Si no hubiera sido por su personalidad, hasta dónde
podría haber llegado José Bornia en el fútbol.

Nos debíamos esta nota con Bornia, nacido el 28 de
diciembre de 1959, hijo de Manuel Bornia y Ana
Alberti, tres hijas, Paola, Silvana, Estefani y Rodrigo,
hijo de su compañera Silvia Ferrari, una nieta
Julieta.
Hace tiempo que queríamos hablar, conocer un
poco al individuo fuera del fútbol, al padre, el
abuelo “Pepe”, pero esta es una nota diferente,
distinta. Comenzamos bien desde abajo, de cuando
comenzó jugando en la calle o el campito del barrio,
en una época donde prácticamente no había, por
ejemplo, televisión, una sola en el barrio, lo que
quedaba era jugar a la pelota con los amigos del
barrio, con algún mayor entreverado.
Luego viene El Tanque, equipo de menores,
Sporting, Montevideo Wanderers, Darling y la
Selección de Canelones, aquella que dirigía Luís
Dogliotti, entre otros temas. Hoy les entregamos la
primera parte, porque Bornia tiene mucho más para
contar. Por ejemplo, fue el primer técnico de

Canelones que exigió determinados materiales para
trabajar en el medio, entre otras cosas.

Entrevista a José Leandro Bornia Alberti, ex jugador
y técnico retirado momentáneamente.
E. P. – Indudablemente, lo conocimos ya con el
pantalón corto dentro de una cancha de fútbol,
pero seguramente no comenzó jugando en cancha
de 11, probablemente haya comenzado jugando en
el barrio, tirando las primeras paredes contra el
cordón de la calle, si es que los había por aquel
entonces o, en algún campito del barrio.
J. B. – Por supuesto, en aquella época, la televisión
prácticamente no existía, había una sola en el barrio
donde íbamos todos los chiquilines que nos
portábamos medio bien, entonces, el fútbol era la
prioridad para todos nosotros, tener una pelota era
un lujo, y claro, contra el cordón fue el primer paso.
E. P. – ¿Quién era el dueño de esa pelota en el
barrio?
J. B. – En donde yo me crie, que era el barrio El
Tanque, estaba Jorge Veiga, excelente médico hoy,
y excelentísimo jugador de fútbol en aquel
entonces, que tenía una pelota, y yo porque había
tenido la suerte de que mi mamá había sacado una

quiniela y me compré una pelota de forma
inmediata. Además, viví en el barrio de la Coca Cola,
donde los papás de los compañeros nos regalaban
los picos y el fondo de la Coca Cola, que se
cambiaba por un repuesto, que ellos tenían de
reposición en los camiones, de esa forma le
llevábamos al almacenero del barrio ese pico y ese
fondo como si fueran envases, sacábamos para
comprar entre todos una pelota, por lo que ese
elemento tan fundamental para nosotros no nos
faltaba.
E. P. – Recuerda que cuando el dueño de la pelota
se enojaba se la llevaba y se terminaba la fiesta.
J. B. – Cierto, pero en el caso del barrio mío era una
excepción, porque Jorge Veiga, en aquel entonces, y
yo, éramos los últimos en irnos, la pelota siempre
estaba.
E. P. – ¿Estudiaba?
J. B. – Estudie en el Colegio Guadalupe, después en
el Escuela 110 y luego fui al Liceo Tomás Berreta.
E. P. – En esa época existían solamente dos
categorías del fútbol menor, Cadetes y Baby,
¿dónde jugó?
J. B. – Comenzamos en El Tanque, para mí era algo
especial, El Tanque era el rival de Tres Estrellas,

donde jugaron muchísimos jugadores
importantísimos en la historia del fútbol canario y
uruguayo, Ariel Sandoval, Juan Muhlethaler, entre
otros. Yo debuté a los cuatro años, no me podían
sacar porque eran campeonatos que se hacía a
beneficio en el barrio. Instalaron las luces en la
cancha de El Tanque, estaban todos los chiquilines,
los grandes jugaban con nosotros también, o con
nuestras ilusiones, después era difícil sacarme.
También jugué en el barrio Fátima.
E. P. – En esa época era muy común que en los
picados del barrio jugaran entreverados chicos y
grandes, donde ahí ustedes aprendían mucho de los
grandes.
J. B. – Como anécdota, Jorge Veiga y yo y ambos
papás, fuimos detenidos por jugar al fútbol en la
calle. En aquella época mí papá era enfermero, el
papá de Jorge era radiólogo, muy conocido en el
pueblo. Pero sí, a algún vecino le molestaba que
jugáramos en la calle, cosa que hicimos, estoy
hablando del 63, 64. Recuerdo que pusieron la luz a
mercurio en el barrio, habíamos hecho un
travesaño porque estábamos justo en la esquina,
para poner un arco entre la columna de la luz
eléctrica y la columna de la luz a mercurio.

Recuerdo que mi papá nos dijo que tuviéramos
cuidado porque podíamos romper el vidrio de la
ventana, quién rompió el vidrio de la ventana de
casa fue papá, que estaba jugando de noche con
nosotros en la calle. Era otro tipo de niñez,
indudablemente, no es ni mejor ni peor, es distinta,
no teníamos las herramientas que hoy tienen los
chiquilines. Pertenezco a una generación, a un tipo
de ser humano que ha sufrido grandísimos cambios
tecnológicos, a los cuales por distintas
circunstancias nos hemos tenido que adaptar,
sobrellevar, incorporar y utilizar, se ha hecho de la
mejor forma posible, no es fácil.
E. P. – Luego viene la etapa del fútbol en cancha de
11, ¿Cuál fue el primer equipo?
J. B. –El Club Atlético Sporting, en ese entonces era
uno de los cuadros más importantes del fútbol de
Canelones. Estaban bien establecidos los cuatro,
estaba en desarrollo todavía Liverpool, Darling,
Libertad y Sporting ya tenía su historial a nivel
nacional. Fue porque me pasé de altura en el baby
con 13 años, comencé en la Reserva, el técnico era
don Enzo, el papá del “Bicho” Viera.
E. P. – ¿Ya usaba el pelo largo?
J. B. – Habitualmente sí.

E. P. – Época de Los Beatles, Rolling Stones, de los
hippie,¿cuál era la mirada en el barrio en ese
aspecto, del técnico?
J. B. – Creo que fue algo de mi propia personalidad,
además era típico de la moda de aquellos años, algo
circunstancial, el pelo largo o la barba como hoy. Un
sector de la sociedad te marca, esa lucha rara,
personal, de que la gente tiene que conocerte para
poder evaluarte, y nosotros tenemos como
sociedad la dificultad o el error de encasillarte en
determinados conceptos, o prejuzgarte, sin
conocerte realmente. Me dejé la barba justo por
eso, por un problema que tuve en el trabajo, donde
fui confundido, en la época de la dictadura, hubo un
problema, una confusión y no me afeite más.
Recuerdo que el intendente de aquel entonces,
militar, Tarigo, me preguntó por qué me dejaba la
barba, le expliqué, y me dice, no piensa afeitarse, y
le digo usted piensa que puede expulsar a los
funcionarios que no cumplen con todas las
normativas, de libertad, eficiencia, dignidad y
honestidad acá dentro, eso es muy difícil, entonces
es muy difícil que me afeite. Hasta hoy sigo con mi
barba desde el año 83.

E. P. – Había comenzado en Sporting con 13 años,
¿Qué sucede?
J. B. – Era el jugador más chico, debuté en primera a
los 14 años. Aquel equipo de Sporting era muy
bueno, por ejemplo, jugaba Julio Facal, Juan
Hernández, el “Turco” Husman, la “Liebre” Gómez,
Bernardino el arquero, Rapetti, entre otros. Mi tío
había jugado ahí, pero mi papá era de Darling, mi
mamá de Libertad y yo soy hincha de Liverpool.
E. P. – ¿De Sporting a dónde se va?
J. B. – Esa Reserva de Sporting salió Campeón, y en
la Liga ya estaba jugando As de Oro, un equipo de
Progreso, y don Ventura Toja que era el técnico del
combinado juvenil de Canelones me llevó a la
Selección. Tenía un gran equipo, estaba el
“Mojarra” Da Silva, “Loquillo” Clavijo, Rubén Estiva,
Oroño, Juan Carlos López, Ricardo Abril, Álvaro
Butti, entre muchos otros nombres, año 73. De ahí
me fui para Montevideo Wanderers, también fue a
practicar Álvaro Butti, en aquel entonces jugaba en
el Parque Artigas en Las Piedras. Recuerdo que
fuimos hasta la cancha caminando con Butti, y
volvimos porque jugaban que daba miedo. Nos
dijimos nos van a pintar la cara. Nos esperaba
Ramón Castro, que era el entrenador de Quinta

división, nos vio y nos dice, si vienen a hacer fútbol
jueguen, le dijimos jugamos juntos, si no, no.
Tuvimos suerte. Butti se enfermó de Hepatitis. Yo
estuve cinco años en Wanderers, me vine en el 79.
Había estado en la preselección uruguaya me enojé
por algo, entonces me dieron a préstamo a Darling.
Ese año integramos la Selección Mayor de
Canelones, que fue Campeona del Sur, la dirigía Luís
Dogliotti, tuve la suerte de ser parte de ella. En
Darling estaban Julio González, Moises Silva, el
“Vallano” de Cerrillos, Rubén Anza, en el medio yo,
“Cachete” Delgado, Gómez, “Vicho” Viera, uno de
Las Piedras, Hugo Cedrés. Había un gran equipo.
Recuerdo que hubo problemas ese año en Darling y
echaron a la mayoría de los jugadores después de
pagarles, y terminó armándose el equipo que fue
Campeón.
E. P. – En esa época habían grandes equipos,
integrados por muy buenos jugadores, y los
campeonatos eran bastante parejos.
J. B. – Totalmente, Libertad un equipo bárbaro,
Santa Lucía un cuadrazo, Progreso, que era
dificilísimo, está Castelnoble, el “Cabeza” Cabrera,
Aidinovich, Ávila, Da Silva, Julio González. En
Liverpool estaba Casas, era muy competitivo el

campeonato, había que jugar muy bien para ser
Campeón. Nos pagaban, éramos muchos juveniles,
recuerdo que nos pusimos en la fila con Julio
González, Cedrés, entre otros, cuando echaron a
esos jugadores, y nos dijeron ustedes se quedan.
Ese año fuimos segundos, el técnico era Reina en el
80. La historia de la Selección la conocen,
campeones por tercer año consecutivo, siempre
con Dogliotti como técnico. En ese entonces tenía
20 años. De ahí, la intención mía era no volver a
Wanderers, por caprichos personales, falta de
asesoramiento. Hoy un jugador de fútbol está más
asesorado, tiene su representante. En esa época
estábamos huérfanos en ese aspecto los jugadores,
fundamentalmente los jóvenes.
El “Bebe” Castelnoble, que había jugado en
Progreso, agarra la dirección técnica de Montevideo
Wanderers y me invita a jugar en su equipo. Le dije
que no quería volver, entonces me cambia a
Liverpool de Montevideo por el centro delantero
que era de Colonia. Tuve la suerte de subir a la “A”
con Liverpool de Montevideo. Ese equipo era una
sucursal de Canelones, siempre digo lo mismo,
Canelones y sus jugadores históricamente son los
que han subido al fútbol profesional, o sea a

equipos de la segunda división del profesionalismo.
Añares fueron ejemplo el “Chupete” Hernández,
“Pato” Peraza, “Cholo” García, acá en Santa Lucía y
nunca le pude cobrar porque nunca jugué en su
equipo. Fontangordo era un tipo que a la Selección
de Canelones la atendía muy bien, todos los días
nos esperaba en su comercio, ya estaba establecido
en Canelones. Wanderers de Santa Lucía subió a
Sudamérica, a Fénix, y creo que a Villa Española,
con estos jugadores, Agrasso el arquero,
“Cachorro”, Sánchez, “Carita” Moreira, Antúnez,
Figueredo, “Chupete” Hernández, esos seis salían
campeones acá, y luego iban a esos equipos de la
segunda del profesionalismo, iban y venían.
Jugaban todo el año y ganaban siempre, en
Montevideo con esos equipos, acá con Wanderers
de Santa Lucía, jugaban juntos, que es fundamental,
se conocían dentro y fuera de la cancha. El fútbol es
automatización, porque es un deporte colectivo, un
deporte en conjunto, usted puede hacer un
rejuntado de amigos, de vecinos, de los mejores
jugadores, pero no deja de ser un rejuntado,
entonces, la automatización, el conocimiento, el
desempeño dentro del deporte, es lo que hace al

funcionamiento colectivo, que después le va a
otorgar el objetivo.

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