El 15 de diciembre, todos recibimos aquella noticia que, no por probable, deja de ser difícil de digerir: el 1° de enero de 2017, aumento en las tarifas públicas de Ancap, Antel, OSE y UTE. El anuncio, fue del ministro de Economía, Danilo Astori.
Los pagos de impuestos, tarifas y tasas, no nos gustan, claro que no. Pero también es cierto que gracias a ello, los ciudadanos tenemos calles transitables, un sistema de salud integrado, una educación cuyos cambios se sintieron desde el ADN, una seguridad ejemplar y servicios a todo nivel, dignos.
Ahora…pongámoslo en modo pregunta. Los ciudadanos, ¿tenemos calles transitables, un sistema de salud integrado, una educación cuyos cambios se sintieron desde el ADN, una seguridad ejemplar y servicios a todo nivel, dignos? Creo que no. Por eso es que podemos decir que el aporte a nuestras arcas, las de todos, nos pesan cada vez más.
Podemos llevar la situación al terreno privado. Elaboremos por un segundo, un escenario alternativo, donde brindar servicios en cualquier rubro, es la obligación del expendedor del mismo para con el que paga.
Imagine que usted va a la estación de servicio y paga por 30 litros de nafta. El estacionero le vende una de bajísima calidad pero a precio de “la buena, sin plomo”. Pero además, en lugar de 30 litros, le despacha 19 y le cobra como si fuera el total.
Usted reclamaría. Con razón. Luego, en caso de no existir una respuesta, amenazaría al despachante con denunciar el caso ante la Oficina de Defensa del consumidor.
Si esto es impensable en el sector privado, tenemos derecho a preguntarnos por qué no tenemos esa salud, educación y seguridad que merecemos y que además, fue prometida por el gobierno del Dr.Tabaré Vázquez.
Y el uruguayo de bien, que intenta emprender y salir adelante también se ve atado de pies y manos por la carga impositiva y por los costos de las tarifas.
La senda no es fácil. Pero tampoco es imposible. Si se achicaran los gastos del estado, los salarios de cargos de confianza y se fuera más vigilante con los fondos y empresas públicas, otro sería el panorama.
Se nos ha dicho como una máxima justificativa de situaciones aún sin explicación formal como las de Pluna y Ancap, que los partidos tradicionales hacían “cosas peores”. Y que esta, es una “década ganada”.
Tres apuntes al respecto: ya son tres los partidos tradicionales: no existe más un país con dos formas de pensamiento.
Segundo, es una década perdida en justificaciones: primero la herencia maldita. Luego, en la ausencia absoluta de respuestas sobre casos con ribetes de escándalo. Evasivas, ironías, enigmas, se constituyen en declaraciones casi excluyentes de los altos mandos que deberían ser quienes den la cara. Como ejemplo, el caso del título del vicepresidente Raúl Sendic que, sin ser un delito, constituyó la burla más grande a todo el pueblo uruguayo. Título que, recordemos, dijo públicamente haber visto, la senadora Lucía Topolansky, titular de la lista más votada en todo el país como es el MPP y esposa del expresidente de la República con mayor marketing en la historia nacional.
Esta no parece ser la seriedad de un país en crecimiento. Al contrario. Ojalá los años que quedan de gobierno reviertan este panorama de voracidad estatal, en continuo ascenso. Y de no revertirse, es de esperar que la memoria de los uruguayos esté intacta cuando las urnas nos llamen a decidir nuestro destino.
Espacio 40 empieza el año con la preparación de la elección de jóvenes y con una incorporación que mucho nos alegra. De eso hablaremos, en sucesivas entregas.

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