La semana terminó de la peor manera. Mataron a un joven de 20 años para robarle la
bicicleta.
Parece que no hay treguas y que los delincuentes vendrán cada vez con más fuerza e
impunidad. Porque más allá de las cárceles, hay vidas que se nos van y ek daño es
irrecuperable. No sólo para las familias sino para todos
Acaso alguien puede dudar que un país entero sufre la muerte de un compatriota? Es un
dolor diferente, al que seguramente no estuviéramos acostumbrados. Y al, que no
queremos estar.
Dice el artículo 7 de la constitución: “Los habitantes de la República tienen derecho a
ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad.
Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se
establecieren por razones de interés general”.
Lo primero que podemos decir, es que en Uruguay no somos protegidos en el goce de
nuestra vida. Y por qué? Porque sentimos, entendemos que los delincuentes, que son
minoría, han ganado la batalla.
Qué les hace pensar que pueden seguir irrumpiendo en las vidas ajenas para arruinarlas?
Desde cuándo para hacerse de lo que otro tiene, es necesario matar?
En qué momento nuestro país, nuestras ciudades, calles o barrios, se convirtieron en una
batalla campal de todos contra todos?
Leyendo twitter, en ocasión de que asesinaran a una trabajadora en Neptunia, encuentro
que el intendente de Canelones Yamandú Orsi, resumió de forma impecable lo que nos
sucede: “Hoy es un día oscuro, triste. Una trabajadora de mi barrio fue asesinada en
una rapiña. Confieso que me cuesta ser del todo racional en estos casos. La rabia y la
impotencia me dominan. Algo tengo claro: Acá sí son ellos contra nosotros. La mala
gente existe”.
Quizás sea cuestionable, como apuntaron algunos internautas que “recién ahora” lo
entienda.
Y también puede ser atendible los que hablan de que no se pueden alimentar “guerras
internas” al hablar de “ellos contra nosotros”
Porque habría que analizar quiénes son “ellos”.
Personalmente apunto a aquellos que sin tener necesidades, desvalorizan la vida ajena.
Que se creen con derecho a segar la vida de otro a fin de hacerse de algo que les dará
dinero al ser revendido.
Y acá aparece otro culpable. El uruguayo común, probablemente honrado que compra
“mucho más barato” eso que tanto quiere. Que no sabe o se hace el distraído para no
aceptar que está contribuyendo a que nos maten. Aunque en su fuero interno lo sepa.
Y que, encima, está cometiendo un delito: comprar cosas robadas constituye
receptación.
Entonces: si no lo hace por no alimentar el robo que deriva en muerte;
Si no lo hace porque entiende que no es “vivo” al comprar algo más barato de lo que
cuesta en el mercado;
Que al menos no lo haga para no cometer un delito.
Por favor, no más vecinos, no más cajeros, no más sonidistas, no más delivery, no más
crónicas donde la nota excluyente sea la muerte de otro más y la ineludible pregunta:
“seré el próximo”?

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