Otra vez los combustibles vuelven a ser noticia. El país estuvo (o está, al menos así era la situación al momento de redactar estas líneas) , desabastecido de combustibles.
El presidente de la unión de Vendedores de Nafta, Daniel Añon, estimó el domingo al diario El Observador, una regularización para lunes o martes de esta semana.
La causa del desabastecimiento, según informó El País fue la medida sindical de paro por la sanción a un funcionario que se consideró desmedida.
Añón a su vez informó a El Observador que «La Federación de Trabajadores de ANCAP (Fancap) realizó un paro general el jueves, mientras que hubo una asamblea de la Unión de Transportistas de Combustible (UTC) en la mañana del viernes, por lo que la distribución se vio resentida. «Al no haber abastecimiento normal durante jueves y viernes, sábado y domingo estuvo cerrado, las estaciones se fueron quedando sin combustible».
Así es la manera más fácil de parar el avance de un país. Siempre en contra de nuestros pares: de los trabajadores. El campo, la producción, el transporte, se queda sin combustible y por ende sin poder trabajar. Las maquinarias que dependen en su totalidad de este insumo, descansan las jornadas en que los funcionarios deciden detener sus tareas.
Y así es en todos los ámbitos. Cuando hay paro de trabajadores de la construcción, de los ómnibus, taxis, judiciales, cualquier rubro, siempre perjudica al que no debería.
Cuentan (no sabemos si es mito o verdad) que, en Japón por ejemplo, la forma de hacer huelga es totalmente al revés: los trabajadores «sobre stockean» es decir, trabajan muchísimo más para inundar la plaza de los productos en el área que trabajan. De esa manera, los precios bajan como consecuencia de la desmedida cantidad. Y por otra parte, los trabajadores cobran su salario igual porque se presentaron y trabajaron normalmente. Es decir, se tomó una medida sindical, se cobró el salario y se benefició a los obreros que compraron algo a muy bajo precio.
Aplicable por ejemplo al paro de taxis y ómnibus si no se cobra el boleto. Es casi una crueldad dejar a pie con frío, lluvia, exceso de calor y cansancio, a un laburante de a pie cuando finalmente termina su jornada y quiere volver a casa, a relajarse y estar un rato en familia.
Pero al contrario, se ve con desánimo la calle vacía de grandes vehículos. Se mira al horizonte con desesperanza por ver pasar las ganadas horas de descanso en una parada de ómnibus.
Productores y trabajadores necesitan del combustible. Uruguayos todos, necesitamos el país funcionando. Hay poco trabajo, hay precios caros y la movida creciente de la economía, parece estancada. La gente se queja de los precios  y no hace falta ir muy lejos de acá para saber que se nos cobra a nivel del primer mundo, con salarios que lejos están de cumplir con las expectativas de al menos, alcanzar el equilibrio.
Demás está decir que, en Ancap ya no puede pasar más nada. Aunque de este punto hablaremos cuando la justicia se expida.

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