Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, fragmentos, imágenes, historias y sueños que se entrelazan . Ese potencial de contrariedad se alza
como una enciclopedia de la desorientación.
Ahora no me conoces

Ahora no me conoces edición anterior
Plaza Bar, el Escopeta Perez y el Largui, Rivera y Rep. Argentina(José Pepe
Torres)
Alfredo Gomez
Escrito hace mucho tiempo
Cuando escribo, como escribía antes, hace muchos años, se borran los
contornos de la realidad y aparece otra que a veces duele, y otras me acuna. Me
he refugiado antes en ese mundo ilusorio de planetas diminutos, de infinitos
agolpados, donde lo que transcurre es otra cosa fuera del tiempo y el espacio.
Me obligan a este mundo los niños, me piden que los cuide, que les haga sus
comiditas, les cante mis canciones. Tuve entre ellos amores, -no muchos- para
los que no fui suficiente, o al menos así me lo dejaron saber. Pasé la vida
queriendo ser querido, y para eso daba lo que podía dar, y también entre lo que
di, según dicen, (nuevamente) di cosas que no gustaban, lastimando y sin
saberlo.
Amar es una desventaja, si no se sabe cómo. Pienso que he cometido ese error,
por pura torpeza y en vez de amor he dado dolor, flores del mismo árbol,
distintas para quien las conoce.
Duele pensar que lo sublime puede valer lo mismo que un escupitajo. Que la
vida que se entrega, que la vida que se otorga, no valga más que una tarjeta y un
obsequio navideño.
He visto lugares del mundo que nunca pensé llegaría a conocer. Mi madre me
enseñó un idioma y ahora hablo tres, o cuatro, o tal vez ninguno, a todo esto. Sin
embargo allí, donde pensé maravillarme, la sorpresa estuvo ausente. No fueron
las catedrales, ni los antiguos monumentos los que llenan esos recuerdos, es,
por ejemplo, un viejo portugués que en una calle de Albufeira, se cruzó conmigo
y bailoteó unos pasos al son de una música que yo improvisaba en mi armónica,
y sin decir palabra, nos rozamos las manos y seguimos en direcciones opuestas.
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS/ Jorge Luis Borges
Casamiento con Elsa Astete Millán. Romance y desengaño.
Se conocieron en La Plata el año 1931; el tenía 32 años y ella 20. Los presentó
Pedro Henríquez Ureña, escritor dominicano exilado en Argentina.
Probablemente su presencia haya subyugado a Borges porque según lo que
contó Elsa no la dejaba ni a sol ni a sombra. Pero el romance se frustró porque
ella se casó con un militar llamado Albarracín con el que tuvo un hijo. No
obstante el afecto del escritor persistió y en los años 1943 y 44 le envía cartas
que denotan un apasionado amor tal vez no correspondido. Veamos una de esas
cartas que transcribo por su valor literario:
“Hoy 4 de febrero de 1944.
Elsa
Pienso continuamente en usted, con una intensidad que no se distrae, con una
desesperada y vana riqueza. A veces me asombra ingenuamente que ese
continuado pensar no la acerque a usted, no me traiga una línea suya o su voz,
o siquiera el encontrarme en la calle con alguien que la conoce.
Ensayo inútiles ejercicios de magia: paso el día entero fuera de casa para
facilitarle al destino (de cuya existencia descreo, naturalmente) la producción
de una carta suya, de una línea trazada por su mano. Los días y noches de
soledad que me abruman no sólo son muy tristes para mí; son de algún modo
irreales también, porque usted, Elsa, no está en ellos.
Anteayer fui a Sur: corregí las pruebas del breve cuento Tema del traidor y del
héroe y agregué la dedicatoria, saldrá creo, en el número 112. (La Prensa y La
Nación, el domingo se ocuparon de mi libro de poemas: la primera con
generosidad, la segunda, con resignación y moderación.)
No sé por qué le escribo estas fruslerías, que le ocurren al otro, a Jorge Luis
Borges, no a mí, que únicamente soy ahora una infinita, una infatigable
nostalgia.
No sé cuando leerá usted esta carta. La semana que viene, emprenderé la
peregrinación a La Plata. Elsa, recuérdeme; llámeme cuando venga. Trabajo,
a pesar del verano, bastante; hay muchos libros que la esperan.
Suyo.
Jorge Luis Borges”
Borges se engañaba con respecto al carácter intelectual de su amiga, fuera de un
posible barniz cultural que pudiera tener, cosa que comprobó años más tarde.
Pero poco después el romance se interrumpió; tal vez ella no respondió a sus
requerimientos y, ese mismo año de 1944, Borges conocería a Estela Canto que
lo hizo olvidar de los amores pasados.
Por los años 60 Elsa Astete enviudó y se volvieron a encontrar con motivo de
una conferencia que dio el escritor. Cuando finalizó ella se acercó para felicitarlo
y de ahí se reanudó la relación. Se casaron en setiembre de 1967 pero no hubo
luna de miel porque la que se había programado en la estancia de Bioy Casares
se suspendió por ciertos inconvenientes de último momento. Al final los recién
casados durmieron cada cual en su casa para después mudarse a un
apartamento en la calle Belgrano. Leonor, la madre de Borges, tenía dudas sobre
esta boda porque Elsa no sabía inglés, y esa era a su ver una importante
limitación. La predicción se cumpliría poco después cuando el poeta fue
invitado por la Universidad de Harvard como profesor de poesía, el año
académico 1967-68 en la cátedra Charles Eliot Norton.
Las conferencias que dio Borges fueron brillantes y contaron con numeroso
público que quedó maravillado por los profundos conocimientos que exhibía en
materia de la literatura de habla inglesa. Fue aplaudida con entusiasmo su
disertación sobre el poeta norteamericano Walt Whitman. En Cambridge donde
permaneció siete meses se hizo amigo de Jorge Guillén, John Murchison (su
secretario en Cambridge), Juan Marichal, Raimundo Lida, Hector Ingrao.
También conoció a Norman Thomas di Giovanni que fue su traductor y agente
literario desde 1968 hasta mediados de los 70 y lo ayudó a compaginar su
Autobiografía que fue publicada por primera vez en el New Yorker en setiembre
de 1970.
Regresó en abril de 1968 y fue condecorado por el embajador italiano con la
Orden del Mérito de la República Italiana en el grado de Gran Oficial (22 de
mayo de 1968). Luego viajó a Israel donde lo recibió Ben Gurión. Disfrutó
mucho de este viaje por ser un admirador de la cultura judía.
Su matrimonio con Elsa Astete fue desgraciado. Ella no tenía su nivel intelectual
ni era amante de los libros por lo cual no estaba en condiciones de valorar su
obra e incluso de mantener diálogos interesantes con él; por ejemplo a Borges le
gustaba contar sus sueños pero su esposa jamás soñaba lo cual resultaba
frustrante. Tampoco se encontraba a gusto entre los amigos escritores de su
marido. No se llevaba bien con Leonor (Borges tenía que ver a su madre a
escondidas) y no quería que su hijo le llevara dinero: este tuvo que recurrir a su
editor para que una vez por mes le remitiera un cheque con cargo a sus derechos
de autor.
Según Norman Thomas di Giovanni, traductor, agente literario y amigo del
escritor, Borges dijo de su mujer:
“se inmiscuye en todos mis asuntos particulares y ha tentado que las secretarias
de la Biblioteca Nacional espíen mi correspondencia, mis llamadas telefónicas y
mis visitas (…) No ha mostrado el menor interés en mi obra literaria, pero sí en
los resultados pecuniarios de esa obra (…) Le perturban, por alguna razón
oscura y posesiva, mis amigos actuales y anteriores, mi familia e incluso mis
antepasados.”
La relación se deterioró de tal manera que nuestro escritor decidió un día de
octubre de 1970, abandonar el apartamento de la calle Belgrano donde vivía con
su esposa y volver a vivir con su madre. Luego, por consejo de su abogado, fue a
dictar unas conferencias en Córdoba. Borges pudo recuperar su biblioteca que
trajo nuevamente a su casa. Di Giovanni quien después de difundir su obra en
Estados Unidos, siguió colaborando con el poeta en Buenos Aires, también le
ayudó con los trámites de su divorcio.
Una pregunta de miércoles
¿Cuál es la mejor escena cómica del cine?
Alejandro Alonso: La escena del camarote de los hermanos Marx.
Marcel Legarra: Peter Sellers en el baño en “La fiesta inolvidable”, lidiando
con el papel higiénico
Edgardo Taranco: Así de primera, la escena casi al final de "Policías" de
Buster Keaton, cuando lo persiguen cientos de policías y los encierra en la
jefatura. Después, hay muchas, pero más vale no pensar mucho para responder.
Ramiro Rodríguez Barilari: De chico, la escena de la pelea en la fábrica de
caramelos de "Locas aventuras de Rabbi Jacob", de Louis de Funes!!!
Rodolfo Torres: El final de la Fiesta Inolvidable, con Peter Sellers.
Alejandro Recarey: Solo me viene a la memoria la escena de los crucificados
que cantan, al final de "La vida de Brian". Pero no es cómica.
Luis Fernando Iglesias: El Joven Frankestein, la vi de nuevo con Clara el
año pasado y me seguí riendo. Locura en el Oeste, la anterior, cuando la vi en el
cine casi me hernio de reírme. Grande Mel Brooks.
Eso en cine. Pero también me hacen reir en sitcoms, Seinfeld sin dudas, la mejor
comedia de todos los tiempos, Fawtly Towers, vieja sitcom inglesa de John
Cleese y todavía lo consigue Get Smart (el Agente 86).Two and a half man logra
arrancarme sonrisas.Les Luthiers, siempre. Los pobres tipos que se sentaron e
mi lado cada vez que lo vi, tuvieron que bancar mis carcajadas durante todo el
espectáculo
Marcelo Rabaquino: No tengo una en especial, pero si me apuras te diría
que cualquiera de la película "Una fiesta inolvidable"
Ana Cozzano: Película “El dormilón”, de Woody Allen. Cuando sale en silla de
ruedas pisando a todos los presentes.
Claudio Montoro: Harold Lloyd intentando suicidarse con un tren.
Jorge Aguiar: Las escenas del borracho en la película "La fiesta inolvidable"
con Peter Sellers.
Gustavo Castellano: Mi preferida: The Lion's cage de Charles Chaplin (The
Circus, 1928)
Eduardo Mier: El hombre mosca de Harold Lloyd y Tiempos Modernos de
Charles Chaplin.
Diego Méndez: Mejor solo que mal acompañado con Steve Martin y John
Candy dirigida por John Hughes.-
Marcelo Monzeglio: Puje, puje…pero no empuje (Mario Moreno – Cantinflas)
José Carlos Alvarez de Ron: La Vida es Bella, Guido (Benigni) era mozo de
los nazis tras zafar cámara se gas. En un momento tenía un solo plato y ofrece
tres, dos espantosos y el otro razonable. Porqué me sigo riendo de esa escena?
Qué se yo…
Alberto Puppo: La escena del joven Frankestein (Mel Broks) cuando
Frankestein se encuentra con el ciego en la cabaña.
Walter Olivera: La escena de Ed Wood peleando con el pulpo en la película de
Tim Burton.
Susana López: cuantas tengo amigo..tantas, “Los desconocidos de siempre”,
van a robar y se sientan a comer …
Guillermo Morena: Indiana Jones, árabe o musulmán o lo que sea haciendo
suertes con una espada, Indiana, ya habiendo pasado por esa instancia, saca el
arma y listo el pollo. Aprendió de la parte anterior….
José Carlos Imoda: Cualquier película de Mel Brooks.
José Nicolás Arce: La escena del contrato: Hermanos Marx.
Daniel Pérez: Me cuesta encontrar una escena. Recuerdo varias. Casi todas
ellas de la primera “pistola desnuda”. Pero creo que nunca me había reído tanto
como en un episodio de “Raising Hope”. Esa serie da para todo y tuvo un
montón de gags impresionantes. Pero hay uno en que la vieja de la casa, que
está muy loca, baila conga atrás de una cadena de presos en un juzgado que me
hizo reír como nunca.
Niel Rodríguez :Escena cómica? Me acuerdo en Tiempos modernos , Chaplin
perseguía a una mujer para apretarle los botones de la falda porque los
confundía con tornillos, O Cantinflas, vende pelotas, en Sube y baja, Y dice.
Puro cuero de cochino- Importado? – le preguntan- El cuero, sí…el cochino, no.
Tomás González: Cuando aparece el personaje de Lili en Toc Toc. Pero me he
reído más con otras películas que no pienso decirte.
Ilustraciones Rodolfo Fuentes, s/d.
A todos nos dicen, en algún momento, "qué raro eres". Pero una vida construida
a base de normalidad, exclusivamente, sí que resultaría extraña. JT

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