Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

La madriguera presenta

 

El hombre no es un ser sencillo. John Cheever

 

Para describir este simulacro de paraíso, Cheever contaba con una vista privilegiada. Después de todo, él era uno de ellos. Era un espía de su propio mundo. Con su acento de distinguido caballero inglés y trajes de tweed de Brooks Brothers, Cheever se paseaba como un ciudadano prominente por el suburbio residencial de Ossining, en Westchester, a hora y pico de Nueva York, donde vivió la última parte de su vida. «No nací en una verdadera clase social, y desde muy pronto tomé la decisión de infiltrarme en la clase media como un espía para poder atacar desde una posición ventajosa, solo que a veces me parece que he olvidado mi misión y tomo mis disfraces demasiado en serio», reveló en sus Diarios. Pero, entonces, ¿quién fue John Cheever?

Nacido el 27 de mayo de 1912 en Quincy, Massachusetts, de madre inglesa y padre vendedor de zapatos, Cheever dedicó la mayor parte de su vida a beber y escribir. Esto último lo hizo magistralmente y hasta el fin de sus días; hasta convertirse en uno de los más grandes narradores estadounidenses de su generación. «Los años 50 y 60 hubieran sido diferentes, o hubiesen quedado grabados de una manera distinta, sin la escritura de Cheever», dice la escritora y traductora Esther Cross. «Narra como nadie un determinado momento: el éxodo de los baby boomers de la posguerra rumbo a los barrios residenciales. Pero, a la vez, inventa ese territorio que hasta entonces no tenía su Virgilio que lo narrase», observa Fresán. «Es uno de los más grandes escritores de todos los tiempos. Comparte ese podio con Kafka, con el agregado de que es mucho más difícil encontrar el infierno en las relaciones cotidianas de una clase como la de los Estados Unidos de los 50, que en el mundo en el cual se enclaustró Franz Kafka»,En 1975, el alcohol lo deja al borde de la muerte. Cheever, el escritor de la Era Dorada, se interna en una clínica de rehabilitación en el Upper East Side. Al salir, y en sus últimos siete años de vida, nunca probará otra gota de alcohol. En una de las entradas al final de su diario escribió: «La literatura ha sido la salvación de los condenados; la literatura ha inspirado y guiado a los amantes, vencido la desesperación, y tal vez en este caso puede salvar al mundo». (Rodrigo Fresan)

 

Título original: Falconer

Traducción: Alberto Coscarelli

Editorial: Emecé, Barcelona, 2005.

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