Una idea de Alfredo Valdez RodríguezSuplemento de El Pueblo, como un
mantel blanco, que es màs blanco
cuando se derrama el vino.
Pepe Sacapuntas
Tronar del ayer
Pido disculpas a algún lector políticamente correcto, por llamarle negros a los negros porque si les dijera afro descendientes no se reconocerían en esta semblanza.
En medio de esta noche lubola, estoy parado en Isla de Flores en plena tormenta de tambores, intentando dibujar a mis hijos el sentir de una comparsa. Sin duda un salto al vacío, pues no es nada sencillo transpolar vivencias del barrio Cordón o del Pocitos de la Bondiola de hace treinta años, a dos jóvenes cibernéticos de este presente.
El empedrado que enmarcaba las calles de mi infancia y oficiaba de estadio de verano, los interminables partidos de «pique cordón», los bailecitos de vinilo con un tocadiscos prestado, y toda actividad lúdica hacían un compás de espera al llegar el carnaval.
Me asaltan recuerdos de corsos en plena rambla de Pocitos donde a puro pomo y serpentina acuñamos sin ninguna violencia algún beso rapiñado de aquella damita que nos gustaba.
Años más tarde, me dejé llevar por la comparsa. Alguna vez con veintitantos, supe tocar algún tambor más por influencias de algún «nyanza» amigo que por mérito propio. Eran épocas en que la fiesta de llamadas era sin sponsor que no fuera el pueblo que iba detrás de cada comparsa.
Por entonces, la gente cerraba el desfile de llamadas al ritmo de un chas chas de palmas que se golpeaban toreando a los milicos y que terminaba siempre a las corridas más algún palo que otro, en épocas que la democracia faltaba sin aviso.
Siento llegar una brisa aún lejana de tambores. Aquellos tambores de esclavos que en sus orígenes llamaban las penas de unos y otros, hoy acorralan mis recuerdos. Atrás quedaron Cuareim 1080, la Yambo Kenia, Elumbé, Sarabanda, La Jacinta y muchas más. Chico piano y repique comienzan a gobernar mi memoria hasta que cierro los ojos para apreciar mejor a la comparsa de mi vida.
De repente diviso una imponente bandera verdeamarela de mi cuadro de niño, el Intermezzo, que el negro Juan acuna en un proyecto de viento del barrio sur. Juancito…, el utilero del cuadro, que organizaba las rifas y el primer premio se lo ganaba antes del sorteo en el boliche a puro tinto. Menos mal que los padres de Marito y Marcelo luego ponían las camisetas sino hubiéramos jugado… a torso desnudo.
Allá se acercan los Gares; vestidos de gramillero y mamá vieja; el viejo hechicero que intenta seducir a la negra gorda serpenteando su cuerpo africano como una cobra mientras ella hace que lo ignora. En esa pequeña valija de cuero raido el gramillero lleva sus yuyos medicinales y algunos de mis recuerdos más preciados. Épocas épicas le decía hace unos días a mi amiga Bettina aunque a ella le hubiera gustado más el término «belle époque».
Detrás de los Gares se empieza a recortar la imponente la figura del negro Manolo; un morocho estilo zulú de uno noventa y pico, con paso de pantera y un braceo interminable para el destaque de las piernas de ébano de la diosa Gularte. ¡Manolo querido! Vecino de mi cuadra en tiempos que los gays eran maricas a secas; cómo olvidar que más de una vez nos salvaste el pellejo cuando el ambiente de la noche cortaba grueso y algún fiolo de ocasión nos quería pesetear.
En estos momentos es el frenesí. Como un cambalache de candombe, entre la biblia y el calefón, se mezclan los tambores con los gritos de los jefes de cuerda. Cobijados por la masa enardecida del coliseo carnavalesco, saludos y clapeos de ida y vuelta, cortes de tambores , femeninos taconeos de plumas entreverados con esos vestidos de lame secuestradores de miradas.
Es por esos que aprieto bien los ojos para no perderme nada.
Luego del diluvio de repiqueteos y tronar de lonjas, éstas comienzan a levantar, llamando al retiro de la comparsa.
-No se vayan amigos.
¡Lleven me, carajo!
Quiero volver a ganarle a la noche, recorrer aquellos boliches que ya no están y llevarme a veces el cariño de alguna mirada de rouge . ¿Cuándo voy a volver a despertar mi abuso de parranda acompañado de una ola de esas que piden permiso al amanecer?
No me dejen acá, «anclao» en el asfalto de mi memoria Si yo soy de ustedes. Hace largo tiempo que soy un paria de este decadente desfile urbano que trato de navegar a diario. Comparsa de mi ayer,¡ cómo van a dejar a un viejo gramillero , hoy vestido de «dotor» , curando maleficios globalizados, librado a la fragilidad de sus recuerdos!
-Che viejo, hace diez minutos que se fue la última comparsa y estás de ojos cerrados. ¿Te sentís bien?
-Si m´hija. Casi bien. No me des bola. Es como decía Larralde; «son cosas que pasan».

Eduardo Alonso
Don Juan Pecoche y los curanderos
Don Juan Pecoche instaló en Santa Lucía, Canelones, la primera Farmacia y perduró… porque resistió el embate de los curanderos y la venta ilegal de «remedios por los almaceneros y confiteros» del Pueblo. Para el año 1861 por lo menos dos profesores de Farmacia [título otorgado por la Junta de Higiene Pública] lo precedieron: Ricardi y Luís Landó.
Documentos encontrados en actas de la Junta de Higiene Pública de la reunión de 11 de noviembre de 1861. Archivo General de la Nación.
La Junta pidiendo al Comisario de Santa Lucía prohíba vender remedios a los almaceneros y confiteros de aquel Pueblo.
San Juan Bautista, Octubre 26 de 1861
Al Sr. Presidente de la Honorable Junta de Higiene, Dr. Don Fermín Ferreyra
Honorable Junta de Higiene Pública.
El infrascripto profesor de Farmacia deseando establecer una Botica en dicha Villa expone a la Honorable Junta que será imposible el poderla sostener si esa corporación no intima a los pulperos de ésta Villa que cesen vender medicamentos; por el inconveniente expresado debió retirarse de este Pueblo el boticario Ricardi y el infrascripto se permite manifestar a la Junta que no podrá abrir el establecimiento sin la previa prohibición a los pulperos de expender remedios. Es gracia…
Luís Landó, Farmacéutico
Al Sr. Jefe Político de Canelones Don Estanislao Villaureta
Montevideo, 11 de noviembre de 1861
Estando para abrir una Botica en la Villa de San Juan Bautista de Santa Lucía dirigida por el Sr. Don Luís Landó se hace necesario que Ud se sirva intimar inmediatamente por medio del Comisario de aquel distrito a todos los Pulperos inclusive al Confitero que cesen de expender medicamentos bajo la pena de multa. Esta medida ha sido tomada para el pueblo de Canelones y sin ella no puede sostenerse el expresado establecimiento en Santa Lucía. Igualmente esta Coorporación hace presente al Jefe Político que le consta que el curandero omopeático (sic.) M. Martin en la Villa de Santa Lucía sigue administrando la omeopatía a pesar de la intimación que se le ha hecho por medio de esta Jefatura asistiendo públicamente entre otros individuos.. José Paz. Por consiguiente esta Junta Solicita de Ud. se sirva por medio del Comisario de aquella Sección hacer aplicar inmediatamente al referido M. martín la multa de 30 patacones remitiendo por esa Jefatura al Banco Maua el producto de la multa para beneficio de la Penintenciaría. Dios guarde a Ud.
Montevideo, 4 de diciembre de 1861
Al Sr. Comisario de la Villa de Santa Lucía, Don Villegas
Estando para abrir una botica en la Villa de San Juan bautista esta organización solicita de Ud. se sirva ordenar a todos los almaceneros y al Confitero de esa localidad que cesen inmediatamente la expedición de drogas al público o medicamento alguno.
Deseo…. Ver resultados.
Dios guarde a Ud.
V. Sacc
(El presente texto fechado 3/10/2012, pertenece a Eduardo Alonso Paz, colaborador de estas páginas lamentablemente desaparecido. Un excelente trabajo que también homenajea al notable ser humano que nos dejó muy solos en abril pasado.)
SILENCIO (BREVE HISTORIA PARA VOYEURS) / TEATRO
Dirección: Bruno Pereyra. Asistencia de dirección: Lucía Persichetti.
Elenco: Javier Chávez, José Ferraro, Gimena González, Carla Moscatelli, Victoria Novick, Mariano Prince, Roberto Suárez.Técnicos: Johanna Bresque, Lucía Tayler.
«Nos queda bien claro a qué tipo de espectadores está dirigida esta maravilla.»BB
En «Ensayo abierto», Piedras 505 esq. J.C. Gómez. Sàbados y domingo 21 hrs.
Alfredo Gómez
CATACLISMOS

En un momento cualquiera caerá la luna sobre la tierra,
Sucederá, ciertamente, un colapso planetario repentino,
Como un corazón que se detiene en plena marcha.
Unas humildes violetas, y una muerte exagerada,
Aplastadas por la mole gigantesca, la de la inmensa luna.
Inesperados son siempre, los cataclismos.
Como un apagón del sol, que dejaría sin luz a tus ojos,
Los océanos fugándose al espacio infinito,
Dejando el fondo del mar desnudo y apenas húmedo,
Y las playas sin olas, y las bahías vacías.
A veces las almas se quedan sin aire,
Y las almas, son del aire, son suspiros, son aliento.
Entonces no valen nada todas las noches aquellas,
Las que venían e iban desde y hacia lo eterno,
Porque como peces en una playa moribundos,
Así quedan boqueando los sueños en lo seco,
Y se aquietan, y se secan.
Serán papeles en el viento, páginas sueltas y arrugadas.
Aquellos versos que estremecieron a alguna niña,
Y hasta la niña aquella será entonces una estatua de sal,
Empinada duna, o espinas de cardo girando a ras del suelo.
Ahora no me conocés
En donde estamos?
Ahora no me conoces de la semana anterior (de remate)
Muy buena foto!!!!!!!!!!!!!!!!!!!pero nada màs…..(Josè Pepe Torres)
Obviamente Judicial!!! El Sr. González Luoni, y debe hacer muchos años de ésto, porque no es acá… Y el de 1er turno, no es así ahora, en Canelones. Bueno, arriesgo que es ese Juzgado, el que hoy. tiene un aspecto diferente. (María Julia Álvarez)
Año 2002, remate en las puertas de Juzgado Canelones.- Desde la izq.: Santiago Miguel; luego yo, como empleado de quien ordenaba el remate; Esc. Amalia Duarte; Dr. «Chicho» Marquisio; Rematador W. González Luoni y su hijo Juan González Parodi (no sé si en esa fecha ya era Rematador ) Los restantes -empleados judiciales, bancarios, u ofertantes-, no los reconozco.-(Pio Borra)
«Vivir en desarmonía / con la época (ir / contra los tiempos a favor / deltempo) es nuestra manía. / Creemos en el anacronismo. / En el rayo. No en el futurismo».GC

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