Jardines comestibles

Tienen que ser tiempos para replantearse cosas y costumbres, se trata de
dejar de preocuparnos para comenzar a ocuparnos por temas como
contaminación y alimentación saludable, indica Paula García Novo, vecina
de Santa Lucía que comenzó a cultivar un jardín que fue convirtiéndolo en
un bosque comestible.
Agrega que cada vez es más importante en todo el mundo aprender a
sustituir las prácticas de la jardinería convencional basada en la estética.
La propuesta es una jardinería que promueva la vida, la biodiversidad y la
salud del suelo, logrando también un hábitat y refugio de especies
actualmente amenazadas.
Tener un bosque o un jardín comestible solo es una cuestión de escala si
la persona tiene 100 metros o un terreno de 1000 metros. El contar con
más terreno brinda la oportunidad, por ejemplo, de contar con árboles
más frondosos para integrar a la vegetación y así toma más apariencia de
bosque. La intención es la misma, ese jardín tan lindo a la vista puede ser
mucho más que flores, aromas, plantas y colores. La alternativa es que se
pueden aprovechar esas plantas, además de apreciarlas visualmente, al ser
también productivas, con hojas, frutos, flores y raíces que se pueden llevar
a la cocina.
Cultivarlas pero conocerlas
Cultivar le ha significado a Paula aprender muchísimo, estudiar y seguir
haciéndolo. Remarca que cada planta del jardín que se pretenda utilizar en
la cocina, tiene que ser conocida y estudiada previamente con mucho
cuidado. Es necesario, además, aprender características y sus eventuales
cuidados. Algunas de las plantas, por ejemplo, no se pueden comer crudas
sino muy cocidas para evitar sustancias que al cocinarlas se diluyen en el
agua y la planta deja de ser peligrosa, pasando a ser solamente nutritiva.
Algunas no son comunes, no se encuentran en la verdulería ni en el
supermercado pero son comestibles y muy nutritivas, incluso muchas lo
son más que las que se encuentran en el mercado.
Para poder crear el paisaje, ese bosque comestible que hay en su patio,
Paula trabajó para verlo crecer y ahora está pronto para que lo vea quien
quiera verlo y aprender, reafirmó. Indica que cultivar significa también
responsabilidad con la comunidad. Ofrece a quienes quieran llevar alguna
semilla o plantín para su casa y que la gente aprenda a tomar un poco más
la rienda de su propia alimentación.
Expresa con todo entusiasmo, que siempre se puede plantar en casa aunque
sea en una jardinera, algunas sirvan de alimento, infusiones o de
condimento para nuestra propia comida.

Esta es una forma de disminuir el impacto de todos los venenos que
recibimos de todas las formas, tanto es así que hasta glifosato en el agua de
lluvia tenemos, específica Paula.
En su bosque comestible no se usan fertilizantes químicos, ni herbicidas ni
nada, porque no constituyen plagas, dado su manera de cultivar evita la
aparición de plagas.
Intercambiar y enseñar para crecer
Paula le llamó a su espacio Bosque Curupira, ese terreno que le fue
ganando a los escombros desde hace siete años, cuando comenzó.
Hoy busca la manera de que toda la comunidad pueda aprender e
involucrarse con lo que significa un jardín o un bosque comestible.
Las propuestas que ofrece Paula García Novo son muy interesantes.
*Formar una red funcional de ayuda mutua entre los que ya están
cultivando y los que quieran comenzar.
*Hacer eventos colectivos de diseño e instalación de bosques para
miembros de la red.
*Multiplicar especies para usar en la instalación de bosques de miembros
de la red.
Paula, además asoció las herramientas informáticas de comunicación
creando una página, la https//
www.facebook.com/bosquecomestibleuruguay .
www.youtube.com/channel/UC5NYYxjBVt4YxWUxn72xRCQ
A través del canal en YouTube, que se llama también Bosque Curupira, la
gente que se interesa entra, aprende e intercambia. La intención es
compartir esas varias herramientas aprendidas sobre el cultivo orgánico y
su equilibrio, para concientizar sobre la naturaleza y sus virtudes,
asociándolas con un buen manejo.
También brinda su número de celular el 0984 51938. porque como reitera,
está dispuesta no sólo para la consulta sino también para la sugerencia
porque hay mucha información que se incrementa semana a semana.
Siempre se pueden buscar las soluciones durante el curso, hay material en
la página, incluso poder contactarse personalmente y poder estudiar las
respuestas para las interrogantes de los cultivadores.
Paula remarca que lo suyo no es vender ni plantines, ni semillas, ni tiene un
biberón de vender servicios, sino ofrecerse voluntariamente a quien tenga
interés de cultivar en el espacio que tenga. Se trata de aconsejar cuándo y
cómo plantar, en que terrenos si húmedos o arenosos. Todo esto va a ir
apareciendo en el curso gratuito online, que ya está disponible en YouTube.
Invasores e invasivas
Si bien los transgresores hemos sido los seres humanos, mucho por
ignorancia y otro por indiferencia, hoy estamos rodeados de especies que
son realmente invasivas. “Plantamos donde no debemos y lo que no
conocemos, tenemos especies que son un problema en todo el pueblo en

general”, inclusive el monte nativo del Santa Lucía está lleno de freznos y
ligustros. Otra planta muy común son las ligustrinas, la zarzamora, otro
árbol con espinas que también se reproduce muchísimo y todas son
especies exóticas e invasivas, adjunta Paula. Tanto es así que en Santa
Lucia se podría formar una red de gente interesada en hacer una campaña
de sustitución de especies exóticas invasivas que se encuentran en las
veredas, fondos y jardines, por especies nativas. Para eso hay que conocer
y saber cuáles son las posibilidades.
Lo más indicado sería ir sustituyendo, por ejemplo fresnos y ligustros por
especies nativas, que además están adaptadas a nuestro terreno con un
hábitat natural de fauna, aves y muchos, además, con frutos comestibles y
que no son invasivas. Falta mucho por conocer sobre árboles y saberlos
plantar, incluso para evitar daño sobre las construcciones. Agrega que sus
frutales no se podan porque le significan una agresión de la que después
precisan recuperarse y sanar. Una poda es una herida, además de una
fuente de entrada de enfermedades, aunque se tengan que mantener algunos
excesos, por ejemplo en la época de otoño, todo lo que es enredadera. Otros
elementos que Paula defiende para lograr un bosque natural comestible es
no dar vuelta tierra, porque es algo que se va estableciendo solo, ni mata
hormigas, ni caracoles, ni saca malas hierbas porque todo eso forma parte
de la ecología que la naturaleza la administra por sí misma, reafirmó.
La gente no interpreta a las plantas como seres vivos sino como muebles
que lo saca de acá y lo pone allá. En realidad, cada cosa que se le hace a
una planta le implica una readaptación al nuevo aire, a las plantas vecinas,
al nuevo suelo. Al bosque comestible, una vez que está establecido cada
vez se le toca menos, por eso hay mucho para aprender, sugiere Paula.
La gente no se da cuenta que todos estamos colaborando, si tenemos un
fresno en la puerta, porque estamos contribuyendo a la diseminación de
esa planta exótica y muy invasiva. Por años se han ignorado otras especies
que cumplen la función de sombra, de adorno y frutos.
Antes de hacer campañas masivas de educación, que no están de más, pero
que a veces se pierden en el aire, sería cuestión de que cada uno en su casa
pusiera su granito de arena. Quién dice que dentro de una década o más,
tengamos una ciudad de Santa Lucia llena de bosques comestibles y con
más producción orgánica, reflexiona Paula.
Y.S.

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