Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, con la misma compostura y apariencia tranquila, de quienes pasean los domingos.

 
Ahora no me conoces

En la llanura del tiempo

Ahora no me conoces de la semana anterior
Berruti, Molinelli y Fuentes (Susana López)

 

Félix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS/Jorge Luis Borges
Borges
En setiembre de 1976 viajó a Chile donde recibió el título de Doctor Honoris
Causa concedido por la Universidad de Chile y fue condecorado con la Orden al
Mérito Bernardo O’Higgins en el grado de Gran Cruz. Durante su estadía en ese
país Borges se reunió con el Presidente Augusto Pinochet en una entrevista
privada que duró alrededor de una hora y realizó comentarios elogiosos para
con el mandatario trasandino lo que le valió la pérdida del Premio Nobel de
Literatura que concede la academia sueca.
Borges justificó esta actitud diciendo que había sido presionado para que no
fuera a Chile y que se lo intentó sobornar, usando motivos políticos, con la no
concesión del Nóbel. Por esa causa viajó a Chile y aceptó las condecoraciones
que allí le otorgaron. Pero, años después, se arrepentiría de esta decisión y le
confesaría a María Esther Vázquez: “Desde luego, yo obré mal. Sabía que estaba
jugándome el Premio Nóbel, pero pensé: qué absurdo juzgar a un escritor por
sus ideas políticas. Además, en aquel momento confieso que me equivoqué: no
me di cuenta de que no se trataba de una razón política, sino que se trataba de
una razón ética. (…)”. 1
En 1977 visitó París invitado por el editor italiano Franco María Ricci y se
alojó en el Hotel de l’Alsacie que había sido refugio del escritor inglés Oscar
Wilde quién abandonó Inglaterra tras cumplir una pena de prisión. Luego
Borges se trasladó a Venecia, Roma y Ginebra para encontrarse con sus amigos
de juventud. En su estadía en Italia fue a Milán para visitar al poeta Eugenio
Montale quién había recibido un Premio Nóbel en 1975. Montale contribuyó al
conocimiento de la obra de Borges en Europa a partir del año 1959, de la cual
hizo comentarios elogiosos como aquel que decía: “Borges es alguien capaz de
meter el universo en una caja de fósforos”, refiriéndose a su extraordinaria
capacidad de síntesis.

Volvió a Buenos Aires y de nuevo viajó a París para dar una conferencia en la
Sorbona, participar en un homenaje a Ricardo Guiraldes e inaugurar una
exposición del pintor Xul Solar que había sido gran amigo suyo. Después fue a
pasear a Grecia.
En noviembre de 1977 se publicó “Historia de la noche” que fue ilustrado por
el pintor y grabador argentino Ricardo Supisiche. Consta de 31 textos de los
cuales la mayoría son versos y se completan con algunos escritos en prosa. En el
comienzo, en un texto titulado “Inscripción”, aparece la dedicatoria de este libro
a María Kodama. En el epílogo Borges manifiesta que: “De cuantos libros he
publicado el más íntimo es este”.
María Esther Vázquez destaca los siguientes: “Sábado” donde se alude a la
ceguera y la soledad:
“Un hombre ciego en una casa hueca
Fatiga ciertos limitados rumbos
Y toca las paredes que se alargan
Y el cristal de las puertas interiores
Y los ásperos lomos de los libros
Vedados a su amor (…)
está solo y no hay nadie en el espejo.
Ir y venir. La mano roza el borde
Del primer anaquel. Sin proponérselo,
Se ha tendido en la cama solitaria
Y siente que los actos que ejecuta
Interminablemente en su crepúsculo
Obedecen a un juego que no entiende…”

 

 

Edgardo Taranco

 

 Elogio de lo Breve

Luis Fernando Iglesias

Bodas de plata

Miró a su esposo saltar como un chico, en la pista de baile y sonrió. Bermúdez
cumplía un sueño largamente planeado: "en las bodas de plata tiramos la casa
por la ventana". Todo el pueblo celebró hasta el amanecer.
Volvieron a su casa con el champagne anestesiando las risas. En el dormitorio,
como en una vieja moviola, ve al marido buscar algo bajo la cama. Salta la

imagen y reconoce una valija sobre la colcha: "veinticinco años pero ni un día
más".
La espalda de Bermúdez sale de la habitación. Pocos segundos después, ella
siente un lejano portazo.

 

 

Daniel Da Rosa
Oveja negra

Saltó la oveja por sobre el alambrado. Pero tenía tanto vellón que quedó
prendido del alambre que había quedado con punta al lado del poste. Desde mi
distancia la veía balancearse como esos juguetes que tratan de demostrarte leyes
sobre el equilibrio. Un carnero de grandes cuernos retorcidos se mareó al seguir
el balanceo de la oveja, cuyos ojos cada vez se desorbitaban más.
El perro ovejero alemán, apodado el "turco", despertó de su siesta bajo el gran
paraíso del campo y al olfatear en el aire el sudor del ovino corrió rápidamente
al lugar de origen del mal olor.
Allí el perro se encontró con una imagen increíble y sin saber cómo resolver el
problema terminó mareado al seguir el movimiento continuo de la oveja.
Llegó la noche, pero por suerte, con luna llena. El perro seguía sentado frente a
la oveja oscilante y el carnero se había alejado detrás de las otras ovejas que
volvían al rancho.
Al amanecer el perro dormía ovillado bajo la oveja colgada, que adornada de
rocío multicolores permanecía quieta sobre el alambrado. Pero el nuevo día
trajo una tormenta con viento pampero y furioso, logrando desprender la oveja
del alambrado y arrastrarla hasta el árbol donde cayera un rayo en forma
inmediata, quedando la misma como una oveja negra.
Enrique Ilera
El hombre roto
El éxito de su última obra lo había catapultado a la gloria.
Pero con tanta fuerza que el impulso del envión, y luego de realizar una
parábola de cientos de metros por el aire, se estrelló violentamente contra el
pavimento, rebotando varias veces hasta caer completamente destrozado al pié
de uno de los árboles más añosos d ela plaza principal. Pero sólo una parte, un
pedazo, porque el resto de su cuerpo hecho trizas había quedado por el camino
que la fuerza de su éxito le concediera.
Una de las manos estaba en la puerta de la ferretería, la otra bajo el cartel d ela
fábrica de pastas. Los dos pies ante el mostrador de la farmacia y el resto de su
cuerpo destrozado por obra y gracia de su obra que lo catapultara a la fama,
diseminado por todas partes.
A último momento se supo que la cabeza del del notorio autor había sido
hallada frente a la puerta del cementerio, con una sonrisa de oreja a oreja que
confirmaba su consagración.
Sin embargo nadie aludió a unos ojillos inquisidores que escudriñaban con
desconfianza.
Con muchísimo esfuerzo y la valiosa abnegación de todos los vecinos se pudo al
fin rehacer el cuerpo juntando todas las piezas sueltas.

Pero con tanta fortuna o quizás falta de experiencia para estos menesteres, que
el resultado fue un exitoso pero desgraciado artista con la cabeza asomándole
por la espalda y los miembros superiores e inferiores a la altura del ombligo.
Ante tal adefesio los componedores del catapultado decidieron desarmarlo y
tratar de hacer las cosas bien.
Pero el exitoso se negó al propósito, alegando que mala armadura era muy
valiosa y representativa expresión del arte moderno.
Lo dejaron tal cual estaba, por lo que el monigote abstracto fue la nueva gran
atracción del Taller de Artes Visuales.

 

Rodolfo Fuentes
Imagen 2

De Barcelona a Paris en el tren nocturno. Mi compañera de compartimiento fue
una mujer negra, el pelo en extrañas mechas grisáceas, parecidas a rastas pero
mucho más enredadas.
Un poco por señas y otro poco en un inglés casi inventado, intercambiamos
orígenes y destinos (al menos de ese viaje). Ella había nacido en Haití, vivía en
New York y era artista visual.
Iba a presentar su trabajo en una galería del barrio latino. Según las fotografías
que ilustraban el ajado catálogo que sacó de un bolso muy colorido, su obra
artística consistía en pequeños muñecos hechos con paja y telas oscuras,
desgarradas, con aspecto sucio. Los muñecos estaban atravesados con largas
agujas de tejer y eran exhibidos bajo luces de colores sanguinolentos.
Apenas pasada la frontera en Cerbère y los correspondientes trámites, nos
preparamos para dormir. La estrecha cucheta del tren no era muy apta para mi
corpulencia, la visión de los muñecos atravesados volvía una y otra vez, y mi
eventual compañera de cabina se agitaba en un sueño inquieto, parecía tener
pesadillas y en ese estado susurraba -en algo que supuse era patois-, frases
cargadas de angustia, llegando a gritar en alguna ocasión. Por fin, el cansancio
me venció y logré dormirme.
El amanecer nos encontró atravesando el confuso paisaje industrial de los
suburbios de Paris. Al llegar a la Gare de Lyon, bajé del tren sin despedirme de
la artista, que ahora dormía plácidamente, roncando. Enfrente, en la Place
Louis Armand y con la enorme torre de la estación como fondo, unos novios
con sus atavíos de boda se estaban fotografiando.
Parecían muñecos, muñequitos de torta.

 

 

Una pregunta de miércoles (Post data)
Descartemos el río: ¿Qué lugar de Santa Lucía sería para Ud. el que
más nos identifica?

Gladys Scotteguazza: Ah, bueno…. me sacaste la fuente y me sumergiste en
un pozo, o pocito.
La buena gente, y mira que hay bastante. Aunque a veces se ahoga con tanta
inutilidad que la rodea. Pero insiste esa buena gente y logra amores, luces,
caricias, ojos tiernos y aires cálidos para seguir….
José Luis Calandria: La Plaza.
Guillermo Durán: Quinta Capurro, la número uno. Casa Rodó y Hotel
Biltmore pelean otro puesto…Siempre pensando en el que no vive o vivió en
Santa Lucía, para los locales, además de esos lugares, me identifico con la plaza,
la explanada del ex club social, los toques en Lo de Gastón, la "mesa grande" del
parque y otras más que las guardo para mis memorias!!
Gonzalo Alonso; Elijo la querida Quinta Capurro.
Eduardo Mier: La plaza.

Imágenes: Liliana Porter, s/d, Pablo Pose y Dorothea Muhr,

Una mujer iba por el pasillo del tren, entre sus dedos sujetaba un biberón como si fuera
un granada de mano. Fuera, un faisán corría junto a unos matorrales. En el horizonte,
sobre el tejado de una casa, estaba sentado un hombre, y cogió una herramienta que
alguien le había lanzado. Dejar abiertos los espacios vacíos: ésa sería la más elevada de
las artes. P.H.

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