Reconocimiento desde Madrid

Guillermo Álvarez Cáceres tiene 26 años, desde niño es un buen lector,
viene desde la carrera de Ciencias de la Comunicación, hoy estudia
profesorado de Español y Literatura.
La historia comienza una noche en el 2017 cuando plasmó en papel una
frase “Amo mirarte, sobre todo cuando cierro mis ojos”… fue sólo el
comienzo. Al año rescata lo escrito y es el origen de muchas páginas que se
animó a compartir. Nuevamente un amigo consejero le habla de una
página de un concurso literario en Madrid
Un café servido
Eran 128 cupos de habla hispana, de México hasta España lo que desanimó
a Guillermo, pero gracias a la insistencia de su amigo decidió anotarse.
Eran sólo dos mil caracteres, lo que le significó un gran desafío para que
ese cuento llamado Café no perdiera la esencia; luego de logrado lo envió
en noviembre del año pasado. Fue en marzo cuando se entera que su
trabajo iba a ser publicado en junio. Luego de su alegría, sus contados
amigos responsables de lo que parecía una loca idea, fueron los primeros en
enterarse.
Cuando se tiene alma de escritor, ver que sus palabras ya tienen un lugar en
el mundo es suficiente para plantearse que se está en el lugar correcto para
seguir recorriendo el camino de las letras. No se trata de ganar, pero
compartir un libro con 127 autores es muy importante.
Cuando llegó el libro desde la editorial de Madrid a sus manos, con autores
de México, Republica Dominicana, Puerto Rico, Argentina y otros autores
uruguayos, fue de gran emoción para Guillermo.
La pasión de escribir.
Recuerda el comienzo de su gran amor, cuando en clase se habló de La
Ilíada y cómo Homero en la Grecia Antigua, ha podido trascender los
tiempos, o cuando descubrió La invención de Morel de Adolfo Bioy
Casares, el novelista argentino del siglo pasado. El planteamiento en clase
de que la inmortalidad del ser es un libro, marcó por siempre la huella a
seguir por Guillermo.
Lector de literatura latinoamericana, hoy como estudiante de profesorado,
Horacio Quiroga le merece una atención especial porque va desde la
melancolía al romanticismo. Charles Bukoswski, Truman Capote, Ernest
Hemingway, Scout Fitzgerald y Bárbara Wood, son como sus dramaturgos
de cabecera.

Nos cuenta que le costó escribir sin quemar lo escrito en el papel, hasta que
ese amigo le anima a mostrar sus letras, esa “literatura de cajón”, que
muchos compartimos.
“Creo que todos tenemos una voz para el arte, hay que ver qué hacemos
con esa voz, si susurramos o gritamos….hay que hacer sentir ese arte, para
mi fue un grito, ese empujón para no tener miedo a hacer lo que hago,
disfruto escribir y voy a seguir escribiendo”, reafirma.
A partir de esta publicación reconocida y publicada por la editorial
madrileña, abre una página en Facebook para dar una mirada más social
sobre su trabajo, y en Instagram comienza a publicar solo frases.
Ojalá que esta novela pueda editarse, porque como se coincide, son costos
económicos elevados, difíciles de afrontar por los nuevos autores.
La Santa Lucía que le vio nacer, crecer y madurar, lo cuenta como una
promesa. Sus pies pueden andar por la Quinta Capurro o por el río,
mientras su cabeza traspasa límites físicos para darles sentimiento a sus
personajes.
Ya no hay vuelta atrás. Ahora comenzó a escribir una novela describiendo
sentimientos, se llama “El sendero de las almas”. Cuesta muchísimo
porque todo entra por la vista, se mira más que nada lo físico… “siempre
digo que el físico atrae pero la mente seduce y con mi escritura me gusta
seducir, afirma con certeza Guillermo.
Y.S.

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