(Viene del Nro. anterior)
La Ley 15.848 del 22 de diciembre de 1986, llamada «Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado», y «ley de impunidad» por sus detractores fue apoyada por Wilson como forma de evitar una gravísima crisis institucional, que suponía en los hechos un «golpe de Estado técnico». Implicaba desconocer toda la estructura jurídica del Estado y franqueaba el paso a cualquier otro desconocimiento. Los tres poderes del Estado iban a ser públicamente desconocidos según había sido anunciado por el Tte. Gral. Hugo Medina. La Ley de Caducidad fue sometida a plebiscito y ratificada por la ciudadanía el 16 de abril de 1989. El 14 de julio de 1987 Wilson es internado en IMPASA por «congestión pulmonar y una gripe mal curada». Es trasladado para un diagnóstico definitivo a Estados Unidos. Era una enfermedad muy grave y su tratamiento doloroso. Wilson siguió con su actividad, en particular trabajando en un proyecto de ley de descentralización y acondicionamiento territorial – gran preocupación del Caudillo – el cual fue suscripto por legisladores de todas las corrientes del Partido Nacional, al pie del Monumento a Aparicio Saravia, en ocasión del tradicional homenaje que siempre le brindó la Colectividad el 10 de septiembre. El 15 de marzo de 1988 Wilson fallece. Hubo misa de cuerpo presente en la Catedral. Velatorio en el Palacio Legislativo. Durante toda la noche la multitud rodea el Palacio para darle su último saludo. A partir de ese día pertenece a la Historia. Fue nacionalista, cristiano y revolucionario, en el sentido de impulsar la modificación de las estructuras socioeconómicas del país, y por lo tanto, a las de toda la sociedad. Fue un nacionalista ejemplar, dedicado a la unidad e integración del país: El 24 de diciembre de 1987 Wilson – visiblemente enfermo – se despide del Uruguay, que tanto amó, con un discurso de concordia y unidad a través de la Cadena Nacional de Radio y TV: «Cuando llega el final del año, en torno de la Navidad, el alma de todos se siente como tocada por una varita mágica. Daría la sensación de que en todas las latitudes, gente de diversas religiones o que no tiene ninguna, ve cómo se acallan las pasiones, cómo disminuye la dureza de los enfrentamientos. Poco a poco va desapareciendo la crispación de las actitudes, se crea un ambiente de fraterna comprensión. Gente de muy diversas religiones o de ninguna, repito, se encuentra, se abraza y se desea mutuamente en todas las lenguas del mundo, paz. Es también paz lo que por mi intermedio quiere desearles a todos los uruguayos el Partido Nacional. Yo sé que esto es lo que los uruguayos están viviendo hoy, lo que los uruguayos viven año tras año en ocasión similar. Pero todos sabemos también que no nos dura, que hay quienes terminando el estrépito de fin de año, pareciera que olvidaran el clima y resurge la crispación de las actitudes. Y vemos por sobre todas las cosas aquello que nos separa, y olvidamos lo mucho que nos une. ¿Que el Uruguay tiene problemas, quién puede ignorarlo? Lo que sí no podemos olvidar es que es válido invocar los problemas solamente si lo hacemos como modo de encontrar las soluciones. No sirve señalar la existencia de los problemas como vía de facilitar el enfrentamiento, la discrepancia, el desencuentro. Los uruguayos discrepamos en cuanto a determinar cuáles son esos problemas. Por consiguiente discrepamos también en la búsqueda de las soluciones. Nosotros tenemos que buscarle al Uruguay factores de aproximación espiritual, que nos permitan emprender la tarea, que necesariamente requerirá trabajo y esfuerzo. ¿Qué puede lograrse sin trabajo y sin esfuerzo? Nunca se ha conseguido nada de otra forma, y además lo que se ponga no vale la pena. Esfuerzo y trabajo que traen de la mano alegría cada vez que ese trabajo y ese esfuerzo abren camino de esperanza, y no recaen simplemente sobre las espaldas de unos pocos o muchos. Simplemente el esfuerzo tiene que estar repartido equitativamente entre todos. Y cuando ello ocurre los países son capaces de enormes realizaciones espirituales y materiales. Nosotros tenemos un país que es pequeño y que es pobre, pero tenemos las únicas dos cosas absolutamente indispensables: los medios y la gente. El Uruguay dispone de más tierra fértil por cada habitante que ninguna otra región del universo. El Uruguay tiene niveles de educación y de salud que es, bien lo sabemos, insuficientes, pero que nos proporcionan puntos de partida incomparablemente mejores que los de otros que están en similar condición o posición geográfica que la nuestra. El Uruguay tiene una tradición artiguista que le impone una voluntad integradora, sin la cual ningún camino de futuro está abierto. Y tenemos los uruguayos, por encima de nuestras diferencias políticas e ideológicas, un esquema de ideales que nos es común, y hace de nosotros una entrañable comunidad espiritual, y define al país como un estupendo país. En esas condiciones, la tarea es difícil pero está a nuestro alcance. Si fracasamos, no echemos la culpa a otros. Será exclusivamente nuestra culpa. Estoy seguro de que no vamos a fracasar. Y es en este espíritu que el Partido Nacional les desea a todos los orientales, una feliz Navidad y muy feliz Año Nuevo. Miren que no les digo próspero. Nunca me ha gustado mucho eso de medir la felicidad en términos materiales. La prosperidad es condición necesaria pero no es suficiente para la felicidad. Entonces, nuevamente, Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo, deseémonos todos a todos.» Biografía de Wilson Ferreira Aldunate.
FELICES FIESTAS
A todos nuestros lectores les deseamos una feliz navidad y feliz año nuevo.

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