una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, cortos argumentos desgarrados, contradicciones que se dejan abiertas, manos negativas, aporías, fragmentos de cuentos, vestigios.
Y siempre amando las cosas rechazadas.
Felix Montaldo
Osiris Rodríguez Castillos
La familia se reúne en Carmelo
Fue alrededor de los años 1942 o 43 que la familia se trasladó a la ciudad de Carmelo (Depto de Colonia), ubicada sobre el Río de la Plata; en su campiña hay numerosos viñedos. Por vía fluvial podía conectarse rápidamente con la ciudad de Buenos Aires a través del Delta del Paraná. Venían muchos argentinos a pasear. Había un incipiente desarrollo económico, comenzaban a instalarse empresas. El ambiente ofrecía a los Rodriguez Castillos perspectivas nuevas para desenvolver su vida.
Pero la nueva localidad no sedujo, por lo menos al principio, al recién llegado Osiris. Con una actitud muy huraña, hacía muy pocas relaciones con la gente del lugar y eran escasas sus amistades. También pudo contribuir a su desinterés, el decaimiento anímico en que encontró a su padre que ya no era el mismo que el que conoció antes de hacer sus primeras aventuras solitarias.
Pero, no obstante, fue en este lugar donde por primera vez pudo ejercer sus habilidades musicales como pianista en la orquesta de Hugo Adorni que ejecutaba los géneros de tango y de Jazz en los bailes que se realizaban en la ciudad, obteniendo sus primeras remuneraciones como músico. También encontró, como veremos, gente que compartía sus preferencias artísticas.
Como antes en la frontera con Brasil, también aquí tuvo sus primeras relaciones con los contrabandistas que andaban por el río y tenían sus bases en las islas ubicadas en el curso superior del Río de la Plata, aguas arriba de Carmelo, en especial la Isla Juncal regenteada por una mujer llamada Julio Lafranconi, («Doña Julia»).
Por esa época hubo un confuso episodio en el que Osiris cayó preso en la Comisaría local y fue pasado a juez. Siempre tuvo tendencia a rechazar toda forma de disciplina, no podía soportar que alguien lo mandara, y esto se vio reflejado mas tarde en el ámbito laboral. En el libro de Basilago y Pellegrino se recoge su testimonio de sus inicios como contrabandista:
«Yo me dediqué al contrabando en esos años, tanto en la frontera norte como en el sur. He contrabandeado ganado, y también lo de todos los días en la frontera: yerba, tabaco, caña, azúcar… cosas de primera necesidad. En realidad, en ese sentido, no era nada original. Lo que daba para vivir, mantenerse libre y en movimiento, para no tener que depender de nadie.»
La actividad de contrabandista fue la transición que cubriría el período anterior a su consagración en la vida artística. El hizo una justificación de este tipo de actividad, dándole un aire de respetabilidad y demostrando, a su vez, un desprecio por los guardianes del orden.
«En Uruguay -por algo será- desde Artigas, que lo fue en su juventud en medio del dominio español, hasta los capitanes de Saravia, todo hombre de campo sin destino que se autorespeta, antes que milico se hace contrabandista.»
Tiempo después participaría en una peligrosa acción de contrabando en Carmelo que pudo haberle costado muy caro. Pero ahora seguimos con el hilo de este relato y dejamos ese asunto para más adelante.
En 1945 conoció a Imasul Botello, la menor de las hijas del Receptor de Aduanas Emilio Botello quién había sido trasladado recientemente desde Punta del Este. Ella y su hermana estudiaban piano y eso facilitó el vínculo con Osiris. El poeta le dedicó a su novia varios de sus primeros poemas. La llamaba cariñosamente «la cosita» porque era menuda de cuerpo. Se casaron el 10 de marzo de 1947. Fueron de luna de miel a pasar una semana en Buenos Aires. Al regreso sus valijas fueron registradas minuciosamente por orden de su suegro, para no hacer distingos con los demás viajeros, lo que ocasionó cierto resentimiento de su yerno. La pareja no tenía recursos económicos propios, fuera de sus ocasionales actuaciones de pianista por lo que se decidió que vivieran en casa de los Botello que era lo bastante amplia para alojarlos.
En casa de su suegro se hacían veladas artísticas donde el incipiente poeta recitaba sus primeras composiciones además de tocar el piano. También su cuñado Asdrúbal escribía poemas y los solía recitar en estas reuniones. Osiris había compuesto algunas piezas musicales para piano que su cuñada Dinorah, la cual tenía muchas condiciones como pianista, gustaba ejecutar. Además de sus actividades literarias y musicales el joven también era bueno como dibujante, tallador y artesano. Hizo retratos de Beethoven y de Franz Lizt. Se destacó como tapicero, carpintero y también como costurero. Cualquier actividad manual estaba a su alcance y le servía de complemento de la creación artística.
Ahora no me conocés

Ahora no me conoces de la edición anterior

Jorge Hernández, el Cucu
(José Pepe Torres)
La Madriguera Presenta
«No tienes que ser inteligente, más que inteligente, hay que ser imaginativo. Tener imaginación para vivir, para disfrutar, para amar, imaginación todo el tiempo. Solo hay que creer que todo lo que hacemos en la vida es importante, añade. Cuando piensas que la literatura es lo más importante que puedes hacer, significa, en lo que a mí respeta, que tienes mucha ambición y no hay diferencia entre lo que hago e hicieron grandes autores. Yo no intento ser mejor que ellos; solo intento formar parte de la conversación»
Firmado, Richard Ford
«Me llamó Frank Bascombe y soy periodista deportivo». Con estas palabras presenta Richard Ford al que será su alter ego poco o nada disimulado , ese Frank Bascombe que le ha acompañado desde entonces y con el que el escritor estadounidense se ha convertido en retratista privilegiado de las zozobras de sus compatriotas y de las cuitas de una clase media cuya comodidad se va a menudo saboteada por e el desánimo, los dramas cotidianos o las tragedias inesperadas. En esta, la primera entrega de la serie dedicada a Bascombe y la que le consagró después de «Un trozo de mi corazón» y «La última oportunidad», Ford presenta a un personaje que, con 38 años, apura la gloria de una brevísima carrera literaria y ejerce el periodismo deportivo mientras su vida de resquebraja entre su divorcio y la muerte de su hijo de nueve años. su breve matrimonio o a la corta vida de su hijo . «Si escribir de deportes enseña algo es que, para que la vida valga la pena, tarde o temprano hay que enfrentarse a la posibilidad de sentir un terrible y doloroso arrepentimiento», La Vanguardia
Es el escritor mayor que conserva su elegancia, ironía y humor que considera que en su país a la gente no le interesa lo que digan de política sus autores. Pero, como padre de Bascombe, afirma que la inseguridad del mundo actual y «todo lo demás, tiene que ver, sobre todo, con la economía, no con la religión. Esa gente que destroza y crea terror, son criminales, pero lo que los motiva es la pobreza. Ilustrados o no, pero que en el fondo se aferran a un movimiento que no tiene sentido. El mundo necesita crear más empatía».
Es Richard Ford, un novelista y cuentista que tiene como su obra favorita la novela Incendios, y que no se cree mucho lo de ser uno de los «grandes escritores vivos», porque, afirma: «Ya me complace, simplemente, con ser un escritor vivo». Y a decir verdad, es el mejor.
Rodolfo Torres
Caminos de Valencia (dos)
Juana Francés
(Altea, Alicante, 1926 – Madrid, 1990)
pintora española.
Inicia sus estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y viaja más tarde a París con una beca del gobierno francés donde termina su formación. En los años 1954, 1960 y 1964 representa a España en la Bienal de Venecia. En 1956 conoce al escultor Pablo Serrano con el que desde entonces convive y con el que más tarde contraerá matrimonio. En 1957 funda junto a Pablo Serrano, Antonio Saura y Manolo Millares, entre otros, el Grupo El Paso, siendo la única mujer del colectivo y por tanto un caso paradigmático en el arte contemporáneo español de vanguardia dominado casi en exclusiva por hombres.1 En 1960 forma parte de la exposición Befare Picasso, after Miró en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York; en 1961 en el Palais de Beaux-Arts de Bruselas, y en 1962 en la Tate Gallery de Londres en la exposición titulada Modern Spanish Painting. Estos datos evidencian que es prácticamente la única artista española que expone en el extranjero en ese período.
Navega indistintamente entre la abstracción y la figuración, entendiéndose ambos conceptos no de manera antitética sino complementaria, y como opciones diferenciadas de planteamientos que tienen mucho en común. Pues «la abstracción y la figuración, en sí mismas no comportan una tendencia, una idea, ni una actitud, sino un medio, un vehículo, y una forma de desarrollar una tendencia». Así que en cada etapa, se acercaría al lenguaje que más le satisficiera para materializar sus intereses e ideas.
La obra de Juana Francés es siempre muy personal y reconocible. En algunos períodos creativos, sus obras revelan una postura crítica que arremete de manera simbólica contra ciertos aspectos del sistema social imperante. La primera etapa entre 1950 y 1953 se caracteriza por la presencia de una figuración hierática geometrizante, con temas de corte muy tradicional. Posteriormente, en 1956 comienza a experimentar con la abstracción. En 1957 tras la fundación de El Paso, comienza una etapa adscrita al informalismo matérico.
En los primeros sesenta, se insinúa en su obra una paulatina vuelta a la figuración que desemboca más adelante en la serie El hombre y la ciudad, momento de crítica, y pesimismo existencial en la que utiliza objetos relacionados con una determinada visión del hombre como sujeto esclavizado envuelto en el falso progreso deshumanizador. Esta visión evoluciona posteriormente en la serie Torres-Participación y más tarde en la serie Estructuras, hasta 1979. A partir de la década de los ochenta retorna a una abstracción de gran lirismo, plena de color y vitalidad, con referencias a paisajes, fondos submarinos, cometas, etc. Un aspecto relevante a destacar en esta trayectoria son los períodos de transición entre una etapa y otra que denotan rastreos, toma de decisiones y que anuncian los cambios que después se desarrollarán en diferentes series.
Su obra se ha expuesto por los museos más importantes de América y Europa como el Museo de Arte Moderno de la Villa de Paris, la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa, la Brown University de Providence, Rhode Island, la Tate Gallery de Londres o el Museo Guggenheim de Nueva York.
Su colección de obras se encuentra expuesta de manera permanente en el recién inaugurado MACA (Museo de Arte Contemporáneo de Alicante), colección que adquirió en propiedad el ayuntamiento de Alicante.
Alfredo Gómez
Historia tonta de un gabán
Ese gabán me lo había comprado mi mamá a plazos, recién había pagado la primera cuota. Roberto Fernandez Nandin tenía uno idéntico al mío, como éramos casi hermanos, dado que nuestras madres eran amigas desde antes de que naciéramos, no nos importaba mucho, creo que al contrario, nos gustaba parecernos también en los gabanes. La particularidad de la prenda, que la hacía muy novedosa para esa época, era que era «reversible». De un lado era paño, y al ponerlo al revés era una tela que parecía impermeable, aunque no lo era tanto.
Creo que estábamos en tercer año de liceo cuando se organizó un baile para recaudar fondos para el viaje de fin de año. Yo fui a ese baile con mi gabán recién estrenado y aún sin terminar de pagar. Como mi mamá me había recomendado que hiciera, lo dejé en la ropería, para que no me lo fueran a robar mientras bailaba. En la ropería estaban a cargo otras compañeras de clase, creo que una de ellas era Gloria Noya, que me gustaba desde que éramos niños, pero sin que ella me diera el menor indicio de ser correspondido, más bien todo lo contrario. Dejé mi gabán allí, me dieron mi ticket y me fui a la pista.
A la media hora o algo así, volví a la ropería y las chicas me pidieron si me podía hacer cargo para así poder ir ellas a bailar, a lo que accedí. Ya no había nadie más trayendo ropa, así que me quedé allí con alguien más y mis compañeras no volvieron más.
Al final del baile, la gente comenzó a venir a reclamar su ropa, y ahí se vio que era un caos: no habían llevado ningún orden al acomodarlas, los tickets no estaban abrochados y se habían caído. Desastre total. Empezamos a hacer pasar a la gente para reconocer sus abrigos, pero se armó batahola, empujones, tumulto, horda.
Al final faltaron abrigos, entre ellos mi gabán. Una de las cosas más estúpidas de las que he sido protagonista, y hay muchas…
Daniel Da Rosa / Serie Mínima
No deberíamos de reír
Ella reía. Él sonreía al verla tan alegre. Su tío los miraba con cara de pocos amigos. Las ancianas, con sus negros vestidos de luto, hacía gestos de disgusto. La enfermera que había cuidado al abuelo hasta su último suspiro movió su cabellera rubia en forma negativa. Ella y él se fueron a la habitación contigua y vieron que en una televisión, en blanco y negro, Frank Sinatra cantaba. El volumen del aparato estaba bajo pero si uno se acercaba podía oír muy bien que la «Voz» cantaba «Chicago».
La tía pasó, los miró y asintió con la cabeza porque los dos estaban sentados en el largo y mullido sillón floreado. Él le susurraba cosas al oído. Ella reía. Él sonreía al verla tan alegre. Sintieron que llegó el cura y que todos rezaron un «padrenuestro». Ella no rió y él se quedó serio. Acompañaron a los familiares y amigos hasta el cementerio y vieron que la tierra se tragó el cajón y al abuelo dentro. Después arrojaron flores sobre la pequeña montaña de tierra y el cielo se llenó de nubes negras como pájaros negros y la lluvia no tardó en acompañarlos. Todos allí corrieron buscando donde guarecerse pero ella y él se quedaron a los pies de la tumba. Él apenas rió. Ella sonrió al verlo tan triste.

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