Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de EL Pueblo, hay algunas cosas que no se pueden transmitir, una descripción por ejemplo del cielo detrás de la
quinta Merialdo
.
Ahora no me conoces
Estos somos nosotros

Ahora no me conoces de la edición anterior:
Mi Tapera, allá lejos y hace tiempo (José Pepe Torres)
Historias de Música
De lunes a viernes, de 12.00 a 13.00 horas.
Conducción de Luis Fernando Iglesias.
Emisora del Sur 94.7 Fm
Los 100 barrios
La ciudad cumplió años el 19 de diciembre , doscientos treinta y siete años, y
aquí habla su gente, que son la ciudad.
Rodolfo Torres
En Legnani y Suárez.
Son los sesenta, era verano y son las cinco y media de la tarde…don Ezequiel de
short y sombrero de paja, sale de su casa con una larga manguera de goma
negra.
La desenrrolla y empieza a regar la calle de tierra, va y viene regando media
cuadra de Legnani.
Pasan algunas vecinas que van a misa de las 6, muchas de ellas con misal,
rosario y una mantilla en sus manos.
Ita, la partera, saca dos reposeras de lona a la vereda mientras Jorge su marido,
va pasando una franela por el techo de su Saab verde.
Santos Mangado en su bicicleta pasa con un atado de cañas de pescar en el
cuadro y un farol.
El Quique, parado en la puerta de la panadería comparte mates con Pila, su
señora, mirando el riego.
La Chela Cabale ya hace un rato está en la puerta de su casa sentada en una silla
de cardo…
Pasa algún auto, algún carro, no mucho más, pero el riego evitaba la polvadera.
Cuando don Ezequiel termina de regar, saca un sillón de mimbre a la vereda y
acompaña del brazo a doña Juanita, su señora, a sentarse en el.
Comienza el atardecer en la calle Legnani van apareciendo en la puerta de sus
casas, los vecinos con sillas, sillones, perezosos y con ello , los saludos
afectuosos y charlas a distancia.
Don Ezequiel un rato después, con otra ropa y el pelo húmedo, se sienta junto a
Juanita en el escalón de la puerta de su casa.
El sol se iba escondiendo atrás de la casa de Pichuco Appratto la noche traía una
calma que nunca más vi.
Hoy…solo es hoy.
Pablo Pose

Ruben Rodríguez
No sé cuál es el nombre de mi barrio, para mí siempre fue "el de la 104".Por allí
hoy deambula mi niñez, porque no hubo árbol que no haya vencido y finalmente
los subí a todos, al igual que los techos de la escuela y del "comedor", supe ser
habitué en la Dirección por inquieto, travieso y a veces peleador, grandes
partidos entre los paraísos, "cowboy" con la honda y la semilla del paraíso como
proyectil, como para que no hubiera dudas. Los paraísos protagonistas de todos
los juegos y al igual que hoy, con sus cambios marcan cada estación. Sin
embargo, lo mejor siempre es, la llegada de Diciembre anunciada por las flores
del jacarandá azul, del ceibo, del gomero y la fragancia del jazmín. Eso es mi
barrio, me pediste que fuera breve, podría decirte mucho más, porque mi barrio
lo tiene todo. Volver al barrio siempre es una huída", escribió el gran Benedetti.
Y es verdad!!!
Guillermo Morena

Rodolfo Fuentes
(Nocturno a Mi Barrio
Anibal Troilo )
Mi barrio era así, así, así.
Es decir qué se yo si era así?
Pero yo me lo acuerdo así!,
Con giacumin, el carbuña de la esquina,
Que tenía las hornallas llenas de hollín,
Y que jugó siempre de "jas" izquierdo al lado mío,
Siempre, siempre,
Tal vez pa'estar más cerca de mi corazón!
Alguien dijo una vez
Que yo me fui de mi barrio,
Cuando? …pero cuando?
Si siempre estoy llegando!
Y si una vez me olvidé,
Las estrellas de la esquina de la casa de mi vieja
Titilando como si fueran manos amigas,
Me dijeron: Gordo, gordo, quedáte aquí,
Quedáte aquí…
Hago mías las palabras del Gordo (así, con mayúscula, ninguno de nosotros
puede ser nombrado así)
Santiago Percal

Daniel Da Rosa
estuve viví resistí crecí en varios barrios en miles de ciudades en cientos de
países
fui niño una y otra vez y después fui rimbaud poeta del desierto hasta
convertirme en cazador de vampiros felisberto de cocodrilo en casa de río
santalucense un fenómeno de circo medieval el repartidor de diarios de la plaza
hasta la quinta capurro por la calle del medio el soñador de la fila ocho asiento
doce con fondo blanco donde el llanero solitario lloraba sin balas de plata
mientras hayworth gilda dudosamente pelirroja soportaba la bofetada pero
tarde o temprano se llegaba a la esquina del barrio de calle empedrada con la
tía de la mano bajo cielo también empedrado de tangos que quisieron y no
fueron porque explotó la teoría del big bang y el hombre llegaba a la luna junto a
paul y John entonces ya no era el niño maravilla sino el poeta de la calle
ituzaingó el rápido certero rayo cayendo en el medio de un patio con parral y
gatos sobre el muro
la sombra flaca de un sueño que engordaba de versos simples como la vida
misma el barrio las flores cambiaba de albures y lágrimas como vecinos que se
iban y otros que llegaban nada estaba resuelto sin embargo la vida continuaba y
la glicina vestía el aire.
Atilio Dutruel

Omar Adi
A los catorce, me inventé una novia.
Si pisas un charco en Rivera y Colombes te salpica la memoria un agua barrosa
que le pinta teclas negras a tu sonrisa porque uno ya no es y lo que es peor lo
que creemos estuvo tal vez nunca haya estado, que no hay peor cosa que
recordar lo que jamás fue o lo que fue parecido, porque inventar un pasado más
sublime y menos grisáceo es propio de quienes saben que basta que llueva para
disolver toda la seguridad de la que somos capaces, sobre todo aquellos tipos
que caminan desaprensivamente por Rivera y Colombes sin saber que la Junta
Local no repara las veredas por falta de presupuesto.
Julieta Quiroz

Julio Valdez
La pelota corre sin prisa, pero rueda sobre las piedras del balasto nuevo; donde
muere la calle y la lluvia forma un charco enorme para que la que pica lo cruce.
La compramos en lo de Nandín; en “la casa de la goma”; Funsa y roja; realmente
se ha conseguido permiso para comprar una que pique, y que sirva para jugar en
la “isla”, de cabeza. Como casi nunca me pueden acompañar al río y soy bastante
pequeño aún, la guinda rueda por Felipe Lacueva al fondo; claro que a veces la
frena el famoso charquito. La verdad es que realmente pocas veces juego solo en
al calle, me acompañan mis primos y algún otro gurí del barrio. Cuando engrana
la cosa nos volcamos siempre para el lado de casa de abuelo. Ahí frente al
almacén se juega más tranquilo y nada frena la pelota. Claro que eso debe de ser
siempre entre la siesta de abuelo y lo que tarda en llegar al frente y suspender el
partido. Lo que ocurre es que siempre de tardecita se acercan los parroquianos a
jugar a las bochas. Realmente estoy aprendiendo como el estadio de fútbol que
tenemos en Treinta y Tres al fondo, en Felipe Lacueva y la Calle ancha, se
transforma cuando llegan los mayores en una cancha de bochas…
Esta esquina también estaba entre otras que también puede ser de muchos.
El sentido del humor era una señal de identificación muy fiable. MK

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