…o espanto. Cómo puede esperar que un país avance si, quien debe velar por el cumplimiento de cada norma, regla, ley, ordenanza, es burlado durante años, y por millones de todos los uruguayos, sin que nadie se haya dado cuenta?
Claramente hablo de la estafa de la que todos fuimos objeto. O acaso vamos a hacer foco en un joven de 23 años, media docena de procesados y sospechas por doquier? No señor, no. Todos hemos sido estafados, al afectarse al supremo que está sobre nosotros.
A ver si se entiende. Un muchacho, que ya hizo estafas por millones, recarga su arte estafando nada menos que al sistema de salud, en millones de dólares.-
El caso, llegó al Parlamento de la mano e interpelación al ministro de Salud Jorge Basso convocada por el senador de Espacio 40, Javier García. Ha sido  hiper comentado y que ha enfurecido a cada ciudadano de bien que hace sus aportes regularmente, lleva a varias reflexiones.
O a varias puntas. N i que hablar, la más saliente y notoria: el robo que costó, según cifras que maneja El Observador, U$S 900000 por año (novecientos mil dolares anuales), al BPS
La falta de control o de puntería de quienes tienen a su cargo, el corroborar los datos. Parece que a uno siempre le piden tanto papel, timbre, fiormularios, comprobantes y declaraciones, y sin embargo, se registraron empresas  con cientos de trabajadores, que…jamás existieron como tales.
La falta de transparencia y vulnerabilidad en el sistema. No sólo el humano de control sino de todo el andamiaje que uno podría sospechar que se pone en marcha cuando se trata de la plata de todos
La poca ética de los que, buscando «asociar» personas, no dudaron en promover la maniobra.
Y por supuesto, los que, movidos por la necesidad o por la «viveza criolla» decidieron aceptar los 500 pesos que les daban por la falsa afiliación. Podrán llamarme ingenuo pero tengo la sospecha, casi certeza, de que la mayoría aceptó tentado por obtener el dinero, aún, en condiciones irregulares.
Para qué mentir y mentirme. Todo este episodio me produjo una profunda tristeza. Porque es otro eslabón más de una interminable cadena de desastres que día a día van apareciendo. Por decir una, la fiesta de Ancap como parte de un total que dejó a esa empresa nacional, con su prestigio arruinado, sus arcas destruidas y un derrotero de suspicacias que mal vienen a caer en momentos que el presidente Tabaré Vázquez regresa de promocionar por el mundo ,a Uruguay casi como la octava maravilla.
Si no se va al hueso, poco importa la promesa de recuperar la plata que perdió el Fonasa (que perdimos todos). Sea por corralito, (que obviamente como dice Javier García, es gran parte del problema), o por otros servicios y situaciones afectados, el sin sentido y sin rumbo en el que parecemos sumidos, continía. Como un barco sin timón. Ese barco que todos queremos abordar para manejar en condiciones regulares, adecuadas, fructíferas, inclusivas y transparentes,. Pero en el que cada vez nos vemos más lejos de tomar. No es cobardía, es deseo de cambiar las cosas y no poder.
Es la vista cansada de ver cómo se hace la vista gorda, valga el juego de palabras.
Es el dolor de ver un país que supo ser una gema, convertido en algo poco creíble, gris, atado a impuestos comol única manera de tener algo de dinero y con ese dinero estafado por un grupo de seis que pudo contra 3 millones de personas.
Lo del principio, duele. Entristece y por qué no, averguenza.

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