Se dice vulgarmente que nadie es profeta en el lugar donde nace, y es así, que muchos ciudadanos de Santa Lucía con unas cuántas décadas encima tal vez no alcanzaron a conocer quién fue en vida Julio Bonino (Monseñor de la Diócesis de Tacuarembó y Rivera). Tuvimos la satisfacción de conocerlo desde nuestra juventud, siendo compañeros de aula en preparatorios de Agronomía en el Instituto Tomás Berreta de la ciudad de Canelones.
Como anécdota me quedó grabado el hecho de que estando en la clase de literatura con un profesor de nombre Jorge Albistur, en pleno desarrollo del tema que había elegido en esta oportunidad, Bonino, levanta la mano para solicitar permiso para retirarse de clase, siendo como era excelente estudiante, sorprendidos por este hecho ya que abandonó el Liceo en cuestión, supimos más tarde que había ingresado al área sacerdotal inspirado vaya a saber, por un llamado superior que supo aceptar. De aquí en más perdimos rastro de su trayectoria hasta que lo que reencontramos años más tarde como sacerdote recibido.
Tuvo una carrera brillante como tal, y nadie puede olvidar de las entretenidas y sencillas oratorias (sermón) que oficiaba en la iglesia, y es que en su educación familiar apuntó siempre a hacer el bien, al respeto, a la tolerancia, ayudar al necesitado y lo plasmó siempre en la mayoría de los actos en que estuvo presente.
Gran animador de reuniones, su afición a la música le permitió amenizar y granjearse en forma instantánea la simpatía de los fieles y de los que no lo son. Por conocimiento de otras personas supe que integraba comisiones y organismos donde su capacidad y emprendimiento facilitaron para llegar a determinadas personalidades, llegando resultados positivos en la procura de buscar las mejores soluciones (Gran acuífero de Uruguay, Brasil Argentina, Paraguay).
La diócesis de Tacuarembó lo adoptó como hijo pródigo, sabiendo del valor espiritual y humano de este Sacerdote que la Curia no dudó en nombrarlo Monseñor (Obispo) que sin lugar a dudas lo ganó por su sincero amor hacia los necesitados.
Tuvimos la alegría y felicidad de verlo en la misa que ofició muchas veces en la llamada Fiesta de la Patria Gaucha, que como broche de oro cerraba la semana; y ahí se veía el forastero, el gaucho, el paisano, el rico, el pobre, el obrero, el jubilado, los niños, hombres y mujeres correr pequeñas lágrimas de emoción y alegría al desarrollar el sermón en el auge de la misa, demostrando con ello la humildad y sinceridad de este gran hombre. Atrapaba multitudes con un lenguaje sencillo, entendible para todas las capacidades. Siempre pensé que se parecía mucho al Papa Juan Pablo II, por su manera de actuar, por su sencillez, por su bonhomía. Y tanto así que pensaba que podría haber llegado al cardenalicio por lo que representaba.
También debo agregar que este nuevo Papa Francisco I, se asemeja a lo que comprendo como representante de Jesús en la tierra y que también monseñor Bonino tenía muchas facetas que lo identificaban con él.
Hubiera sido un fiel exponente y se habría ganado el amor de muchos fieles si lo hubieran llamado a Roma (Vaticano).
Para terminar debo redactarles otra anécdota que el propio Julio me contó personalmente.
«En oportunidad de estar haciendo dedo en la rotonda hoy (Petrobras) para ir a Canelones a trabajar, para una camioneta en la que venía monseñor Julio Bonino con atuendo de monseñor. Grata fue la sorpresa y no recuerdo cómo empezó la historia… Pero dado el afecto mutuo y la confianza, desarrolla en episodio transcurrido en Montevideo en una iglesia, agregando que: «El hombre propone y Dios dispone».
El asunto fue que durante una semana con otro Cura estuvieron comiendo arroz en demasía pues las actividades por ese entonces no le permitían mayor tiempo para cocinar, es así que de común acuerdo con el compañero decidieron que para el sábado tratarían de hacer una rica cazuela de mondongo con los aderezos que ello corresponde. Llegado el sábado y habiéndose deleitado con el preparado del mondongo y ya para llevarlo a la mesa a saborearlo… hete aquí que suena el timbre de la parroquia en forma insistente y que dejó un poco de perplejidad a los comensales, que ante las circunstancias y lo que ellos representaban atendieron a la puerta. Debo agregar que estaba lloviendo ese sábado, y cuál no sería la sorpresa que se encontraron con una parejita de enamorados que deseaban casarse y se iban para otro departamento (no recuerdo dónde). En estas circunstancias, con el mondongo enfriándose en la mesa, deciden atender a la joven pareja que resultó muy humilde, a tal punto que preguntándole si habían comido algo (no habían comido).
Luego de la ceremonia, agregaron arroz al mondongo y cuatro fueron los que se sentaron ese día la mesa parroquial. La botellita de vino, fue sustituida por agua sin gas. «De aquí el hombre propone y Dios dispone».
No tengo dudas Julio que encontrarás lugar indicado en el cielo como tú lo encontraste en la tierra. Orgulloso y feliz por haberte conocido y por todo lo que dejaste de ejemplo en este mundo tan convulsionado.
Afectuosamente
Eduardo Callorda

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