Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, Se organiza en torno a la biblioteca, los papeles, las anotaciones, los archivos, los cuadernos, las libretas,
las fichas, y las murmuraciones en la feria.
Ahora no me conoces
El nacimiento de un gigante

Ahora no me conoces de la semana anterior
Palacio Lacueva (Susana López)
Historias de Música.
-Lunes a Viernes de 12 a 13 horas.
Conduce: Un tal Luis Fernando Iglesias. Emisora del Sur 94.7 FM
El Maestro Enrique Ilera
El Astrónomo
Sin que nadie lo esperase y dejando a todo el mundo anodadado, hizo su
aparición en las calles de Rabo Corto aquel extraño sujeto sesentón ya largo, con
aspecto de artista o alguna ocupación poco común. Por lo menos en este lugar.
Gastaba luengas barbas blancas y de su larga cabellera que el viento abanicaba
como una pequeña ventisca tibia.
Sus ropas estaban demasiado usadas, y además de sabiduría su mirada tenía
destellos de cansancio y frustraciones, debido, quizás, a tener rajados los
cristales de sus anteojos.
Además la fatiga lo hacía respirar con dificultad, porque traía de remolque un
carrito con algún contenido que también llenó de interrogantes a todos los
rabocortenses, dado que nadie había visto jamás en su vida aquellos extraños
instrumentos.
Jadeando penosamente y siempre tirando del remolque cargado de rarezas se
encaminó directamente hacia las oficinas de Haljala y Ayala Administración de
propiedades, dejando no bien llegar al carrito con su contenido en la puerta de
la inmobiliaria, Cosa que los rabocortenses aprovecharon para ver si podían
averiguar que eran todos aquellos extraños artefactos. Pero no pudieron hacerlo
porque sus formas desconocidas los mantuvieron a distancia.
Haljala y Ayala interrumpieron momentáneamente sus acertijos para
comprobar si el visitante ameritaba ser atendido por ellos como persona, pero
como se sintieron intimidados por su aspecto extravagante, hicieron señas a
Delfino y Delgrosi para ver que requería aquel exótico aspirante a inquilino.
– Ando en busca de un lugar para instalar mi observatorio ¿tendrían algo?
– preguntó el científico.
– – Hay un inmueble en alquiler que podría servirle. No tiene techo –
Señaló Delgrosi
– -Pero queda en el Bosque de los Afiladores o Donde crecen los Eucaliptus
– Objetó Delfino.
– – Una casa sin techo me viene de las mil maravillas, para poder estudiar
el firmarmento. La alquilo.
Pero quisieron los avatares de la vida que al poco tiempo el observatorio fuese
nuevamente una casa sin techo como cualquier otra, porque el astrónomo
terminó internado en el Hospital de Alienados Dr, Coro Fodín, por confundir a
los Alienados Evadidos con visitantes extraterrestres.
Daniel Da Rosa
Abigarrados vientos en calles malolientes
te despeinan sin darte cuenta
y como un reloj sin arena
el tiempo parece no pasar
ya los labios fríos
y las palabras que salen de cristal
todo es como
un libro sin una mano que lo acaricie
se llena de páginas vacías
y siente temblorosa e ingrávida la luz del deseo
que atraviesa la oscuridad sin encontrar la carne
la memoria se envuelve en destellos
y se asemejan a alaridos de perro viejo
se comprende entonces
que la suerte está echada.
Félix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Joseph Conrad
Recibe visitas muy importantes
En julio de 1911 recibió una visita que fue calificada por Stape de
“acontecimiento crucial” en la vida de nuestro autor: llegó a su casa el escritor
francés André Gide, acompañado por el poeta Valéry Lerbaud y por la
norteamericana Agnes Tobin, persona de gran fortuna además de ser poeta y
traductora. Llegaron en coche un domingo y tuvieron una conversación muy
animada y productiva con el escritor con quién desarrolló una duradera amistad
aunque fue sobre todo epistolar. Posteriormente Gide traduciría al francés Tifón
y dirigiría, para una editorial, la traducción de varias obras de Conrad. También
fue importante la relación con Agnes Tobin quién lo puso en contacto con el
abogado John Quinn quién poseía importantes manuscritos literarios de obras
de Ezra Poun, poeta, ensayista y músico norteamericano, William Butler Yeats,
poeta y dramaturgo irlandés, y de James Joyce, escritor irlandés, autor de Ulises
a quién le compró el manuscrito original de esta obra. Quinn también
coleccionaba arte moderno y Conrad le vendió los manuscritos de algunas de
sus primeras novelas.
En 1912 comenzó a escribir una novela que tituló inicialmente Dólares y
que luego llamaría Victoria, historia ambientada en el Extremo Oriente. La obra
fue interrumpida y reiniciada más adelante.
En 1913 nuestro escritor recibió otra visita sumamente importante: la
venida de Bertrand Russell, famoso filosofó, matemático y escritor inglés a
quién la presencia de Conrad emocionó de tal manera que describiría así este
acontecimiento: “La emoción fue tan intensa como un amor apasionado, y al
mismo tiempo absorbente. Me marché desconcertado y casi incapaz de retomar
mi camino entre mis asuntos cotidianos”. La amistad fue duradera y grande la
admiración de Russell por el escritor ya que bautizó con el nombre de Conrad a
dos de sus cinco hijos. Conrad a su vez incluyó entre los personajes de una obra
que estaba escribiendo, El colono de Malata, a un profesor de filosofía en un
sutil homenaje a su nuevo amigo. 1
El libro El colono de Malata estaba ambientado en el oriente asiático en
el ambiente marinero de la época. Luego escribiría otro relato llamado Por
culpa de unos dólares y ambos serían publicados juntos en 1915 bajo el título
Entre mareas. Al igual que Victoria, eran “relatos sombríos y profundamente
tristes”. Sus personajes encarnaban “vidas solitarias, nómades y fracasadas…
Gente de pocas palabras y difícil comunicación con el mundo” que “se sienten
más a gusto en su barco que en tierra”. 2
Es muy probable que estos finales trágicos sean producto de las
infortunadas experiencias por las que pasó el autor en este período: la crisis
nerviosa, los ataques de gota, la enfermedad de su mujer y la inestabilidad
económica en que vivió se manifestó de esta forma en sus libros.
En enero de 1914 se publicó Azar. Su amigo Cunninghame Graham quién
poco antes había venido a visitarlo para traerle su nuevo libro, A Hatchment,
una antología miscelánea, hizo a su vez una valoración positiva de la obra de
Conrad que mejoró el estado de ánimo de nuestro escritor. La novela captó
también el interés de Bertrand Russell quién tenía ciertas reservas con su final
feliz pero que se fue interesando “de manera creciente e intensa a medida que
avanzaba”. 3 La novela fue un éxito de público pese a la dura crítica que realizó
Henry James al método narrativo de Conrad. Esta buena recepción (la obra
alcanzó la quinta edición) fue doblemente positiva al desencadenar nuevas
reediciones de La locura de Almayer y El negro del Narciso en Estados Unidos.
Eduardo Mollo
Autores de textos musicalizados por Alfredo Zitarrosa
1. Acuña de Figueroa, Francisco
2. Alonso y Trelles, José
3. Ardúa, Martín
4. Batlle y Ordóñez, José
5. Benavídez, Wáshington
6. Bonavita, Carlos
7. Bonavita, Luis
8. Cabrera, Sarandy
9. De Ibarbourou, Juana
10. Estrázulas, Enrique
11. Guillén, Nicolás
12. Herrera y Reisig, Julio
13. Hidalgo, Bartolomé
14. Muniz, Lucio
15. Porta, Eliseo
16. Roxlo, Carlos
17. Vilariño, Idea
Gonzalo Alonso
Roosevelt y Legnani
Tan metido en nuestras vidas esta el 23 que uno no sabe si nació en Santa
Lucia o si efectivamente nació en el club social.
Sentir que siempre estuvo allí, y con el perdón de aquellos viejos que me
lo afirmaron y no les creí.
Los hermanos de su época han caído vencidos ya por el desuso de la
reunión social…sin embargo estoico el club miró un cambio de siglo.
Varias generaciones pasar, el hombre pisar la luna (aunque el bandido
Paco tenía razón).
Bohemios y académicos en discusiones de aquellas en que se nos va la
vida.
Bolsos y manyas, los beatles y los stones.
Diarios del lunes con te lo dije ayer domingo.
Novias, lluvia y llantos. Escaramuzas y muchos abrazos. Risas y claves de
Sol. Miserias y pocas glorias.
Aquella madrugada en que nuestro corazón pareció romperse, contemplo
desde los ventanales de la confitería, sus pasos cortos pero urgentes sobre
las baldosas, en aquel adiós que pareció un para siempre…Uno se
imagina allí dentro, aun cuando los parasoles y las cortinas están
cerradas.
Roosevelt y Legnani. Cuando tocó a la puerta la edad de salir a estudiar o
trabajar, siempre espero la vuelta generosa para ese día del reencuentro.
La canción ya no era la misma y muchos tuvieron que salir más lejos sin
elección, fantásticamente su escalera le ganó a la generala de la vida.
Inviernos junto a la estufa, pocillos de café, té en vasos largos, donde un
pequeño pez limón ya jubilado de nadar mares de letras, miro con
desasosiego ese divino tesoro.
Verano desde la explanada, mesas y sillas de chapa pensando en el
arenal.
Bajar por Legnani, subir por Rivera.
Un patio español refleja zarzuelas y tules.
Por un caracol de ideas elevo a muchachas y muchachos para que
flotaran con giros de viejos long play.
Su larga cortina colgada de los sueños de tablas, amplifico a los maestros
de acordes y palabras justas.
Y aquella otra noche desafinada por el desatino su lustroso parquet
ocultó las sombras.
Fellini o Tarantino, gracias maestro y más tarde con Bonetti ya en el
remate el cine que nos parió.
Nosotros, almas vacías de ideas sin el veintitrés o como aquellos bancos
de la estación en que ya los trenes no volverán jamás. (Una ciudad para
armar. Libros de San Juan . 2019, pág. 23)
Alfredo Gómez
Olvidos
El mejor olvido es olvidar la ausencia:
( en la habitación de al lado
mi madre teje una bufanda o lee un libro.)
Olvidar que han muerto los que tanto queríamos,
y sentirme como un niño que nunca ha visto un féretro.
No hay nirvana o paraíso que se compare a ese olvido,
no hay gozo ni hay alegría que se le pueda sumar.
Me olvidé que ya no estabas, y me vuelve el alma al cuerpo.
La ausencia es sentimiento, el olvido es más que eso.
Es el engaño más cierto.
Cuando espero tus pasos y los oigo metro a metro,
cuando la noche me envuelve y estoy contigo y te sueño,
y al despertar dejo mis ojos cerrados y al lado mío te siento,
es ese olvido el que quiero, sin torturas de recuerdos.
Y si has muerto que no me entere…
y si sólo te has ido, que nunca lo sepa…
Ilustraron: Pablo Pose Malacrida, s/d, Julieta Quiroz.
“No es mi culpa si todo lo que se sale del letargo intelectual se considera una
provocación” MO

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