No me gusta el trabajo, a nadie le gusta; pero me gusta lo que, en el trabajo, es la ocasión para descubrirse a uno mismo. (Joseph Conrad)

¿SABÍA USTED?

La montaña de sal de la República Dominicana en 1950 medía 22 Km. de largo y 106 m de alto, teniendo 500 millones de toneladas de sal.

NOTICIAS

Nuestra plaza principal del pueblo Ituzaingo, fue puesta de color celeste esperando el acontecimiento de la selección uruguaya de fútbol en Rusia ante Francia. Como en casi todo el país la nuestra no fue la excepción, pero lamentablemente el triunfo no llegó y el festejo no pudo ser esta vez. Igualmente se mantenía la esperanza de que triunfara nuestra selección nacional, hubiese sido de festejo corrido como en otras oportunidades ha sucedido. Otra vez será.

CLUB DE ABUELOS

Se realizó una fructífera reunión de planificación de encuentros de meriendas, juegos, paseos, reencuentros y campamentos, con la presencia de la Dirección de Bienestar Social, Oficina de Descentralización del Gobierno Departamental, Integrantes de Junta de Vecinos de Ituzaingó e Integrantes de Comisión Fomento de Capurro. Estos encuentros se vienen repitiendo en forma esporádica entre la gente de mayoría de edad. La próxima reunión será con choco lateada el día 19 de julio a la hora 14 en el salón municipal de la localidad a una tarde de integración. Se invita a adultos de Pueblo Nuevo, 18 de Julio y Capurro a concurrir.

HOPALONG CASSIDY (viene del Nro. anterior).-

William Boyd como Hopalong Cassidy Durante 1950 (y tal vez desde antes) el diario Clarín de Buenos Aires, Argentina, publicaba la tira diaria de Hopalong Cassidy. Aprovechando la gira del actor (patrocinada por King Features Syndicate y por United Artists) por distintos países de Latinoamérica (México, Panamá, Perú y Chile), el diario comenzó a difundir la «gran noticia» de la llegada del ídolo. El 11 de enero de 1951, cuando Boyd llegó a Lima, Perú, Clarín publicó la siguiente alabanza respecto del personaje: «el vaquero Hopalong Cassidy, el tirador de la puntería infalible, el jinete consumado y, por sobre todas las cosas, el héroe que pasa por la vida deshaciendo entuertos, amparando viudas y huérfanos y saliendo siempre en defensa del desvalido.» Curiosamente las crónicas no mencionaban ningún título de película, debido a que estas se solían estrenar como complemento de programa o bien en cines de barrios, y no solían recibir comentarios de la crítica cinematográfica. La nota periodística continúa y nos aclara el origen de tanta popularidad (a la vez que sirve como auto propaganda): «Sus hazañas han sido llevadas no sólo a la pantalla sino también a la radio, a la novela, a la televisión y a la historieta, donde el lápiz agudo y expresivo de Young Spregler (sic) le dio difusión continental, figurando la conocida tira en las páginas de muchos diarios, entre ellos CLARIN, de Buenos Aires.» Una semana después, el 17 de enero, el mismo diario da detalles del fenómeno: «William Boyd tiene el raro privilegio de ser el ídolo de los niños. Galán de éxitos relativos durante el período del cine mudo, sufrió el inevitable eclipse y ya se le creía definitivamente arrumbado cuando fue contratado para encarnar al legendario personaje del Far West americano. Los resultados fueron portentosos. En 1948 era todavía un ex astro. Hoy, sus películas, a más de exhibirse en millares de cines, se proyectan por televisión; sus aventuras se escuchan en 530 estaciones de radio y se leen en 70 diarios, mientras llevan su nombre como marca de fábrica 73 productos comerciales. Y sus ingresos corren parejos con su popularidad. Millones de dólares por año significan para Boyd su éxito con el personaje que anima.» Finalmente el día 18 de enero se produjo la llegada del ídolo al aeropuerto de Ezeiza, y su posterior visita a Buenos Aires. Lo primero que dijo fue «¡Hallo, Buenos Aires!», y un grupo de niños (unas dos docenas) disfrazados de cowboy y de gaucho respondieron el saludo. Y una niña morenita, sorteando todo obstáculo, corrió ante el veterano galán y le pidió un autógrafo. «Estoy moi contentou de haberr arivado a esta yenerosa y hospitaleira Aryentina» dijo el actor-cowboy al tiempo que regalaba a los chicos «monedas de la simpatía» con su efigie. Al día siguiente Boyd visitó el diario Clarín, donde se le obsequió un poncho, símbolo del campo argentino. Vistiendo botas, y un sombrero blanco, se dedicó a firmar todos los autógrafos que pudo para los niños que ahí se habían hecho presentes. Boyd dijo las diferencias entre él y su personaje: «A William Boyd le gustaba fumar unos cuantos cigarrillos por día y tomar algún que otro whisky. Pero Hopalong Cassidy no lo hace jamás. Debe ser ejemplo para la juventud, hombre de costumbres limpias, de conducta intachable. No fuma ni bebe y en todo momento se comporta con caballerosidad extrema.» A más de medio siglo de esa visita, tal vez alguno de esos niños, muchos de los cuales eran hijos de norteamericanos residentes en el país, no recordaban el hecho, y ahora, leyendo esta nota, lo refrescaron. O tal vez alguno de los chicos que no pudieron ver en persona al veterano cowboy, ahora se hayan imaginado como hubiera sido esa ocasión. En cualquier caso, si hay algo sobre lo que no hay dudas es que en este sitio uno se puede encontrar con cada cosa…

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