Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de EL Pueblo, Convicciones, creencias, opiniones, certezas, principios, reglas y hábitos recogidos desde el lavadero
de autos hasta la Quinta Capurro.
Ahora no me conoces
se puede saber dónde estamos?

Ahora no me conoces de la semana anterior
Flor Rey (José Pepe Torres)
Historias de Música.
94.7 FM. Emisora del Sur -Lunes a Viernes de 13 a 14 horas.
Conduce: Luis Fernando Iglesias
Luis Fernando Iglesias
Ideación/Psiglo.
Cuareim 1477
En 1967 mi familia se instaló en Montevideo. Antes, entre 1963 y 1966, vivimos
en una casa añorada de Colonia, frente al tanque de agua de ose. Recuerdos
imborrables de una infancia feliz. En ese tiempo mi padre trabajaba en
Sudamtex y mi madre era una de las dentistas importantes de la ciudad. Dejé
amigos, calles de eternos partidos de fútbol y la música que mis viejos
escuchaban en un viejo tocadiscos Collaro azul tipo valija, con un parlante en la
tapa y dos perillas blancas para el tono y volumen. Por supuesto, monofónico.
Esa valija sonora solía estar abierta todo el día en la casa de Colonia. En ese
parlante se mezclaban canciones de Nat King Cole con San Remo 66, el Coro de
la Universidad de Guanajuato con nuestros discos de María Elena Walsh. Volver
a Montevideo fue dejar abierta una etapa de la vida que, por suerte, nunca se
cerrará.
Mis padres compraron una casa en la calle Cuareim, entre Mercedes y Uruguay,
con el número 1477 en la puerta. Pleno Centro de Montevideo, con sus historias
sin barrio. Los habitantes de esas calles recuperábamos la soledad, en toda su
dimensión, los fines de semana. Una soledad que parecía multiplicarse el
domingo. El resto de los días lade quienes trabajaban y tenían que trasladarse a
nuestro barrio, expropiándolo. Cuando llegamos a la adolescencia pude apreciar
otra ventaja de esa casa. Solía llenarse de amigos o conocidos que “pasaban por
el Centro” y hacían una pausa para un café o una torta, de esas que mi madre
siempre tenía listas. El lugar de reunión para matar las horas de la adolescencia
donde hay pocas obligaciones pasó a ser la calle Cuareim entre Mercedes y
Uruguay.
Una casa antigua, de techos muy altos e inviernos muy fríos. Una calefacción a
fueloil con caldera central era nuestra defensa contra aquellas noches invernales
que aparecen heladas en el recuerdo. La casa era tan amplia que mi hermano y
yo teníamos cuartos separados. El mío estaba ubicado al frente, al lado de la
puerta de calle, y se mezclaba con la casa vecina. Ahí estaba la embajada de
Chile y, con el retorno de la democracia, la Casa de la Cultura Zelmar Michelini.
En los meses previos al golpe de Estado en Chile, mi ventana recibió una bomba
por equivocación. Estábamos de viaje con mi familia y por suerte los vecinos
apagaron el incendio cuando todavía era incipiente. El miedo me acompañó por
un tiempo cada vez que me acostaba a dormir. Otros miedos comenzaron a
ubicarse por las calles de Montevideo y se quedarían por más de una década.
Para mi hermano y para mí, la música de ese final de los sesenta y comienzo de
los setenta tuvo sentido dentro de la vieja casona del Centro que aún hoy
permanece, apenas con algunos retoques, en el mismo lugar. Poco a poco esa
cuadra comenzó a quedarse sin familias. La ORT (que hoy es dueña de la que
fue mi casa) tomó casi toda la cuadra. Es la lógica del centro de las ciudades que
noda aires de barrio. La vida ocurría detrás de esa puerta cancel de vidrio y
madera que solía llenarse de amigos que pasaban por ahí. La vida tenía su eje en
la última ha – bitación de la casa, un lugar de estar que conectaba con un patio.
Ahí estaba el televisor Grundig de veinte pulgadas y tonos grises, junto al equipo
de música.
Por eso el comienzo de esta historia es en blanco y negro. Con esos colores tengo
clasificados algunos de los recuerdos de la niñez y adolescencia traídos por ese
ojo eléctrico de dos colores. Cerca del fin de la década, los domingos estaban
ganados por la música que traía Discodromo Show, programa conducido por
Ruben Castillo. El Grundig parecía una ventana con música en esos mediodías.
Arrancó a comienzo de los sesenta en Radio Sarandí. Se llamaba Discodromo
porque era una especie de carrera de discos, seleccionados por Ruben Castillos,
nacido en Rivera y protagonista de la difusión y apoyo a la música de aquellos
años, a quien se le sacó la ese final del apellido y terminó siendo Ruben Castillo
para siempre. En el surgimiento de Teledoce integró su grilla como Discodromo
Show. Hasta 1973 duró en la pantalla de tonos grises para luego retornar, en
forma exclusiva, a la radio. En ese comienzo de los setenta todas las bandas de
la movida del rock fueron incluidas, aunque el programa abarcara todos los
géneros. ColdCoffee, TheKillers, Moonlights, Los Campos, Ovni 87, Psiglo, eran
algunas de las muchas bandas que escuchábamos duran – te el almuerzo, pero
también estaban Alfredo Zitarrosa, Nancy de Vita y Washington Carrasco, por
mencionar a tres figuras de otros géneros.
Para dos pibes que llegaban a la adolescencia, esas imágenes eran una puerta de
entrada a lo que queríamosescuchar. Al lado del Grundig estaba ubicado el
equipo de música. Mi viejo era un melómano así que sus discos andaban por
todos lados. Primero fue un equipo Sony “tres en uno”; luego pegamos un salto
de calidad hacia un equipo Fisher de mucho mejor sonido. La compra de discos
comenzó a ser algo compulsiva. Las liquidaciones de marzo de Palacio de la
Música ayudaban a que se acumularan discos y bandas, que apenas
escuchábamos. Recuerdo un álbum del grupo inglés Mayfield’s Mule, que ya
desde el Palacio vino con varios “saltos” en las canciones; esos discos no tenían
devolución o cambio; habían sido comprados, por pocos pesos, en una de sus
liquidaciones. Esos días de marzo, cuando el Palacio intentaba sacarse de
encima las ediciones menos vendidas, para nosotros era algo bastante parecido
a la felicidad. Aprovechábamos para revisar discos que, a precio de ganga,
hacían guiños desde las bateas. Nos encerrábamos en unas cabinas de un solo
parlante, escuchábamos dos o tres canciones y decidíamos, ante la mirada de
disgusto de los empleados, que nos veían entrar con cinco o seis lp para elegir
uno, o con suerte dos.
Un juego que había instaurado mi hermano era, a la hora del almuerzo, poner
un disco sin que yo viera el sobre. Tenía que adivinar qué banda era. A veces
comprábamos con mayor rapidez de lo que podíamos escuchar, y si le erraba era
víctima de sus chanzas. A la larga llegamos a conocer las mañas de nuestros
discos. Sabíamos que en “Who’ll Stop the Rain”, de Creedence, la púa iba a
saltar en tal momento. Se escuchaba“Heard the singers playing, how we cheered
for more”, venía el salto, y nosperdíamos el “the crowd had rushed together”,
para retomaren“trying to keep warm”.Cuando la escuchaba en la radio, me
parecía que sin ese salto la canción no era la misma. Algo faltaba. Los discos
comenzaban a acumularse y las canciones a repetirse una y otra vez en el
combinado —Sony primero y Fisher después— del viejo. También los casetes
inocentemente pirateados con alguna selección de canciones.
Mientras tanto, Discodromo Show, a través del Grundig de variados grises, se
constituyó en una guía para saber lo que había que escuchar. La revista Hit, que
el Palacio regalaba con la compra de discos, ayudaba a revisar novedades, pero
no había duda de que en música uruguaya el centro de información pasaba por
los domingos al mediodía y el programa de Ruben Castillo. Fue ahí donde por
primera vez vimos y escuchamos a Psiglo.
Luis Fernando Iglesias. /Estuario Edita, Colección Discos./Primer capítulo
Luis Fernando Iglesias, Ruben Melogno y Marianela Guala. 2019. Barrio Campamento. Madrid.
España
Daniel da Rosa
Están los árboles
el tiempo dudoso de sus sombras
las camisas los libros
están los sueños suspendidos
la maravilla del cielo cerrado de agua
el filósofo en el camino
están las tempestades
los huesos de las penas
las lágrimas constante
están las moscas de la desolación
el amor no correspondido
el corazón ignorado
están los poetas olvidados
los rayos de zeus
la lengua de diamante
están los tristes otoños
la cepa del dolor
la luz de los amantes
los que no están
apenas
por un incomprensible destello de la memoria
se han vuelto sombras
que los vientos van cambiando de lugar.
Eduardo Mollo
Zitarrosa
Autores de textos musicalizados por Alfredo Zitarrosa
1. Acuña de Figueroa, Francisco
2. Alonso y Trelles, José
3. Ardúa, Martín
4. Batlle y Ordóñez, José
5. Benavídez, Wáshington
6. Bonavita, Carlos
7. Bonavita, Luis
8. Cabrera, Sarandy
9. De Ibarbourou, Juana
10. Estrázulas, Enrique
11. Guillén, Nicolás
12. Herrera y Reisig, Julio
13. Hidalgo, Bartolomé
14. Muniz, Lucio
15. Porta, Eliseo
16. Roxlo, Carlos
17. Vilariño, Idea
Poemas de Alfredo Zitarrosa musicalizados por otros
compositores
1. Descrescencio, Juan
2. Díaz, Carlos ( Caíto )
3. Labrín, Reynaldo
4. Moraes, Numa
5. Muniz, Lucio
6. Palacios, Yamandú
7. Porcel, Carlos
Edgardo Taranco

Rosina More
Te acordás hermano que tiempos aquellos, sin la mascarilla nos podíamos
besar.
La distancia era tan corta que con un abrazo venía otro más.
Te acordás hermano, que tiempos aquellos se formaban rondas para bailar.
No teniamos tanto sueño roto,si cuando me acuerdo, me quiero olvidar.
(Prestáme la música Pugliese.. el titulo le va.)
Mejor año hermanos que todo pasa.
Rodolfo Torres
El collage como constructor de respuestas.
El 2020 ha sido un duro viaje en una inesperada montaña rusa
sin grises, con brutales blancos y negros, que en marzo abrió arrancando las
bisagras de una insospechada puerta, que nos puso de naríz y sin aprontes con
un nuevo mundo.
El mundo del "yanadaseralomismo".
Lo que vendrá posiblemente, será obra y gracia de una suerte de azarosas e
inciertas circunstancias, donde lo establecido y en todos los ámbitos… se
sacudira, resquebrajara o colapsara, terminando como simples testimonios en
añicos.
En ese estado de situación lo único cierto será lo que cada uno Es y lo que entre
manos tenga para Ser y compartir con los demás.
En los primeros "gateos" del otro lado de esa puerta forzada encontré algunas
respuestas que sabían a dulces y vinagres.
Pude vivenciar casi por vez primera, que aquella obsecada terquedad de
continuar a pesar de todo con el "recorte y pegue" era un camino válido,
tapizado muchas veces con preguntas sin respuestas y que en ese "gateo"
discretamente empezaron a tenerlas.
Siento personalmente al collage y sus derivaciones desde lo humanamente
conceptual, como parte de mi construcción de respuestas, desde los añicos,
cómo un "andamio" de las mismas.
Al fin y al cabo y con casi setenta años de vida y desde mis entusiasmos e
ignorancias, entendí que hacer desde los añicos una construcción es válido
también, para encontrar respuestas desde lo artístico…
Los recortes-añicos "hablan"… nos van dando sutiles posibilidades de
construcción, que no es rearmar lo roto, sino que es construir lo nuevo desde lo
sobreviviente…y así lo nuevo, es la articulación del pasado-presente-futuro
como un todo evolutivo donde lo valioso forma parte de lo nuevo y lo otro
formara parte de esa ley natural de nacer-vivir-morir.
Ilustraron: Pablo Pose Malacrida, Rodolfo Torres, s/d, Clara Iglesias Guala.
Estamos enterrados bajo el peso de la información, que es confundida con el
conocimiento. TW

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