La pasada semana, la noticia -honestamente esperada por muchos-, era la complicación para iniciarse las clases en varios centros educativos.
Como cada año, los docentes reclaman una y otra vez, por carencias edilicias, por falta de personal, por limpieza, seguridad, etc.
Este 2017 no fue la excepción. Un comunicado de la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria (Fenapes) que recoge el diario El Observador,y refiere a la ocupación del Liceo de Colonia Nicolich, da cuenta de una declaración de los docentes según la cual «en noviembre de 2016 presentaron al Consejo de Educación Secundaria (CES) un documento con las carencias del centro educativos». Sin embargo, agregan, las autoridades todavía no dieron respuestas.
EL matutino agrega que, los profesores, exigen la creación de dos cargos nuevos de adscripción, un portero permanente desde las 7 hasta las 19 horas, servicio de limpieza y ampliación del espacio multidisciplinario.
La situación alcanzaba, en ese momento, a 13 liceos más de Montevideo que también se prestaban a no comenzar las clases por medidas vinculadas a esas reivindicaciones. Y seguramente aparecerán otras y otras.
Si en algo tuvimos la oportunidad de coincidir con el expresidente José Mujica, fue con su discurso inicial, cuando asumió la máxima autoridad electiva que Uruguay otorga, la de Presidente dela República (suena hermoso mencionar ese cargo que es una decisión puramente popular).
Dijo el máximo dirigente del MPP una frase que creo que todos aplaudimos sin distinción de partidismo: «educación, educación, educación». Lo que Mujica olvidó decir, es «para cuándo» más y más de eso que tanto necesita el país y que está cada vez más sumido en el desastre, la incoherencia y la pasividad de las autoridades cuando se nosl escurren los gurises de las aulas y no se mueven las raíces de los árboles (como mencionara el presidente Tabaré Vázquez), para intentar captarles la atención.
Entramos en la era «ceibal» que al principio y como a todos, nos deslumbró, pero descubrimos que no apórtaron nada al sistema, más que una dudosa «igualdad» que permitió acceder a niños a su primera computadora. Como si la igualdad entre pares, tuviera como única referencia, lo material.}
Pero pongámosle que fue beneficioso. Hoy en día sería bueno preguntarse para qué sirvió si las informaciones sobre las Pruebas internacionales PISA, dejaron un tendal de dudas y planteos sobre el desempeño charrúa.
Basta con ir un par de meses atrás en el tiempo. Publica el mismo matutino en su edición del 19 de diciembre pasado, extractos delas exposiciones que, intelectuales charrúas, desarrollaron durante un evento realizado por Eduy21, la iniciativa ciudadana que encabezan Fernando Filgueira, exsubsecretario de Educación, y Juan Pedro Mir, exdirector nacional de Educación.
Sacamos algunos de ellos allí estampados: El sociólogo Tabaré Fernández, quien ha estado a cargo de varios estudios nacionales sobre PISA, advirtió que…(desde 2003) «no hubo cambios estructurales en el sistema educativo . «Los avances en calidad educativa no parecen ser sustantivamente importantes en estos 12 años».
Advirtió que 40% de los estudiantes que en PISA 2015 tuvieron desempeños por debajo del umbral de competencias, son jóvenes de 15 años que tienen las habilidades propias de un niño de sexto de escuela. Esta realidad contrasta con la que denota el 1% de los estudiantes que se colocaron en los mejores niveles de desempeño. Fernández señaló que esos tienen competencias suficientes para ingresar a la universidad. «En definitiva a unos y a otros les van a ser intrascendentes los tres años de bachillerato. Eso es trágico», afirmó.
Por su parte, Filgueira expresó que los resultados de PISA 2015 vuelven a colocar a Uruguay «en el club malo de desarrollo», lo que refuerza la idea de la necesidad de un cambio educativo. A su entender, el cambio debe incluir un marco curricular orientado en competencias, acompañado de un proceso de transformación en la formación docente y de un nuevo sistema de evaluación.(…)
Indicó que a eso se suma la «bajísima» carga horaria «consistente» que el sistema destina para a la tarea de aula. El informe PISA 2015 muestra que entre los 72 países que participaron de la evaluación, Uruguay es el país que menos carga horaria destinado al trabajo de aula, con 23 horas semanales. Chile, el que tiene la carga más alta, dedica 32 horas.
Filgueira señaló que eso no solo se debe a que la carga horaria es baja, sino también al largo período de vacaciones, la cantidad de materias y al tiempo que se pierde pasando lista y poniendo orden en la clase.
Esto es todo y nada. Falta mencionar la superpoblación en las aulas, las realidades y contextos familiares que alejan a niños y jóvenes de los ciclos estudiantiles, motivadores y generadores de seres pensantes que necesariamente deben cuestionar la realidad y no hacer la plancha ante ella.
De qué nos sirven gurises computarizados que apenas terminaron la escuela? A dónde irán a trabajar? Qué pasa con aquellos que sueñan con un título universitario o técnico pero que ante una realidad de carencias, que a su vez llevan a la toma de medidas, terminan desestimulados y abandonan?
Ir a la caza de ellos pero con planes concretos, adecuados, estimulantes y atractivos, dar a la educación un lugar primordial, sufrir con las cifras actuales y no quejarse porque se filtraron, creo que son los primeros pasos para empezar a asumir un problema que explotará en nuestras manos en futuras generaciones.
Y llegado el momento de emprender una lucha contra la apatía y la ignorancia que estos problemas conllevan como daño colateral, consultar a los que saben, sin importar sus partidos políticos. Simplemente ir a las fuentes, escuchar lo que tienen para aportar, entender de una vez que los gobiernos se equivocan y eso no es signo de mala voluntad. Dejar la soberbia y un nacionalismo disfrazado tras un verdadero orgullo que no lleva a nada y tender la mano a los aportes de los que saben, de los docentes de hoy y los de ayer que sin dudas, pondrían todo de sí para sacar adelante una empantanada educación de la que, otrora, supimos estar orgullosos,.

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