Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de EL Pueblo, Palabras a no dudarlo, palabras, no otra cosa.( Halladas en ocasiones, en lindes de un olvido, )
Ahora no me conoces

gestos

Ahora no me conoces de la edición anterior
Al centro de la foto Claudio Boggio (Cumpleaños Beatriz Ferrari) (José Pepe Torres)

Historias de Música.

94.7 FM. Emisora del Sur -Lunes a Viernes de 13 a 14 horas.

Conduce: Luis Fernando Iglesias
Fragmentario

Ruido de Tapones (Razones de la Pelota /Luis Fernando Iglesias)
Me pasé todo el mediodía de aquel domingo podrido preguntándole al viejo si iba a ir
a la final; a lo que mi padre, como era obvio, me decía que no, porque tenía que ir a
hacer un trabajo en Sudamtex, empresa que nos aseguraba el sustento. En el fondo,
era un remedio a mi tristeza. Lo sentía como un acto de estricta solidaridad. De todos
modos, el domingo envolvió de gris mi impotencia, y me escondí en la cama,
intentando ocultar el renuncio y la traición que le infligía a mi cuadro. El frío y una
llovizna sin gracia daban el escenario adecuado a mi tristeza.
Poco antes del partido, mi viejo se borró silenciosamente diciendo que en cuanto
terminara de traba­jar, volvía. Mi ingenuidad no me hizo albergar sospecha alguna.
Tampoco sospeché cuando, poco después de terminado el partido, volvió a casa
acompañado de su mejor sonrisa. Se sacó la gorra de pana, los len­tes negros y me dio
un gran beso, que yo sentí raro a través de mi fiebre. Después me avisó que Juventud
era el campeón y que había ganado uno a cero.
Fue en ese momento que sentí una bronca incon­trolable y me puse a sollozar la rabia
de no haber vis­to mi primera vuelta olímpica. Nunca podría pasar de nuevo por la
Plaza de Deportes sin recordar que no había estado el día en que salimos campeones
y que aquellos gritos de victoria habían sido perdidos para siempre por mi corazón.
Me sentía el peor de los traidores pero, sobre todo, sentía la tristeza de la felicidad
perdida, ya inalcanzable.
Estaba en mi cama, rumiando mi tristeza y mi bronca de chiquilín caprichoso, cuando
mi viejo en­tró al cuarto. Me alzó con decisión y ni mi pijama gris ni yo entendimos
por qué me sacaba de la cama y me llevaba hasta la ventana junto a la puerta de calle.
Entre mis lágrimas y mi asombro, pude ver cómo todo el equipo de Juventud

desfilaba ante mis ojos, aún con sus rojas camisetas sudadas de gloria, haciendo un
desvío, en su camino a la sede, para pasar por nuestra puerta. Uno a uno, los
campeones levantaron sus brazos, homenajeando al hincha de­rrotado por la gripe,
rasgando el gris de la tarde con sus manos.

Amparo o el Galope de los caballos ( Guillermo Alvarez Castro)
Cuando era niño, la catequista le había entregado una lista, una especie de ayuda
memoria que contenía, agrupándolos por tema, una interminable enumeración de
pecados. Los que más abundaban eran los que atentaban contra la pureza. Le resultó
lógico. Él no robaba, amaba y honraba a sus padres, todavía no era un asesino,
concurría a misa los domingos y fiestas de guardar; no pecaba contra los
mandamientos restantes. Para la Iglesia de Roma, aquel mandato específico y
concreto, que seguramente hacía a la buena convivencia entre los judíos: «No
cometerás adulterio», se había duplicado: «No cometerás actos impuros», pero
también: «No consentirás pensamientos ni deseos impuros», enfatizando la gravedad
y ensanchándose hasta contener infinitas faltas. Al principio fueron denominados
pecados de la carne, de manera genérica, traicionando el mandato original, pensaba
él. Para cuando la lista que recibió fue elaborada, figuraban como pensamientos
impuros o malos pensamientos, de manera que no dejaban casi nada fuera.
Con el tiempo, el concepto de pecado cambió. Primero se volvió más comunitario,
más grave, en la medida en que afectaba a otras personas. Fueron tiempos de
preocupaciones sociales para la Iglesia universal y Roma no atinaba, todavía, a
oponerse. Después lo haría.
Poco más adelante, la idea de pecado se relacionó con el proyecto de vida de cada uno
y con los actos que traicionaran ese plan. Él pensó que los Padres de la Iglesia habían
acertado nuevamente al considerar la responsabilidad individual, tal como antes
tuvieron en cuenta al prójimo. El problema lo planteó la existencia de los niños,
quienes no podía haber definido una misión aún: no puede ser traicionado lo que no
existe, ni un caminante desviarse de una senda que todavía no ha sido trazada. El
asunto se zanjó recordando la existencia del pecado original, que si bien es atribuible
a faltas ajenas, constituye un estigma inevitable: Heredarás la culpa.

Rosina More
Si no te busco será porque las escaleras se volvieron muros.
Los cielos se convirtieron en un toldo sin estrellas.
Será porque los zapatos quedaron acordonados a alguna silla inmóvil.
Será porque los pájaros emigraron y las mariposas metieron sus alas en un desierto
de arenas infinitas.
Será porque los parrales no se convirtieron en copas de vino freco.
Será porque las rutas no coinciden con los horarios habituales.
Si no te busco será porque te perdí entre tanta gente o porque no desperé cuando
gritaste mi nombre.
Será que la manzana quedó en el cajón de las naranjas.

Si no te busco será porque perdí la brújula que me llevó a vos.
Si no te busco será porque no te encuentro.

Edgardo Taranco

Eduardo Mollo

De palabras y pentagramas: el legado

Eduardo Danauchans

El águila vuela sola; el cuervo en bandadas. El necio tiene necesidad de compañía y el sabio, de soledad.
Friedrich Rückert

Ni siquiera las flores

Letra: Alicia Miralles Música: Eduardo Darnauchans
Recitado:No maldigas del alma que se ausenta
Dejando la memoria del suicida
Quién sabe qué oleajes, qué tormentas
Lo alejaron de las playas de la vida.
Canto: Un día, cuando decidas marcharte
Cuando no haya devolución

Enfrentando el camino, sólo irás por el callejón.
Nadie te esperará, nadie te mirará…
Nadie te esperará, nadie te mirará…
Luego, en reducido encierro
Tus huesos estarán

Vendrán a visitarte el día, la tarde, la noche
Nadie te esperará, nadie te mirará…
Nadie te esperará, nadie te mirará…

Recitado

Y vendrán las flores, y vendrán las flores
Y vendrán las flores, y vendrán las flores
Canto: Pero sin pituitaria, sin ojos
Sin oídos, sin músculos, sin voz,
Las flores no podrán alegrarte la razón…

Nadie te esperará, nadie te mirará…
Nadie te esperará, nadie te mirará…
Un día, un día, un día, un día…
“Cuida todos tus recuerdos, no puedes revivirlos.”
Bob Dylan

Final
( Sansueña, 1978 )

Letra y música: Eduardo Darnauchans
Cuando te sientas sola
Frente a la oscura puerta
Y aquella lluvia incierta
Toque tu sien y corra;
Recuérdame,
Mi mejor vez, recuérdame…
La espina no, la flor, la flor,
Si es que hubo flor.
Cuando la luz del día
Te recobre sin nadie
Sólo el árbol y el aire
En la plaza sombría.
Todo fue andén distante
Sin voces y sin humo
Lugares en que hubo
Un triste visitante.
Recuérdame,
Mi mejor vez, recuérdame…
La espina no, la flor, la flor,
Si es que hubo flor.
Ahora que no hay nada
Sino fotografías
Cartón donde la vida
Es rosa imaginada;
Recuérdame,
Mi mejor vez, recuérdame…
La espina no, la flor, la flor,
Si es que hubo flor.

Bibliografía
1.- Los espejos y los mitos. ( EduardoDarnauchans: Reportaje y cancionero ) Tabaré
Couto, Editorial Arca, 1993.-
2.- Oficio de zurcidor. Un acercamiento crítico a la poesía de Eduardo Darnauchans.
Silvia Sabaj, Rebeca Linke Editoras, 2012.-

3.- Memorias de un trovador. Conversaciones con Darnauchans. Nelson Díaz.
Editorial Planeta, 2008.-
4.- Darnauchans. Entre el cuervo y el ángel. ( Libro y CD ) Marcelo Rodríguez, Perro
Andaluz Ediciones, 2012.-
5.- Canto Popular. Historia y referentes. Hamid Nazabay. Ediciones Cruz del Sur.

Daniel Da Rosa
espejo sordo
devuélveme el silencio
espalda añosa dolida
sacude el óxido de mis olvidos
suplicio tiempo de espinas
quita de mi cabeza esa corona
desprende el arado de mis manos
calla mi soledad con primavera
dame otra oportunidad
haz que crezca
el fuego en mi pecho
no soy más que otro sueño.
.

Ilustraron Rodolfo Fuentes, s/d

Seamos cyborgs con pensamiento crítico, no cyborgs ramplones que nos conducen
como en un Mundo feliz a través no de una pastilla sino de imágenes.CH

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