En el 2014 cuando el Rotary Club Santa Lucía comenzara a plantear el
proyecto de la Escuela de Equinoterapia en el predio de Mi Tapera, sabían
que para poder concretarlo aún se tenía que recorrer un largo camino. A cuatro años de aquel avance, la escuelita está cada vez más cerca.
Susana Brignoni, rotaria que siempre ha estado muy interesada en el
proyecto, indicó que éste ya es una realidad, pero que nunca se hubiese
encaminado si no se contara con un grupo humano unido y constante.
Horacio Salvioli, el próximo presidente del Club Rotary Santa Lucía para
el próximo periodo, agregó que se fue enamorando de este proyecto por el
que también trabaja con todo entusiasmo. Es que junto a Susana y a
aquellos rotarios más añosos, se fue metiendo cada vez más en hacer
posible la necesaria y proyectada Escuela de Equinoterapia para Santa
Lucía. Se armó un hermoso grupo con la gente de Mi Tapera y junto al
Centro Buscando Miradas, los que semana a semana se preocupan en
seguir avanzando, reafirma. Recuerda el entusiasmo de todos cuando se
marcó y limpió el terreno, se hicieron los pozos, se curaron y se pintaron
las tablas entre los voluntarios.
Susana y Horacio indicaron con perceptible alegría, que ya estaba pronto
el picadero, ese sitio con cuatro vallas y suelo blando, para jinetes y
caballos, e incluso seguirán trabajando para lograr instalarle un techo para
facilitar la actividad aun en días de lluvia.
El picadero se marcó en un lugar accesible, con una entrada especial que
llega justo hasta el terreno.
Confirmaron que ya se han realizado reuniones con técnicos del
Centro Nacional y Fomento de Rehabilitación Ecuestre en Uruguay, que han
venido apoyando el proyecto.
Susana resaltó que tanto ha sido el compromiso voluntario para la mano
de obra, que lo único que se han pagado hasta ahora son las tablas del
picadero. En ese sentido, se agradece a la intendencia, municipio local y al
alcalde, por los 18 camiones con arena que se donaron para este espacio.
Actualmente se viene procurando agregar dos contenedores para baños y
vestuarios y una pequeña oficina.
También será mejorada la accesibilidad en el edificio de Mi Tapera, para
facilitar el acceso de niños y adultos. Se planea construir una vereda para
que las sillas de ruedas puedan ir hasta la rampa y de ahí al caballo.
Gracias a la amplitud del salón de Mi Tapera, también se planean
actividades para los días de lluvia, cuando no puedan ir a los caballos.
Precisamente. en la equinoterapia el contacto con el caballo brinda al niño

cierta mejora cognitiva, que también es aplicada para otros trabajos de
manualidad y sensibilización.
En cuanto a los caballos que pueden cumplir con esta función, son muy
especiales, no pueden ser ni enteros ni yeguas. Los técnicos de CENAFRE
son los que clasifican los caballos.
Tienen que conseguirse los caballos apropiados y ya hay personas
solidarias que han venido a donar. Sin embargo, resaltan que no todos se
prestan para esta actividad. Ratifican que esos caballos, luego de ser
estrictamente clasificados, llevan un gran cuidado, a los que se le realiza
un análisis de sangre porque se cuida especialmente su sanidad.
La futura Escuela de Equinoterapia próximamente a inaugurarse, ya tiene
prácticamente armado el grupo técnico como el equipo profesional
integrado por una doctora, psicóloga y psicoterapeuta.
Hay una importante lista de interesados, pero por consejo de CENAFRE
no es aconsejable comenzar con más de veinte niños. Aun queda por
planear cómo será la parte pedagógica, la dinámica sobre los días a la
semana que será abierta. En definitiva, aun se está trabajado con todo
empeño en las obras y reconocen que en Santa Lucía, si bien es un grupo
unido, con muy buena voluntad, se estuvo aprendiendo de cero.
Horacio reconoció que junto a la gente de CENAFRE y a los amigos que
saben de caballos, se ha podido seguir avanzando porque son varias cosas a
tener en cuenta, pero que por suerte se está cerca de arrancar con la tan
deseada Escuela de Equinoterapia para Santa Lucía.
El éxito de la equinoterapia está estrechamente vinculado a la elección del
caballo adecuado y es obligación de la persona que imparte esta terapia
conocer las características de todos los caballos del centro y cómo, cuándo
y con quién usarlos, asegurándose de que van a cumplir lo que se espera.
Las principales características que deben reunir los animales indicados para
este tipo de terapia son:
No debe ser ni muy joven ni muy mayor, porque los potros son más
inquietos y difíciles de manejar. Lo ideal es que tenga entre 7 y 20 años.
Tiene que ser un animal noble y confiado, que no sienta ningún temor hacia
los seres humanos, ni haya tenido malas experiencias en el trato con las
personas, para evitar que pueda reaccionar de forma extraña e imprevista y
ponga en peligro al paciente.
Debe estar acostumbrado a ruidos y movimientos bruscos para que
permanezca tranquilo y no salga corriendo o se ponga a dar coces.
Su carácter –que varía mucho de unos caballos a otros– debe ser paciente,
tolerante y cariñoso.
La raza del caballo no es importante siempre que cumpla con los requisitos
anteriores, pero sí es necesario que se trate de un animal fuerte y resistente,
con un tamaño y complexión que le permitan soportar el peso de dos

jinetes, ya que en muchas ocasiones lo montarán conjuntamente el paciente
y el terapeuta.

Y.S.

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