Patrimonio de muchos nostálgicos

Con motivo del día del Patrimonio Nacional, se
desarrollaron varios eventos, entre ellos el viernes 4 hubo
una muestra de autos antiguos, relacionados con el Ford
T, de los primeros vehículos que a principio del siglo XX
comenzaron a circular en nuestro país.
Todos conocemos de alguna manera la historia del auto,
para profundizar un poco más dialogamos con el Sr.
Néstor Boidi, que estaba acompañado por el Sr, German
Canto representando a un médico de la época con su
vestimenta y su Ford T.

Entrevista al Sr. Néstor Boidi organizador con el Sr.
Germán Canto de la muestra de Ford T en Santa Lucía, en
el marco del Patrimonio Nacional.

E. P. – Séptimo encuentro de autos Ford.
N. B. – Es el séptimo encuentro de Ford T que este año
nos tocó ser anfitriones en Santa Lucía y la ciudad de
Canelones. Esto es en el marco del días del Patrimonio,
por eso lo hemos denominado Patrimonio sobre ruedas.
E. P. –No debe ser fácil mantener este rico patrimonio, los
vehículos se ven impecables.
N. B. – Lleva un gran esfuerzo, mucho dinero, muchísimas
horas, ganas, visión, capricho de tenerlo como era el
original. Muchas de estas cachilas están perfectas y te lo
digo con propiedad porque manejé una Ford T, mi primer
auto.
Cuando estas cachilas marchaban como autos de calle,
mecánicamente estaban como están estas, porque aquel
dicho muy común atadita con alambre, era la forma de
cómo se arreglaban y marchaban, pero están impecables.
E. P. – ¿Estas cachilas, ustedes las compran porque de
repente está abandonadas por ahí en algún galpón?
N. B. – Hay de todo origen, la cachila del abuelo, la del
papá, la cachila que uno la vio un día en una película del
Gordo y el Flaco y se le ocurrió tener una igual, un joven
que no tiene idea de lo que es un Ford T, pero que en
encuentros como estos tuvo un contacto, buscó,
encontró uno, después viene la restauración.
Cómo se consigue, la mayoría antiguamente cuando no
teníamos comunicación internacional, era a través de
algún viajero que podía traer repuestos del mercado de

EEUU, los chinos, que estaba fabricando réplicas de
repuestos, pero la mayoría de estas, están arregladas a
través de una búsqueda con la lupa, taller por taller,
pueblito por pueblito, galpón por galpón, estancias,
donde se puedan encontrar, prestando el oído en algún
boliche, llegar haciéndose el tonto a un bolichón de
campaña, no habrá alguno que tenga una cachila como
para comprarla y dejarla nueva o una desecha para
sacarle repuestos, porque la mayoría han querido tenerla
con los repuestos restaurados o limpios para tenerla de la
mejor forma posible.
Hoy en día tenés un manual, pones el Nº de pieza y te lo
mandan pagando los impuestos correspondientes
enseguida, desde cualquier parte del mundo.
E. P. –Hay muchos nostálgicos, esas personas que tienen
una abandonada en un galpón y se la va a comprar. ¿Se
resisten a desprenderse de ese patrimonio que de
repente perteneció al papá o abuelo?
N. B. – Hay de todo, está el que no lo valora, que dice
vaya y me limpia el galpón llevándosela, está el otro que
se apega y no quiere desprenderse, como está también el
otro que está confundido, que las ve acá preciosas, y de
repente por una cachila que tiene su valor, pero el que la
quiere vender tiene que ponerle un valor de mercado, y
te sale pidiendo lo que nadie se lo va a pagar, porque dice
esa cachila la vi en una muestra, pero no sabe que acá
hay horas de trabajo, horas de taller, de búsqueda de

repuestos. Cuando te preguntan cómo están estas,
cuánto vale, hay una ecuación que está en la línea media,
entre las necesidades del que la tiene que vender y del
que la quiere comprar, la oferta y la demanda.
No hay un precio, está el que la vende porque necesita la
plata, el que pide más y no la va a vender nunca, porque
cree que en el galpón tiene USD 20,000 abandonados,
pero acá hay que ponerle UDS 18,000 para arreglarla, en
horas, en tiempo y plata, o está el amigo que se la arregla
gratis pero le lleva tres años porque lo va haciendo en los
ratitos libres.
E. P. – Acá hay siete u ocho en exposición, luego vendrán
otras tantas, ¿promedialmente en Uruguay, cuántos
cachilas hay de ese tipo?
N. B. –Hay un museo privado Ford City, pero hemos
llegado a hacer encuentros. En el año 2008, de Ford T,
juntamos más de cincuenta cachilas en Tacuarembó, de
Uruguay y algunas que vinieron de Argentina. En
Tacuarembó hay un compañero que tiene
aproximadamente 30 cachilas en un museo, todas
andando, distintos modelos, desde un carro a una carroza
fúnebre y el primer taxi que hubo en la ciudad de Colonia,
que hacía del puerto al Real de San Carlos, que es un Ford
Limousine de 1909, según los papeles que tiene él.
Tuvimos la oportunidad de mantener contacto con los
anteriores dueños y en la libreta de circulación aparece la
fecha de 1908 y es el mismo modelo.

E. P. – ¿Qué modelos tenemos en esta muestra?
N. B. – Tenemos uno de 1918 modelo, es una cupesita,
después otro modelo con la valija en la colita, hay otra de
1916, la trompa y el capó son distintas a la anterior, la
toscas cuadradas, con remaches. Tenemos una en
reconstrucción, el dueño es de Santa Lucía, le pedimos
que no le toque la chapa porque está en muy buen
estado, original, que también eso se valora. Otra de 1923
es de Germán Canto. Esta cachila tiene una historia, fue
de un caudillo político del partido nacional. Tiene mucho
recorrido, las usaban en las campañas políticas, por
ejemplo. Después pasó por varias manos hasta llegar a
Germán. Ha ido con está cachila a Córdoba, Argentina, ha
participado en varios Rally Río de La Plata, en el Uruguay
por todos lados, siempre andando, no arriba de un traílle,
es un vehículo muy noble. Tenemos este carro de
Bomberos, que es Ford T también, de 1924. Fue
reconstruido por la familia Praderio de La Floresta, tenía
una marcha de 40 kilómetros hora.
E. P. – ¿Qué descubrió? ¿Qué le trasmite para encariñarse
con la Ford T?
N. B. – En toda mi familia nos alimentamos de una Ford
T, historia aparte. Mi padre y mi tío que eran socios.
Cuando piensan independizarse de mi abuelo que tenía
una industria, fueron a un remate y compraron un Ford T
destartalado que se lo hicieron pagar como diez pesos
más de la época, pensando que le estaban haciendo una

broma, porque creían que no lo iban armar. Pero ellos no
estaban comprando simplemente un cachilo, estaban
comprando el germen de una industria. Compraron el
motor, el chasis y con dos de las tres ruedas armaron una
sierra, para tener un taller de carpintería. El motor hacía
marchar la sierra, hacía marchar un tostador de maíz, de
hacer gofio y otros derivados. Todo eso fue hecho de una
Ford T comprada por unos sesenta pesos. Mi padre está
vivo, después mi padre en seis meses de trabajo en un
taller, logró comprar una cachila de 1927. Era un Uruguay
distinto, por cierto, hoy está guardada y cuidada en un
galpón porque fue mi primer vehículo, de trabajo, de
garufa, de salidas al Club Social de Canelones y
alrededores. Tiene su historia, la mía es parte de ella.

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