Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, trofeos rescatados, alguna curiosa sugerencia, un hecho que no conduce a nada, y uno o dos relatos. Eso
es todo.
Ahora no me conoces
¿Dónde estamos?


Ahora no me conoces edición anterior
Omar Adi Córdoba, Darío Enrique Pedrazzi, Pedro Hackembruch, y Ringo Sacco Tirelli
(Susana López)

 
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Jorge Luis Borges
1970: Año de importantes logros
En abril de 1970 se publica El informe de Brodie, libro que consta de
un prólogo y once relatos llamados: La intrusa, El indigno (en homenaje a
Roberto Arlt), Historia de Rosendo Juarez, El encuentro (dedicado a Susana
Bombal), Juan Muraña, La señora mayor, El duelo, El otro duelo, Guayaquil,
El Evangelio según Marcos y El informe de Brodie.
Comentando este libro María Esther Vázquez nos dice: “De los once
cuentos del volumen, el único que no relata una historia de odio, de sangre, de
violencia, de rivalidad o de muerte es ‘La señora mayor’, cuya protagonista se
aparta del tipo de mujer deleznable, vengativa, frívola, o que vive solo para
satisfacer la lujuria de los hombres, tal como suelen ser los personajes
femeninos en la obra en prosa de Borges.” 1
A excepción de El informe de Brodie todos los cuentos transcurren en
escenarios referentes al mundo social, económico y cultural de la República
Argentina; dicho cuento se diferencia también de los otros en su estilo fantástico
mientras que los demás se asemejan al realismo. Dice Borges en el prólogo:
“He intentado, no se con que fortuna, la reducción de cuentos directos.
No me atrevo a afirmar que son sencillos; no hay en la tierra una sola página,
una sola palabra, que lo sea, ya que todas postulan el universo, cuyo más notorio
atributo es la complejidad. Sólo quiero aclarar que no soy, ni he sido jamás, lo
que antes se llamaba un fabulista o un predicador de parábolas y ahora un
escritor comprometido. No aspiro a ser Esopo. Mis cuentos, como los de las Mil
y una noches, quieren distraer y conmover y no persuadir. (…) 2
El tema del duelo está presente en cinco de estos cuentos y sus
protagonistas pueden ser tanto gauchos analfabetos o compadritos de arrabal
como personajes de clases altas.
En El encuentro el enfrentamiento ocurre durante una reunión de
personas adineradas que se encontraron para comer un asado en la casa de
campo de uno de ellos. Al cabo de un rato de conversación sobre temas más bien
frívolos (hablaron de mujeres, de sastrería, de carreras de caballos y de autos) y
a esa altura ya bajo los efectos del alcohol, uno de los visitantes de nombre
Uriarte desafía a otro llamado Duncan con el que tenía una vieja enemistad, a
una partida de póquer mano a mano y, en el curso de esta, se produce un
altercado donde Uriarte, furioso, provoca a Duncan. Como el dueño de casa
tenía una colección de cuchillos que pertenecieron a cuchilleros famosos los
duelistas acudieron a ella para elegir cada cual su arma. En el transcurso de la
lucha Uriarte, que había elegido la daga más larga, mata a Duncan para después
ponerse a llorar sobre el cadáver de su oponente. Al final Borges da un toque
fantástico al relato atribuyendo el protagonismo principal a los cuchillos y no a
los individuos que ocasionalmente los portaron; estos puñales habían
pertenecido a dos legendarios pendencieros (Juan Almanza y Juan Almada) que
rivalizaban entre sí porque, por el parecido de sus nombres, las “hazañas” de
uno solían ser adjudicadas al otro, pero nunca tuvieron ocasión de enfrentarse.
Aquí las armas encontraron su oportunidad. Así lo relata Borges:
“Maneco Uriarte no mató a Duncan; las armas no los hombres pelearon.
Habían dormido, lado a lado en la vitrina, hasta que las manos las despertaron.
Acaso se agitaron al despertar; por eso tembló el puño de Uriarte, por eso
tembló el puño de Duncan. Las dos sabían pelear –no sus instrumentos, los
hombres- y pelearon bien esa noche. Se habían buscado largamente, por los
largos caminos de la provincia, y por fin se encontraron, cuando sus gauchos ya
eran polvo. En su hierro dormía y acechaba un rencor humano. 3
En El otro duelo los antagonistas son, esta vez, dos gauchos analfabetos,
Cardoso y Silveira, que vivían en Uruguay, en el Departamento de Cerro Largo.
Hacía tiempo que viejos rencores los habían distanciado pero nunca habían
dirimido sus diferencias y vivían con su odio a cuestas. En cierta ocasión estalló
una guerra civil entre blancos y colorados y ambos fueron enrolados en uno de
los bandos. Sucedió que la facción donde combatían fue derrotada por el otro
ejército. Juan Patricio Nolan, el comandante de los vencedores, ordenó degollar
a todos los vencidos. Pero sabiendo de la vieja enemistad entre los dos gauchos
se le ocurrió una broma macabra: dispuso que, una vez ajusticiados, corrieran
una espeluznante carrera de degollados para poner fin a su rivalidad. Uno de
ellos, al caer, estiró los brazos y fue considerado ganador.
En La Señora mayor evoca las glorias militares de un bisabuelo suyo (un
poco conocido héroe de la independencia pero, no obstante, había tenido una
actuación decisiva en importantes batallas); un guerrero sin teoría militar del
cual el escritor opina: “Es harto verosímil que los profesores del Colegio Militar
lo hubieran aplazado; solo había cursado batallas, pero ni un solo examen”. Se
trataba del Coronel Manuel Isidoro Suárez (en el cuento Borges lo llama
Mariano Rubio); dicho militar sirvió en el Ejército de los Andes comandado por
el General San Martín. Peleó por la independencia de Chile en las batallas de
Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú y en la campaña del Perú: Arequipa, Nazca,
Cerro del Pasco, Sitio De El Callao, Batalla del Mirave (donde lo ascendieron a
Teniente Coronel) y en la decisiva acción de La Pampa de Junín, donde obtiene
el grado de Coronel. 4 También combatió en la Batalla de Ituzaingó a las órdenes
de Alvear. En tiempos de Rosas adhirió a los unitarios (era hombre de Lavalle) y
consiguió un triunfo sobre los montoneros. Cuando el bando unitario fue
derrotado se refugió en el Uruguay, se casó y tuvo dos hijas. Murió en
Montevideo en la época que fue sitiada por Oribe. 5
El cuento gira en torno a la hija menor del héroe a la que llama María
Justina Rubio de Jáuregui a partir de fines de 1853 en que la viuda del coronel y
sus hijas se mudaron a Buenos Aires; María Justina se casó y tuvo tres hijos, un
varón y dos niñas.
La señora mayor como llamaba Borges a María Justina seguía el
pensamiento de sus antepasados: era contraria a Rosas, Artigas y Urquiza (se
identificaba con los unitarios contra los federales); a los españoles les llamaba
“godos” como en la Guerra de la Independencia. A las calles de Buenos Aires las
seguía llamando con la nomenclatura antigua: calle de las Artes por Carlos
Pellegrini, del Temple (Viamonte), del Buen Orden por B. Irigoyen, de la Piedad
por Bartolomé Mitre. A los uruguayos los llamaba orientales. Era católica y
rezaba diariamente sus oraciones apoyándose en las cuentas de su rosario. Para
ella los masones, ateos, judíos, protestantes y herejes eran todos lo mismo y no
significaban nada. No era intelectual; le gustaban las plantas y la vida sencilla.
Solía hacer relatos históricos de los tiempos de las gestas patrióticas.
En cierta ocasión, con motivo de cumplirse años del nacimiento de su
padre, visitan su casa un ministro y otras autoridades. Hubo muchos invitados y
el ministro hizo un discurso alusivo donde habló más de San Martín que del
héroe homenajeado. Pero para ese entonces la señora mayor que ya era muy
anciana, tenía ochenta y ocho años, y había entrado en una especie de letargo
donde casi no conocía a las personas. Murió a los pocos días de realizarse la
conmemoración, quizás por el estrépito de la fiesta.

 
Alfredo Gomez
Abro una ventana y entra un recuerdo.
En otro lugar sucede lo mismo.
Fatalidad del tiempo, molino de siglos.
Los pensamientos, flores, se van marchitando,
memoria sin cuerpo, perfumes de años.
Abro una letra y encuentro vacíos,
me adentro en ellos y son espejismos.
En el canto de un pájaro el eco de un nombre,
que sonaba a diario y que hoy no responde.
Abro mis manos al calor del día,
un cencerro triste suena despedidas.
En la luz cabalgan viejas melodías.
Ahogadas de cielos, no mueren: respiran.

 

Una pregunta de miércoles
¿Cuál es la mejor escena cómica del cine? (II)

Rúben Rodríguez: He visto muchas, como todos y muchas como a todos nos
ha pasado las he olvidado, pero inolvidable como el título de la película y por
eso la comento ante su requerimiento, es la escena de Peter Sellers atándose los
cordones de su bota apoyando el pie en el detonador de la dinamita que iba a ser
activada cuando en la película en rodaje de la que su personaje era un simple
extra se dinamitara un fuerte militar. Esta simple distracción destruyó una
escenografía millonaria, arruinó el rodaje y arruinó la carrera de Peter siendo
esta escena el comienzo de la película inolvidable llamada "La Fiesta
inolvidable". Inolvidable también, de las escenas de la misma película, del mozo
borracho tratando de recuperar un trozo de pollo asado que accidentalmente se
le vuela de la bandeja en un tropezón cayendo sobre la cabeza de una comensal
de la fiesta y que no se había percatado de ello.
Paolo Pedrazzi: Cuando era chico “Mi pobre angelito”, recuerdo mirándola en
el patio de casa con Juan Andrés, Juanjo y papá.
Gustavo Morales: Mi aporte es una escena de aquella película en la que
participaron grandes cómicos argentinos. Trabajaban en una zapatería un grupo
de amigos que decidió alquilar un bulín. Entre ellos estaba Alberto Olmedo;
Jorge Raúl Porcel de Peralta; Mariquita Gallegos; García Grau; Mimí Pons, etc.
Recuerdo que en una escena en dicho apartamento estaba Mimí Pons
exhibiendo sus senos y se negaba a acostarse en la cama redonda porque había
sábanas usadas. Su exclamación fue: " Fulana pero limpia."
Dicho film fue exhibido en el ex Cine Censa en el año 1972, cuando lo vi, siendo
un adolescente de doce años. Me dejaron entrar con mis padres y una tía
hermana de mi padre, pero para la moralidad de la época creo que no podía
ingresar.
Luis Mario González:: Me río más con escenas que no pertenecen al género
de humor . La escena de Pacino en el supermercado en Espantapájaros. El
dialogo de Deneuve y Almaric en Reyes y Reinas. Bacri en Como una imagen.Y
por supuesto con Woody Allen y Billy Wilder.
Guillermo Durán ;Cualquiera de Jacques Tati.

 
Daniel Da Rosa
Pasa un tornado frente a mi casa
Se lleva consigo algunos árboles
la oveja y el viejo auto
Estoy mirándolo desde la ventana
Se detiene sobre un brocal abierto
y se arroja dentro
Sin embargo la tarde está sombría
y el frío baja por las paredes
No tenemos electricidad
y el agua del estanque
tiembla
Un caballo cae con sus ojos desorbitados
frente a la puerta de mi casa
veo su inmovilidad
y sus dientes esparcidos por el jardín
las patas cruzadas
Bajo al sótano
Tomo una cerveza y miro sobre la mesa
el poema sigue ahí esperando
que mi mano la acaricie
pero mi mano como el agua del estanque
tiembla.

 

 

La Madriguera presenta:

Grupo Gente
Charla a cargo de

Omar Adi Córdoba y Rodolfo J. Fuentes
Sábado 27 de abril 19 horas

Rivera 480.

 

 

Ilustraciones Rodolfo Fuentes , Gente, Gentileza de Julieta Quiroz. s/d.
"A veces, las cosas están ahí. Solo hay que saber mirar" HC

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