Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, advertimos que la prudencia debiera contar siempre con lo imprevisto.

Ahora no me conoces
En dónde estamos?

Ahora no me conoces edición anterior
Chirosola, Cabrerita, Vasseur, Toribio y venus (José Pepe Torres)
Eduardo Mollo

De palabras y pentagramas

Eduardo Darnauchans
7.- He olvidado la noche ( Sansueña, 1979 )
Texto: Antoine
Antoine: 1944 ( PierreAntoineMuraccioli ) Cantante pop francés. Como músico,
formó parte de una nueva ola de cantautores franceses de mediados a fines de la
década de 1960, comparable en algunos aspectos a Bob Dylan o Donovan.
Ven junto a mí, la noche olvidé
En que otro creíste todo amor te enseñó.
He olvidado también aquel verano cruel
En que tú no sabías la razón de existir.
Tu pelo tan rubio mi cuello acarició,
Y ¿por qué todo esto ocurría entre los dos?
Mi mano en tu pecho, corazón excitado,
Y tu vestido lento se desliza a tu pies.
Juega mi aliento en la miel de tu piel
Y mis dedos se queman en la luz de tu espalda.
Mi oído en tu boca secretos halló
Y mi mano en tu pecho al fin comprendió.
Alors,
Alorsarrive à près de moi, je aioublié la nuit
Oú le premier croyetté tu avez, tout a pris.
Je aioubliéaussi la lubie de cetété
Oú tu nesavais plus porquoi tu vis.

8.- Y mañana y pasado y ayer.( Entre el micrófono y la penumbra, 2001 )
Texto: E. Darnauchans Música: Estela Magnone
Estela Magnone: 1948. Compositora, multiinstrumentista y cantante uruguaya.
No hay nadie, no hay nadie
Golpeo en la noche y no hay nadie, no
No hay nadie, no hay nadie
Golpeo en la noche y no hay nadie, no.
Busqué por las largas llanuras
Busqué por la nieve y el sol
Miré por oscuras ranuras
Y nadie jamás contestó
No hay nadie… y no hay nadie, no
No hay nadie, no hay nadie
Golpeo en la noche y no hay nadie, no.
¿Vive alguien en el mundo ahora
O mañana o pasado o ayer?
Un teléfono algún telegrama
O alguna cadencia del ser
El pecado es ahora el silencio
La miseria del amanecer
Aunque siga brillando la luna
Y mañana y pasado y ayer.

Historias de Música.

94.7 FM. Emisora del Sur -Lunes a Viernes de 12 a 13 horas.
Conduce: Luis Fernando Iglesias

Edgardo Taranco

Santiago Percal

Alcantarillas, callejones y habitaciones de mala

muerte
David Simon

El autor de The Wire, para muchos la mejor serie de todos los tiempos, volvió a
justificar por qué sigue siendo uno de los grandes. Así como Dickens, quien

pintó con humor, ironía y una aguda crítica social las calles de la Londres
victoriana, Simon ha hecho lo suyo con la segunda mitad del siglo XX y lo que va
del XXI en Estados Unidos. Costumbrismo, sí, pero sólo como punta del
iceberg: la sinécdoque es marca de la casa, para muestra un botón. La parte por
el todo hace su trabajo, la pintoresca ingeniería de los bajos fondos desnuda el
funcionamiento de una sociedad en la que todo está conectado, o mejor dicho:
en la que todo está roto, parafraseando a Dylan.
«Sigue las drogas, y encontrarás drogadictos y traficantes, sigue el dinero de
las drogas, y no tienes idea adónde te llevará» fue una de las consignas de The
Wire, resumiendo al narcotráfico como la forma más destructiva de bienestar
social que se ha creado. Con Treme abandonamos la ciudad portuaria de
Baltimore para navegar por una sonora, triste y colorida Nueva Orleans en
plena crisis post Katrina. The Deuce, última creación de David Simon y George
Pelecanos, planta bandera en la Times Square de comienzos de 1970.
En su primera temporada vemos como el humo asfixiante de un gueto, que
intenta sobrevivir a como dé lugar, se pasea por alcantarillas, callejones y
habitaciones de mala muerte. Prostitutas, fiolos y dueños de antros son el caldo
de cultivo del que nacerá la millonaria industria del porno.
Ese universo de mafia, degradación y rincones marginados se amplía en la
segunda temporada. El final de los 70 trae consigo los primeros éxitos
comerciales de la pornografía, la eclosión del punk, el auge de la música disco y
la confluencia de una nueva ola feminista con el naciente activismo LGTBI, al
tiempo que fiolos y mafiosos luchan por no perder el control del negocio.
«Si vives suficiente tiempo sin orgullo, buscas la forma de usar lo poco que
consigues.»
La tercera entrega empieza en 1985, y cuenta con la aparición del VHS, que
permite la entrada del cine XXX a todas las casas. Estamos en las puertas de la
era Trump, el viejo mundo cambia de manera acelerada, la gentrificación pisa
fuerte y el SIDA llena las calles.
A The Deuce, transgresora en imágenes y temática, no le interesa el componente
morboso y erótico de la pornografía, sino su maquinaria y la vida de las
personas que lo transitan. El metalenguaje no da lugar a la masturbación del
espectador, por más que el onanismo sea el pilar sobre el que se sustenta todo el
producto. Construyendo su tesis poco a poco, empapada de calle, con
inimaginable recreación de época y un elenco coral de lujo, entre los que se
destacan Maggie Gyllenhaal, James Franco, Emily Meade y Gary Carr, la serie
transita, —sin caer en moralinas baratas— por los diferentes entramados de la
telaraña capitalista, colma expectativas, homenajea a una Nueva York que ya no
existe, y demuestra por qué HBO sigue siendo el número uno.
«No arreglamos nada, Gene. Sólo lo cambiamos de lugar.»
Si bien en la pluma de Simon se nota su antigua profesión como periodista, los
motivos para acercarse a su obra no son netamente antropológicos y sociales; el
lenguaje cinematográfico es envolvente y cautivador: hermosas presentaciones,
diálogos precisos, personajes conmovedores y entretenidos (en el mejor sentido
de la palabra), planos que saben explotar con sobriedad los recursos de la
cámara. En definitiva, el cómo, lo más importante a la hora de valorar el
contenido de una obra, es un ramillete de virtudes cuidadas al servicio del
ecosistema. Una buena carne se macera y se cocina a fuego lento, o como dijo el
propio Simon: «¡Que se joda el espectador promedio!».

The Deuce/De David Simon y George Pelecanos/Con Maggie Gyllenhaal, James

Franco, Emily Meade, Gary Carr y Margarita Levieva

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Joseph Conrad

Sus aventuras en el Congo belga
Estas aventuras de Conrad se relatan además en un cuento corto llamado
Una avanzada del progreso, publicado en 1897, que refleja, bajo ese título
sarcástico, la decepción y el rechazo que le provocó la empresa colonizadora
europea en estos lugares. Dice Conrad:
“Toda la amargura de aquellos días, todo mi maravillado asombro en
cuanto a lo que vi, toda mi indignación por la filantropía enmascarada, han
estado de nuevo conmigo mientras escribía.” 1
La anécdota refiere las aventuras de dos personajes que van al Africa en
busca de mejorar su fortuna y son reclutados por una empresa dedicada a la
extracción de marfil. El Director General de la compañía los lleva en barco por el
río y los deja en un lugar de la selva, en unas edificaciones construidas por la
empresa. Les suministran provisiones para seis meses y también cuentan con
diez braceros africanos para hacer los trabajos que correspondieran. Su misión
era conseguir marfil (iban a comisión), construir almacenes, empalizadas y un
desembarcadero (nada de esto intentaron hacer). El barco volvería a los seis
meses para traer más provisiones y recoger el marfil que hubieran podido
recolectar. El director nombró como jefe a uno de los individuos llamado
Kayertz, mientras que el otro, de apellido Carlier, quedó como ayudante.
El encargado anterior de esa factoría había muerto de fiebres. Tenía como
ayudante a un africano de Sierra Leona llamado Makola, que hablaba la lengua
de los europeos y servía de intérprete para sus relaciones con los nativos. Era el
más indicado para dirigir la factoría pero, por ser negro, eso era impensable.
Vivía allí en una choza con su mujer, oriunda de Luanda, y sus tres hijos.
Al principio los europeos llevaron una existencia de holganza y
despreocupación: un jefe de tribu amistoso les obsequiaba comida y bebida.
Pero luego un incidente con unos traficantes de esclavos provocó la enemistad
con los nativos; a eso se agregó el retraso del barco de la compañía y las
provisiones comenzaron a escasear. Los vínculos se deterioraron y la historia
tuvo un desenlace trágico.
Datos biográficos sobre Joseph Conrad
Nació en la localidad de Berdichev que hoy forma parte del territorio de
Ucrania. En ese tiempo Polonia no existía como país. El antiguo Reino de
Polonia desapareció en el año 1795 y su territorio fue objeto de sucesivos
repartos entre Rusia Prusia y Austria. Esta situación se prolongó hasta 1919
cuando, finalizada la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles proclamó
la independencia de Polonia. Cuando nació Conrad la población de Berdichev
estaba constituida por comunidades étnicas cerradas: el 80% eran judíos y el
resto se dividía entre los szlachte (aristócratas polacos que profesaban la
religión católica y hablaban su propio idioma) y los rutenos (ucranianos) de

religión ortodoxa. La aristocracia tenía un gran peso en la sociedad polaca y era
una clase bastante numerosa (constituían el diez por ciento de la población).
Los polacos constituían una agrupación étnico-cultural con su propio
idioma y religión, eran catolicos fervientes. El imperio ruso llevaba una tenaz
campaña de rusificación (no reconocía las nacionalidades, todos eran súbditos
del zar). Hubo muchos levantamientos armados pero todos fueron sofocados.
En las guerras napoleónicas los polacos apoyaron al emperador francés. El tío
abuelo de Conrad, Mikolaj Bobroski, participó en esas campañas, como, por
ejemplo, la invasión de Rusia de la cual sobrevivió a duras penas (se piensa que
Conrad se inspiró en este personaje para su novela El duelo). Se formó el Gran
ducado de Varsovia, estado satélite de Napoleón, en cuyo ejército combatió
Teodor Korseniowski, abuelo paterno del escritor. Después de la derrota militar
de estos levantamientos le fueron confiscados sus bienes.
Los padres de Joseph Conrad fueron Apollo Korseniowski y Ewa
Bobrowska. El padre fue poeta, periodista y tradujo obras literarias del francés y
el inglés influenciando en las preferencias culturales de su hijo. Tradujo al
polaco obras de Shakespeare, Dickens, Vigny y Victor Hugo. De joven cursó
estudios en Zhitonir (Ucrania) y en San Petesburgo donde cursó derecho,
idiomas y literatura desde 1840 a 1846 aunque no obtuvo título académico.
Hombre profundamente religioso y muy patriota: se implicó profundamente en
la militancia nacionalista descuidando a su familia. Cuando nació su hijo le
compuso un poema donde manifestaba sus convicciones políticas:
“Mi niño debes decirte
que no tienes tierras, ni amor,
ni país, ni pueblo,
y que Polonia, tu madre, yace en su tumba.
Tu única madre está muerta, y sin embargo
es tu fe, la palma de tu martirio.
¡Duerme mi niño!
mi niño, solo…
sin ella…
sin ella…
¡Y no hay salvación sin ella!” 2

Ilustraron: Hugues Vassal,HBO, s/d

No basta que todo comience, es preciso que todo se repita.GD

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