Marcel Proust va al cine

Lo que desconcierta al principio y luego seduce en Proust y lo vuelve adictivo es su capacidad de abarcarlo todo, de prestar a todo una atención idéntica, desmenuzadora, exigente, obsesiva, la misma que hace falta para leer su novela. Tal como se había propuesto en aquella carta a su amigo, escribe sobre la nobleza, sobre París, sobre las mujeres, sobre Flaubert, sobre la pederastia, sobre los vitrales, sobre las lápidas, sobre las novelas. Pero también escribe, con detallada erudición, sobre la clase media y la clase trabajadora y los sirvientes, sobre Venecia, sobre compositores reales y compositores inventados, sobre pintura, sobre arquitectura, sobre óptica, sobre heterosexualidad, sobre botánica, sobre física, sobre medicina, sobre los automóviles, sobre los aeroplanos, sobre los teléfonos, sobre los rayos X, sobre los dirigibles, sobre la posteridad, sobre antisemitismo, sobre la guerra, sobre las mentiras de la vida social, sobre el tiempo perdido, sobre los trances de máxima intensidad en los que el tiempo se detiene y se salva, sobre la amistad, sobre los pájaros, sobre el deseo, sobre las modas femeninas, sobre el fetichismo, sobre la fisiología y la psicología de las percepciones, sobre posibilidades como la revolución social o como lo que él llama el fototeléfono. (A.Muñoz Molina/elpaísdemadrid)

Del gran Marcel Proust y las adaptaciones que el cine le ha brindado.

 

Celeste (1981) de Percy Adlon.

Narra la biografía de Céleste Albaret, quien trabajó en casa de Proust como ama de llaves, mensajera, amiga y enfermera los últimos nueve años de su vida en los que, ya gravemente enfermo, escribiría En busca del tiempo perdido.

El amor de Swan (1983) de Volker Schlondorff.

Adaptación de una novela de Marcel Proust. Charles Swann, un joven y rico judío que forma parte de los círculos aristocráticos parisinos de la Belle Epoque, vive una inolvidable historia de amor con la bella prostituta Odette de Crécy. Sus tempetuosas relaciones, llenas de celos, pasiones y dudas, las evoca años después Swann, cuando presiente su inminente muerte.
Ornella Mutti y Jeremy Irons protagonizan.

El tiempo recobrado (1999) de Raoul Ruiz.

Francia, año 1922. En su lecho de muerte, el escritor Marcel Proust observa fotos de los personajes que han poblado su vida. Esas fotos le traen recuerdos a partir de los cuales reconstruye su vida y su entorno social. En ese viaje a través de la memoria, los seres reales llegan a confundirse con los personajes de sus novelas. Pero, poco a poco, la ficción se impone a la realidad, y el escritor llega a la conclusión de que sólo los protagonistas de sus obras han logrado darle un sentido a su vida.
Con Catherine Deneuve, Emmanuel Beart, Vincent Perez y John Malkovich.

La cautiva (2000) de Chantal Akerman

Simon (Stanislas Merhar) retiene a Ariane (Sylvie Testud) en su piso parisino e intenta saberlo todo sobre ella; no la deja salir sola y la somete a un incesante interrogatorio para poder controlar sus deseos y movimientos. A pesar de todo, Ariane consigue conservar, gracias a un cúmulo de mentiras, un espacio de libertad, tanto físico como mental. Se inspira en la obra de Marcel Proust «La Prisonnière», quinto tomo de su gran obra «A la recherche du temps perdu» («En busca del tiempo perdido»)…

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