans, Héctor NumaMoraes y su sobrino Carlos
Benavides.
* CANCIONES SEFARADÍES
El folklore sefaradí es un folklore vivo, que se ha ido transformando a los largo
de los siglos, enriqueciéndose con la influencia de las culturas donde se
desarrolla, manteniendo durante estos cinco siglos, la lengua con la que partió
de Sefarad (nombre de la Península Ibérica en hebreo).
El cancionero sefaradí ha estado presente en Darnauchans casi desde los inicios
de su prolífica carrera. Sin embargo, es recién en 2004 que edita por la primera
vez, un disco integral sobre el tema. El resultado es un sensible y respetuoso
recorrido por las antiguas y bellísimas melodías cantadas en ladino. El ladino es
un idioma que muchos creen que está por extinguirse, pero al mismo tiempo
surgen tendencias, artistas y públicos que lo avivan y lo renuevan.

Daniel Da Rosa
Aguacero
No llueve
El sol se ha ido quien sabe adónde
La noche se persigna con la cruz del sur
y camina frente a las ventanas iluminadas
buscando quién sabe a quién
No llueve
El  cielo encajado de  estrellas
se va quedando sin aliento
y ya sin sombra voy por la vereda
esperando no sé qué cosa
de la vida
No llueve Ni lloro
Sólo hastío y las manos vacías

Las puertas que quedaron atrás
ahora  cerradas
se desvanecen en la niebla que comienza a bajar
por mi espalda encorvada
No llueve
para  que la soledad no se sienta tan sola
bajo  la luna que  allá quietita
pareciera que esperara mis ojos
No llueve
Ni  sapos y  ni adioses
Solo mis huesos crujiendo
ante el espanto de la inmensidad
del ya no ser
Ni llovizna
para descansar
de tantos demonios
de tanto dolor revestido
de piedras y espinas
Ni siquiera una garúa
que acompañe
esta tristeza
que de tan cerca
cada vez
se me va pareciendo.-

Historias mínimas

I
Osvaldo Ferrari estaba sentado frente a Borges, como otras veces, en un café
tranquilo de Buenos Aires. Conversaban. De pronto, el periodista hace
referencia a Nueva Inglaterra y los buenos poetas que ha dado esa región. Cita
a Robert Lowell, dos veces premio Pulitzer, que en Life Studies había
proclamado “Yo mismo soy el infierno”, y no se equivocaba. “Sí, por supuesto, yo
lo conocí”, afirma Borges, sin demasiadas ganas de afirmar. “¿A Robert
Lowell?”, pregunta Osvaldo, intrigado. “Sí, cuando estuvo aquí, en Buenos Aires.
Caramba, no sé si… quizá sea indiscreto decir que estaba pontificando en una
reunión, y vinieron a buscarlo de parte de la embajada de los Estados Unidos, y
lo llevaron al manicomio. Cosa muy triste estar así, pontificando, sintiéndose
muy seguro, y luego aparecen dos personas, silenciosas pero irresistibles… y se
lo llevan. Sí, bueno, pero olvidemos eso. [Años después] Yo estuve con él en
Inglaterra, y él había sin duda olvidado ese episodio, y yo también lo olvidé. Por
lo menos mientras estuvimos juntos”.

II
Dos jóvenes fueron  a ver a Juan Carlos Onetti. Llamaron y llamaron a la puerta
hasta que al fin se deslizó un papelito con la letra inconfundible de Onetti por
debajo de la puerta, que explicaba: “Onetti no está”»
III
Alguna vez leí que cuando William Faulkner murió, en su pueblo natal de
Oxford, Mississippi, los negocios locales pusieron un cartel que decía: “En
memoria de William Faulkner, este negocio permanecerá cerrado desde las 2.00
hasta las 2.15 pm. 7 de julio de 1962”. Fue un homenaje modesto, corto,
brevísimo, pero que la historia no olvidó. La brevedad es efectiva, y no por ello
breve, si deja eco.
IV
Hablar se vuelve por momentos una montaña escarpada, traicionera, en cuya
cima no hay gran cosa, salvo vistas a la niebla y bajas temperaturas. Cada frase
es una tribulación, el martirio. Hay que concebirla, pensarla, estructurarla,
enunciarla, esperar que se entienda, lo que a menudo no ocurre, afrontar las
reacciones, y comenzar otra vez, frase nueva, pensar, estructurar… Juan
Carlos Onetti, camino ya de sus años cabizbajos, en su piso madrileño de la
Avenida de América, recibió un día una invitación para impartir una conferencia
en México D.F., en el marco de un congreso de escritores. Todo el mundo sabía
cómo era Onetti de parco. Le costaba dar conferencias, incluso dar monosílabos.
Tal vez por eso evitó decir “no”, y se limitó a hacer una pregunta esclarecedora a
los organizadores: “¿Y en esa conferencia, tengo que hablar?” Hablar es a veces
lo único que no está dispuesta a hacer incluso la gente muy expresiva, como
Onetti, capaz de desnudar al individuo en una frase, a cambio de que sea escrita.
V
Pocas palabras a veces son muchas. Incluso cuando decides callar, el silencio se
vuelve numeroso, bocazas, insoportable. Le pasaba a Paul Wittgenstein con
su hermano, cuando vivían en la mansión familiar de Viena. Paul tuvo que
interrumpir un día sus ejercicios de piano a una mano —no tenía más— para
golpear la pared que daba a los aposentos de Ludwig, donde este escribía en
silencio el Tractatus. “¡Cómo pretendes que toque el piano con tu escepticismo
metiéndose por debajo de la puerta!”, le gritó.
P.d.
El checo Kostia contó que tres días antes se había cruzado con Horacio Quiroga
por la calle. Iba vestido como un clochard, la barba le devoraba más de la mitad
de la cara, venía siguiendo desde el Parque Japonés a la última mujer que siguió
por la calle, una beldad que cortaba la respiración. Era la famosa viuda de
Gómez Carrillo, que por entonces noviaba con Saint-Exupéry. Kostia se lo
estaba diciendo cuando el francés salió del Hotel Plaza al encuentro de su dama
y la abrazó. Quiroga, contemplando la escena, murmuró: “Me hubiera gustado

ser aviador”, y se fue, envuelto en su sobretodo con el pijama abajo en pleno
enero, rumbo a su cama en el Hospital de Clínicas.

 

Alvaro Ojeda

Los adioses

he pasado la noche
hablando con los muertos
de fondo los stones
carlos di sarli
chopin
gozos aleves en el palacio
de plutón
migas de azúcar en el palacio
de proserpina
el peaje de los muertos
el infinito peaje de los muertos
en versos destemplados
pleno junio: los pies fríos
toda la poesía
es un puro apronte.

Edgardo Taranco

ilustraron, Fuentes, Torres, s/d,

Nuestro pueblo es tan sinuoso como su gente.OAC

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