Postergado reconocimiento

Plásticos y críticos de arte han coincidido en que Raúl Javier Cabrera,
“Cabrerita”, es de los mejores acuarelistas surgidos en el país. Dada las
vueltas de la vida, fue en Santa Lucia donde encontró el acogimiento de
esta pequeña ciudad en sus últimos años, donde fallece en diciembre de
1992.
Se lo recuerda, por ejemplo, andando por calle Rivera hasta el Café La
Perla para tomar su cafecito.
La intención del Municipio de Santa Lucía, como expresó el gestor
Cultural del Centro Cultual José E Rodó, fue precisamente rescatar y
reconocer no sólo al “Cabrerita”, infatigable pintor, también al ser humano
en esta comunidad que siempre lo recuerda.
En el contexto de la Noche de los Museos, el Centro Cultural expuso
algunas de sus obras, como así copias de documentación, publicaciones y
originales de prensa, con apuntes de su vida y obra.
Mirar sus cuadros es dejarse atrapar por esos rostros de mirada fija,
alucinada y la vez deslumbrada e ingenua.
La invitación extendida a Fernando Bonizzi Luchinetti, nieto de Blanca,
quien albergó a Cabrerita en Santa Lucía, refrescó la memoria de quiénes lo
conocieron y sorprendió a los que no.
Hubo un intercambio de recuerdos de vecinos, memorizando su figura.
Fernando, siendo niño recordó algunas de las vivencias de Raúl Javier un
ser humano educado, muy cordial y de “Cabrerita” el pintor, su ritmo casi
febril de pintar y dibujar. Aun hoy se conserva la casa y la habitación en
que vivió en Santa Lucía.
Más allá de la relevancia histórica del pintor, su muestra fue una suma de
sensaciones, de sentir empatía por la mente que subyace a esos colores
acuarelas, por lo general a cabellos rubios y miradas potentes.
Cabrera pasa los primeros años de su infancia, abandonado por su familia
desde el nacimiento, en el asilo Dámaso Larrañaga y asiste a la escuela
José Pedro Varela hasta 5º año.
Desde muy temprano manifiesta sus cualidades artísticas y muy joven
comienza a trabajar pintando  vitrales . Concurre al Círculo de Bellas Artes
de Montevideo y a la  Universidad del Trabajo del Uruguay . Su trabajo
plástico es permanente y constante, a pesar de su vida de internaciones en
hospitales psiquiátricos. Su amigo de la infancia y protector, el poeta José
Parrilla, en los años ´40 se convirtió en su mentor, en esa época en la que
el pintor intercambiaba dibujos y acuarelas por monedas o alimento. De las

obras del pintor y de la poesía de Parrilla surgió el Esterismo, un
movimiento anárquico de arte popular, y de ese vínculo se desprende una
historia de amistad necesaria para el arte del pintor. También se destacó su
asistencia a charlas y al Taller de Torres García y conociendo
personalmente al maestro.
Cuando Parrilla emigra a Francia, Cabrerita queda al cuidado de la
hermana del poeta, Lucy Parrilla, quien, debido a un problema familiar,
sufriendo el desalojo y no sabiendo qué hacer con Cabrerita, acuerda con el
Dr. Cáceres, director del Hospital Vilardebó y hombre de gran cultura y
sensibilidad, alojar al pintor en ese centro como forma de darle solución
habitacional.
Cuando el Dr. Cáceres deja la titularidad del Vilardebó, el nuevo director
decide el traslado de Cabrerita a la Colonia Etchepare, en donde pasó casi
30 años en las condiciones más terribles que un hombre pueda llegar a
soportar. En ningún momento de la internación psiquiátrica abandona
totalmente la pintura, si bien es sometido a tratamientos de electrochoque y
se le retiran todas sus obras que pasan a circular por el mercado negro y por
distintas dependencias públicas.
Hacia 1980 es dado de alta y la familia Luchinetti lo invita a vivir a su casa
en Santa Lucía. En 1981, una selección de sus obras viaja a la XVI Bienal
de San Pablo, sin que él estuviera enterado. En 1983 viaja a Niza (Francia)
invitado por su amigo Parrilla y permanece diez meses en el seno de la
comunidad esterista. A su regreso, de nuevo con la familia Luchinetti,
realiza varias exposiciones individuales en galerías montevideanas. En
1985 se lleva a cabo una gran exposición en el Théâtre Essaïon de París
con pinturas de Cabrera y poemas de Parrilla. En 1987, a instancias del
artista Manuel Espínola Gómez, quién había declarado que era el “más
grande acuarelista que dio el país”, el Estado en el primer gobierno de
Sanguinetti le otorga una pensión graciable.
Al final de esta charla se pudo disfrutar de la obra teatral basada en la
vida y obra del pintor Raúl Javiel Cabrera, Cabrerita", escrita y dirigida
por Eduardo Cervieri y protagonizada por el actor Carlos Rodríguez. La
obra fue estrenada en el año 2005, obteniendo en ese entonces los Premios
Florencio a Mejor Actor y Mejor Texto de autor nacional.
Desde entonces, continúa presentándose tanto en Montevideo como en
diversas giras por el interior del país y también en varios países de América
y Europa..
En esta versión dramática, el actor toma a su cargo los diferentes
personajes que aparecen en la obra. En una visión a veces desoladora, otras
conmovedora, pero que trata de reivindicar, sobre todas las cosas, el gozo
de la creación y la victoria de ésta sobre el entorno, por más terrible que se
nos presente, llegando, en definiva a transmitir un canto a la vida del ser
humano portador de ese “fuego sagrado”.

Un análisis de la obra de Javiel Cabrera no puede prescindir del
reconocimiento de al menos cuatro períodos bien diferenciados. La etapa
formativa (1935-40), mayormente perdida, de la que se rescatan algunos
comentarios y descripciones orales pero, también, una serie de dibujos de
carácter naturalista y retratos al óleo.
La obra de este notable acuarelista, mereció variados reconocimientos,
entre los cuales varios Premios en los Salones Nacionales de Pintura, una
muestra itinerante por Alemania y un Salón exclusivo para su obra en la
Bienal de San Pablo. Actualmente, sus cuadros son muy cotizados en
galerías exclusivas de muchas partes del mundo, integrando selectas
colecciones privadas.
Y.S.

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