Familiares y amigos de Alberto Perdomo se reunieron en el Cementerio de Santa Lucía donde se colocó una placa recordatoria. Hubiese cumplido 51 años y si bien predominó la congoja de quienes lo conocieron por su temprana pérdida, compartiendo su amistad o recorriendo su vida política, se volvió a reconocer las convicciones de este hombre joven que tenía especiales potestades en la política que lo podían haber llevado a ocupar encumbrados lugares de la vida pública. Se reconoció a Alberto Perdomo, nuevamente allí, como un político inteligente pero también como un excelente mediador.
Antes de colocar la placa por parte de sus familiares, se realizó una breve pero emocionada intervención oratoria.
José Fontangordo resaltó todo lo importante logrado por Alberto en su vida. Indicó que sus compañeros y amigos le recuerdan luego de su desaparición física y en más de una oportunidad a lo largo del día. Recordó su siempre oportuna palabra de aliento para seguir en el camino de la vida.
Hugo Rodríguez, por su parte, habló de la temprana entrada a la política de Alberto y a sus 15 años ya daba la pauta que había nacido para la política. Cuando se estaba saliendo de la dictadura, era quien acercaba el diálogo con otros grupos del departamento, integrando a grupos wilsonistas de aquella época. Reafirmó que tenía la capacidad de convencer a los demás de sus ideas e ideales.
Daniel López también rescató la vida de Alberto desde niño cuando concurría a la Escuela 104 junto a sus hermanos y que desde muy joven fuera dirigente gremial estudiantil. Siempre estuvo a la orden de los más humildes para servir a quienes lo necesitaban, indicando que todos estaban convencidos que gracias a su capacidad podía haber llegado a ser un buen líder nacional. Recordó las veces que volvía a levantarse de sus caídas contra viento y marea, saliendo siempre adelante contra todo porque su gente lo quería y por eso le seguía. López terminó recordando la frase atribuida a Teresa de Jesús y recordad por Juan Zorrilla de San Martín: «Vivir la vida de tal suerte que viva quede en la muerte.»
Pablo Iturralde mencionó los más de 30 años de tránsito por la vida pública siendo compañeros políticos y por sobre todo amigos con Alberto. Recordó cuando en el año 85 apareciera la Secretaría de Asuntos Sociales en que era un dirigente estudiantil cuando empezaron a armar una corriente estudiantil para todo el Partido Nacional, logrando el espacio para una vibrante juventud que todavía caracteriza al partido. Mencionó la visión y la apertura de cabeza que caracterizaba a Alberto, que siempre estaba buscando solución a las cosas porque era un líder que llevaba la política a la práctica y que lo llevó a armar una gran agrupación que sigue unida y presente. Iturralde apuntó finalmente que el Partido Nacional le debe rendir honores porque tiene una cuenta con Alberto y que queda muchos de sus sueños aun por concretar.
Y.S.

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