Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, Somos de resistir al paso implacable del tiempo, a la sucesión vertiginosa de los acontecimientos, al mundo de lo inmediato y de la velocidad. Y a la ausencia de memoria, al trazo grueso, al prejuicio y al lugar común.
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
MARIA CURIE
He adquirido la costumbre de levantarme a las seis de la mañana, para poder trabajar más, pero no puedo hacerlo siempre. Un anciano, muy simpático, padrino de Andzia, pasa una temporada aquí, en este momento, y a pedido de la señora Z., he tenido que rogarle, para distraerle, que me enseñe a jugar al ajedrez. También es necesario que haga la cuarta en los juegos de naipes, y esto me quita tiempo para mis estudios.
Leo en este momento:
I) La física de Daniel, de que he leído ya el primer volumen.
II) La sociología de Spencer, en francés.
III) Las lecciones de anatomía y de fisiología de Pauls Bers, en ruso.
Leo muchas cosas a la vez; el estudio seguido de una sola materia podría fatigar mi cerebro, ya bastante cansado. Cuando me siento absolutamente inepta para leer prácticamente, resuelvo problemas de álgebra y de trigonometría, que no soportan faltas de atención y que me devuelven al buen camino.»
La joven María deseaba sobre todo estudiar en Francia. No la seducía Berlín ni San Petesburgo porque asociaba sus regimenes políticos con la opresión de Polonia. En cambio amaba a los franceses por, lo que consideraba, su sentido de la libertad, su tolerancia con todas las creencias y su hospitalidad hacia los refugiados. Enviaba 15 o 20 rublos por mes a su hermana Bronia. Le escaseaba el dinero para sus gastos personales: a veces hasta carecía de lo necesario para comprar las estampillas de sus cartas.
Surge un romance
Cuando llegaron las vacaciones de verano, volvieron de Varsovia los muchachos que estudiaban allí. En esta ocasión María conoció al hijo mayor, Casimiro, que concurría a la Universidad y era un excelente alumno. Participaban de paseos, se encontraban en los bailes, cabalgaban juntos y tenían largas conversaciones donde se fue gestando el amor. Hicieron planes para casarse y decidieron que él se lo comunicara a sus padres con la ilusión de que estos le otorgarían el consentimiento. 
Pero los Zorawski tenían otros planes para su hijo mayor. No era que no apreciaran a María, con la que tenían una buena relación y era respetada y estimada, sobre todo por el padre de Casimiro con el que solía conversar animadamente. Incluso invitaron al padre de María para pasar unos días en su casa para que pudiera estar con su hija. Los estimaban por su inteligencia y su nivel cultural, pero de acuerdo a sus convencionalismos sociales, no podían consentir que su hijo, que tenía un brillante porvenir y podía aspirar a ricas jóvenes de la nobleza, se casara con una institutriz, que, de acuerdo a su modo de pensar, venía a ser como una criada de lujo.
Este rechazo categórico de la familia amedrentó al joven Casimiro, y puso en duda las perspectivas de concretar la boda. Aunque se siguieron viendo durante algunos años, la humillación sufrida por el rechazo de la familia, fue un duro golpe para María quién manifestó su desencanto en una carta a Enriqueta:
«…¿Mis planes para el porvenir? No tengo, o mejor dicho, son tan corrientes y simples que no vale la pena de hablar. Espabilarme tanto como pueda y cuando no pueda más decir adiós a este bajo mundo. El perjuicio será pequeño y los pesares que dejaré muy relativos.
Tales son actualmente mis únicos proyectos. Algunas gentes pretenden que, a pesar de todo, es necesario que pase por esta clase de fiebre que se llama amor. Esto no entra absolutamente en mis planes. Si antes los pude tener, han volado como el humo y los he enterrado, encerrado, escondido u olvidado, puesto que tu no ignoras que los muros son siempre más fuertes que las cabezas que intentan derrumbarlos».
Pese a que se sintió afrentada y humillada, decidió seguir trabajando como institutriz hasta el fin de su contrato. En realidad, el enfrentamiento no había sido con ella, sino en el interior de la familia, por lo cual su dignidad no se vería afectada si proseguía con su trabajo, manteniendo silencio sobre ese tema, aún a costa de disimular sus sentimientos.
Además no podía darse el lujo, en ese momento, de renunciar a un empleo bien remunerado sin poner en riesgo el convenio que había hecho con su hermana Bronia y su propio futuro. Le estaba enviando 15 o 20 rublos por mes para ayudarla a estudiar en París lo cual era una contribución importante que la dejaba casi sin dinero para sus gastos, tanto que, a veces, no podía comprar ni estampillas para las numerosas cartas que solía escribir a su familia y amigos. Pero la parte buena de todo esto fue que estimuló sus deseos de lograr una vida independiente.
En 1889 finalizó el contrato con la familia Zorawski y regresó a Varsovia a vivir con su padre. Encontró allí otro trabajo también como institutriz de unos niños en casa de una familia acaudalada. La señora era joven y bonita y le gustaban los bailes, hacer fiestas y reuniones donde invitaban artistas y gente de renombre. En ellas participaba María que gozaba de la estima de la dueña de casa a quién le agradaba la originalidad de su carácter.
Poemas Desleídos
de Daniel Da Rosa.
Luego de Bar Sportman . Memorias, Daniel Da Rosa presenta «Poemas Desleídos» una selección de trabajos del Poeta, Narrador, Dramaturgo , editado por Libros de San Juan.
11 de Noviembre
hora 18
La Madriguera
Rivera 478
Ahora no me conocés
En dónde estamos?

Ahora no me conoces de la edición anterior

Naturaleza!!! (José Pepe Torres)
Post data (Los muchachos del Club)
Buen día, en el espacio de «Ahora no me conocés», aparecen algunos de los integrantes del ya desaparecido club Chipre de basquetbol, en el centro de la foto y un poco a la izquierda aparece mi padre Vicente Quereillac, se lo distingue fácil porque era el menos lungo de todos, gracias por mantener presente la memoria del pueblo, (Vicente Quereillac)
Entre Escritores
Dos poetas y un narrador: Marcia Salvioli, Daniel Da Rosa y Diego Bengoa (Pepe Sacapuntas), columnistas de este suplemento, responden amablemente a preguntas baladíes.
¿Cuál es tu libro favorito que nadie más ha oído hablar?
Diego Bengoa : Me gusta mucho un cuento de Borges. Un micro cuento. «El Puñal»
Marcia Salvioli: El libro de las mujeres, de Alice Munro.
Daniel Da Rosa: Mi libro favorito es el que aún no he escrito. Pero hay uno, entre muchos, que recomiendo su lectura: «Terraza en Roma» de Pascal Quinard.
¿Con qué libro has tenido que lidiar , por su presencia fantasmal tratando de influir, en algunos de tus procesos de escritura ?
Diego Bengoa :Toda la obra de Poe; El Gato negro, Narraciones extraordinarias.
Marcia Salvioli: Raíz salvaje y La liebre de marzo.
Daniel Da Rosa: El problema no es lidiar con ciertos libros que, de una manera u otra, han influido en mis procesos de escritura. El problema sería no volver a ellos, pues cada vez que los leo sigo aprendiendo un poco más.
( Hablo, por ejemplo, de «Poemas humanos», «Gotán», «Rayuela», entre otros.)
Estás organizando una cena literaria. ¿Qué tres escritores, vivo o muerto, invitas?
Diego Bengoa Poe, Balzac y Heminway, 10 litros de Whisky y una pata de pollo porque como decía Alberto Olmedo en este grupo somos de poco comer…
Marcia Salvioli: Paul Auster, Federico y Delmira, qué delirio!
Daniel Da Rosa: Organizaría una cena por cada día de la semana ( con escritores que conozco personalmente y con otros que aún no he tenido el privilegio de conocerlos). Pero empezaría un lunes con Vallejo, Gelman y Marosa Di Giorgio. El martes con El Maca, Martín Bentancor y NIcanor Parra.Y después te paso el resto de los días con la lista de invitados.
¿Cuál fue el mejor libro que has recibido como regalo?
Diego Bengoa El Libro de la Selva en realidad el Libro de las Tierras Vírgenes de Rudyard Kipling.
Marcia Salvioli: Antolgía poética de idea, me lo regalaron cuando cumplí 14.
Daniel Da Rosa: No puedo cometer este pecado literario. Todos los libros que me han regalado han sido mejores que los que yo he comprado. Por siempre agradecido.
Decepcionante, sobrevalorado, simplemente no es bueno: ¿Qué libro suponía que te gustaba, pero no?
Diego Bengoa : No me ha pasado porque si un libro no me gusta no lo leo, pero reconozco que no me resultó fácil digerir El libro negro de Omar Pamuk.
Marcia Salvioli: es bueno pero no me mata La mujer justa de Márai.
Daniel Da Rosa: Los libros que me llegaron a decepcionar ya no los recuerdo. Generalmente, cuando no sucumbo a la supuesta embriaguez del libro, dejo de leerlo antes de llegar al final, sin importar si eso sucede en la cuarta página o la mitad del mismo.
Pepe Sacapuntas en Santa Lucía
Diego Bengoa (Pepe Sacapuntas), embellece el mundo publicando «Cuentos Crónicos».A través de seis historias de ficción, el autor nos invita a viajar desde Alaska hasta la India, haciendo escala en París, en un vuelo literario atravesado por diferentes estilos y lenguajes.
Cazadores, diplomáticos, asesinos y simples ciudadanos, entre otros personajes, nos acompañan mientras cabalgamos en una tempestad, conocemos el poder de una droga inimaginable o tenemos un encuentro con una entidad demoníaca en medio de un bosque lejano.
El amor, el miedo, la frustración y la risa conviven y se entrelazan en estos Cuentos crónicos, abriendo un camino tanto hacia el reconocimiento como hacia el asombro.
Proximamente el autor en La Madriguera
Omar Adi
Alvaro Armando
«El Francesito» camina por la calle Rivera hacia la Estación cuando la lluvia hace sombreritos. Soledad de incomprendidos/ soledad de los
caídos/ fiel y amarga soledad. Tradujo a Whitman, dicen que directamente del italiano. Desde el balcón de mi alcoba/ yoguizando, contemplaba. Fue sindicalista de raíz marxista. Lanzó el Manifiesto de constitución del Partido Socialista en 1901. Este vivir de ensueños en ensueños,/ estos desdoblamientos enigmáticos!. Fue el primero que practicó el decadentismo. Cuando llueve, mira serio los sombreritos y empieza a hablar. Así pensaba mirando el agua fluvial correr/ todos los niños jugar, el cielo azul sonreír,/ el sacerdote leer, y el aire a ratos menear/ los follajes del jardín. Es en las tardecitas de domingo cuando los iniciados pueden verlo discutir, de espaldas a la iglesia. Ser de luz y estar a oscuras, recita entonces. Si aguzan el oído, los iniciados podrán escuchar su diálogo con Roberto de las Carreras.
Alvaro Armando: Usted padece de neurosis mental. Su sensibilidad es exagerada como la de un andrógino de decadencia. Comparte usted con Gómez Carrillo la vanidad cósmica y la maledicencia femenil.
Roberto (que es alentado por la sombra de Julio Herrera y Reissig, ubicada detrás): Es usted producto de la inercia matrimonial en cuya fisonomía «hébétée» está inscrito el bostezo trivial con que fue engendrado.
Es entonces cuando Alvaro Armando calla y sigue su camino hacia la Estación, mirada baja hacia los sombreritos de la lluvia.
El más allá, qué es?/ Un espacio mental?/ Kosmos de Kosmos?/ Una idea? Una imagen? Un abismo?/ Está dentro de nos?, en El estamos?/ Aquél que se concentra, le intuiciona?.
Concéntrese, vecino. De repente intuiciona a Vasseur.
Diego Bengoa
Yo solo se que
Hay frases que no dicen nada pero como están de moda, repertirlas les da a algunos un cierto aire intelectual. De gente importante.
En una época se impuso; «detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. ¿Y detrás de una gran mujer ? Tal vez el infierno de Dante…
Ahora he visto que varios escritores proclaman a los cuatro vientos: «yo lo único que sé hacer es escribir». Como si estuviera el duende de Cortazar detrás de tamaña estupidez. Que diría un Borges que andaba entre milongas y prostíbulos del bajo fondo cuando ya era un diferente. ¿Y Hemingway? Un tremendo escritor que fue corresponsal de guerra, y amaba la pesca , las corridas de toros y los tragos, aunque seguramente no en ese orden. La lista de los grandes que sabían hacer muchas cosas es inabarcable. En lo personal nunca compraría un libro de una persona que dijera que solo sabe escribir. Una suerte de visionario en un panóptico que no se ha contaminado con la realidad que pretende describir, aún desde la ficción.
Es que a mi me atrapan los escritores que puedan decir: » yo lo único que sé hacer es vivir».
Leemos para saber que hay otros ahí fuera. RF

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