una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, hablamos de cosas que nadie guarda recuerdo, aunque muchos conserven la nostalgia.

Nosotros, los de entonces
El Grupo de los 6 creado, como casi todo en esta ciudad, por Darío Pedrazzi, presentó «Mujeres» en la Sociedad Italiana el pasado sábado 17. Canciones y poemas interpretados , en excelente forma, por Raquel Posse, Cristina Badora, Martina Alonso, Eduardo Mollo, Jorge Gallero y Juan Pedro Souza. Con lleno total, la atmósfera se colmó de Pizarnik hasta Violeta Parra, pasando claro está, por Estación Pedrazzi.
La Madriguera presenta
Magritte
«Todo aquello que vemos esconde alguna otra cosa más, siempre queremos ver lo que está oculto a través de lo que vemos»
La leyenda lo ha erigido en genio del humor absurdo, heraldo del surrealismo de entreguerras y su desbordante imaginación y embajador de una patria muy dada a la causticidad, esa donde los reyes abdican por un día para evitar firmar leyes incómodas y los primeros ministros se equivocan al entonar el himno oficial. Pero René Magritte fue más de lo que apunta esa versión oficial. Su obra, de aspecto sencillo e incluso infantil, está impregnada de las preocupaciones filosóficas de su tiempo, todavía vigentes en la actualidad. «Eso es lo que hace que su obra resista. Cada generación ha intentado encontrar nuevas claves para entender su obra, pero todavía quedan muchas puertas por abrir», dice Didier Ottinger, director adjunto del Centro Pompidou .-E.V./elpaísdemadrid
He aquí la biografía-objeto de René Magritte contada, y desde luego dibujada, desde seis puntos de vista diferentes, que dialogan con el artista mientras hacen recorridos originales y sumamente diversos de la obra y el pensamiento de Magritte.Aquí podrás encontrar: dos libros-póster, de Gabriella Giandelli y Brecht Vendenbroucke; dos libros-acordeón, de David B y Éric Lambé, y Miroslav Sekulic-Struja; un librito de François Olislaeger, autor de Duchamp, un juego entre mí y yo.
René Magritte visto por // Gabriella Giandelli, Brecht Vandenbroucke, François Olislaeger, David B., Éric Lambé, Miroslav Sekulic-Struja //Turner // 2017 /
Daniel Da Rosa / Serie Mínima
El astronauta que volvió a la tierra
Estaba arrollado, desnudo, mojado. Abrió los ojos y se encandiló con un foco de luz que había al final del largo tubo. Sin embargo pudo adaptarse a la luminosidad del entorno. Notó que la manga que lo alimentaba flotaba en el espacio de agua. Sentía ruidos al otro lado de la lejana pared pero no podía identificar qué eran esos sonidos. No entendía porque estaba en ese estado y ni siquiera sabía cómo había llegado a aquel lugar tan transparente. Flotaba. No podía dominar su cuerpo como él quería y a veces se pegaba contra las paredes húmedas. Así estuvo varios días y comenzó a sentirse mal. El aire no le llegaba adecuadamente y la manga casi lo ahorca en una voltereta mal dada. Después de pensarlo mucho decidió tratar llegar hacia dónde estaba el foco de luz y ver si podía salir de esa situación. Comenzó a nadar torpemente pero sintió que una corriente lo atraía, ayudándolo a avanzar rápido el objetivo propuesto y pensó que no tendría problemas en llegar.
Tuvo que detenerse varias veces para tomar aire y fuerza. Y cuando estaba a punto de lograrlo escuchó un estruendo y un empujón que lo elevó hasta un punto y se sintió enseguida caer en picada. Cerró sus ojos y esperó un duro golpe. Pero sólo le palmearon la espalda para que empezara a llorar.
Omar Adi / Pataditas de chancho
Colección de amenidades
y acechanzas
Abrís la ventana y te despeina un recuerdo.
No seas estúpido. No se le puede ganar a la vida.
Me llevo mal con la acelga. Apenas nos saludamos. La tía Ventura.
Cuando lo cotidiano te cerca, hay que alejarse.
Agazapado, aquello te mira.
Corrés.
Es indignante que nadie tome en cuenta al otro.
Sobre todo si el otro soy yo.
Tener acceso al sonido no implica tener acceso al significado.
Lo que buscamos, nos encontró.
Se nos secó la clepsidra, hermano.
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Osiris Rodríguez Castillos
El escritor y poeta uruguayo Enrique Estrázulas destaca, entre otros, a «Pena de camino largo»:»Este último tal vez llegue al nivel de calidad mayor dentro de Grillo nochero: su tristeza es auténtica y, nuevamente dentro de la ajustada composición, vuelven a aparecer sentidos recónditos y metáforas de indudable fuerza plástica…»
Su éxito inicial: El poema «Romance del Malevo» cuenta la historia de un perro medio salvaje. Su dueño lo encontró herido en el campo, se lo llevó con él para curarlo y luego lo adoptó, siéndole de mucha utilidad en las tareas rurales; en una ocasión el animal le salvó la vida. Pero al final tuvo que sacrificarlo porque se enfermó de rabia. Osiris lo relata en un lenguaje que conmueve a sus lectores.
En su parte medular el poema dice así:
«Yo no atrancaba la puerta/de mi rancho ni durmiendo;
¿pa qué? ¡si del lao de ajuera,/por malo que juese ‘l tiempo,
la enrejaba de colmillos /el coraje de mi perro…
Pero Osiris no apreció en ese momento la importancia que tuvieron esos versos en el comienzo de su trayectoria. Los despreciaba, tal vez pensando que ya había superado ese nivel y ahora tenía cosas mejores para expresar. Le molestaba encontrar allí su reconocimiento. Más adelante cambió de opinión y se reconcilió con este poema que había hecho emocionar a tanta gente. Así explicó su autor este cambio en la valoración de su obra:
«Cuando la escribí la tomé por un milagro del subconsciente. Comparado después con mis poemas más elaborados, esperé que ese Romance me fuera perdonado… como un pecado de juventud. Pero cuando después de muchos años lo volví a encontrar diariamente lozano en la memoria del pueblo, comencé a respetarlo como un raro fenómeno que definiría como ‘artístico-social.'»
Influencia de Carmelo en sus comienzos artísticos
El período carmelitano le sugirió los temas para dos poemas publicados en la década del 60. Si bien el poeta no mencionó concretamente a Carmelo en ninguna de sus obras, los entornos de esta ciudad y sus cercanías surgían nítidamente en sus letras. Los poemas se llaman «Blas Ardao el bagayero» (un poema del sudoeste) y «La última frontera». En este último nos cuenta sus andanzas como contrabandista por el Río de la Plata, adentrándose luego en el Delta del Parana, así como también por las sierras del norte. Sus versos nos muestran una mente angustiada que se hallaba dividida entre su actividad ilegal y precaria y su aún incierto porvenir como artista al que aspiraba con desesperación:
«Cuando reciba esa luz / que espero -y que nunca llega-
por el norte o por el sur, / por el río, o por las sierras,
pasaré una noche clara / por la última frontera.
De contrabandista en Carmelo
En efecto, tal como lo dicen sus versos, Osiris mantenía ciertos vínculos con contrabandistas de esa ciudad. A pesar de su mudanza a Montevideo seguía concurriendo porque allí vivían sus padres. En el año 1950 participó en eventos culturales de la localidad donde expuso dos esculturas en madera (un busto de Artigas y la figura de un gaucho de la época de la independencia).
Se supone que a mediados de la década de los 50 (1955 o 56) participó en una acción de contrabando. Era toda gente de armas tomar y también fue provisto de una pistola. Se supone que tiene que haber sido algo «grande». Andando por el río dentro de la jurisdicción carmelitana fueron sorprendidos por una patrulla costera. El grupo se tiroteó con los guardias aduaneros en la oscuridad de la noche pero finalmente se tuvieron que rendir; no hubo heridos. Dirigía el procedimiento Emilio Botello quién hizo formar a los detenidos para reconocerlos. Cuando descubrió a su ex yerno entre los delincuentes decidió separarlo del grupo y enviarlo detenido al destacamento de Colonia donde Osiris no era conocido y evitarle un escándalo que, posiblemente, terminaría con su incipiente actividad artística (en ese momento empezaba a cosechar sus primeros éxitos en Montevideo) y sería perjudicial para el honor de la familia.
De esa manera Osiris cumplió su condena en una cárcel de Colonia. Allí iban a visitarlo Imasul y su hermano Asdrúbal quienes le llevaban comida, ropa y libros. También se hizo amigo de un policía que tenía afición por la poesía a quién le habría regalado uno de sus poemas. No se sabe con exactitud cuanto tiempo permaneció encarcelado por no quedar constancias de aquel procedimiento.
Este triste episodio explicaría, a mi ver, el hecho de que Osiris nunca nombró a Carmelo en ninguna de sus obras.
Ahora no me conocés
Saludo fraterno

Alfredo Gomez
Recuerdo Que No Es
Pienso en un patio de baldosas. Una casa construida por algún italiano o un gallego, tal vez por el 1900. Las puertas de las piezas: altas, cortinas de encajes bordados; en los rincones algunas plantas ya sin pretensiones de adornar, adueñadas de ese espacio e independientes de todo cuidado.
Nunca he estado en esa casa, en ese patio, y sin embargo sí.
De una ventanita cuadrada, pintada de verde, algo descascarada, vienen aromas de ajos, orégano, laurel, aceite que comienza a calentarse.
La hora es imprecisa, pueden ser las diez de la mañana, o las cinco de la tarde, y hay murmullos de vecinos detrás de las tapias. Las guitarras en este patio suenan profundas, -la mía y las de mis amigos- porque el sonido rebota en las paredes que nos rodean, que son sólidas como las de una iglesia. Y las guitarras cantan, tejen, imitan el sonido del agua que viene de la cocina, milonguean, se ponen tristes y lloran, y se yerguen luego -tono mayor- y parece que caminan en el aire, por el aire, con su frente de madera alta, volviendo a su hidalguía.
¿Cuándo he vivido esto que no he vivido, de dónde viene esta nostalgia de algo que no he tenido?
En una tarde cualquiera, puedo volver a este patio, a este recuerdo imaginario, que tal vez le pertenece a otro. Y oir: cadena que suena como campanilla en la rueda de un aljibe, balde que golpea en el agua y sube, agua negra y luego clara, fría, risa de una niña cuando la salpica.
Y las guitarras sonando siempre, bordonas, sangre española, besos, jazmines, caballos, vino tinto, cuellos blancos.
La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo. D.T.

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