Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de EL Pueblo, trata sobre un paisaje que sin embargo no termina de explicarse.
Ahora no me conoces

Ahora no me conoces de la edición anterior
Lo de Labraga, Legnani y Lenzuen ex Piedras. Susana López
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS/
Jorge Luis Borges
El regreso. Redescubriendo Buenos Aires
En el año 1921, a fines de marzo, la familia retornó a Buenos Aires después de
casi siete años de estadía en Europa. Viajaban en el trasatlántico Reina Victoria
Eugenia que atracó en la Dársena Norte. Los esperaba Macedonio Fernández,
abogado y escritor, amigo de su padre. Después de tantos años encontraron la
ciudad muy cambiada lo que entusiasmó al joven Borges:
“Fue para mí una sorpresa, después de vivir en tantas ciudades europeas
–después de tantos recuerdos de Ginebra, Zurich, Nimes, Córdoba y Lisboa-
descubrir que el lugar donde nací se había transformado en una ciudad muy
grande y muy extensa, casi infinita, poblada de edificios bajos con azotea, que se
extendía por el oeste hacia lo que los geógrafos y los literatos llaman la pampa.
Más que un regreso fue un redescubrimiento. Podía ver a Buenos Aires con
entusiasmo y con una mirada diferente porque me había alejado de ella un largo
tiempo”
Estas nuevas vivencias le inspiraron su primer libro publicado: Fervor de
Buenos Aires. Lo escribió entre 1921 y 1923 y fue editado en este último año.
Hicieron una tirada de 300 ejemplares que fue costeada por su padre. La
hermana Norah fue la autora de un grabado para su tapa. Regaló muchos de
estos ejemplares. Uno de los métodos de distribución ideado por el autor fue
pedirle al director de la revista Nosotros, Alfredo Bianchi, a quién le dio 50
ejemplares, que los colocara en los bolsillos de los sobretodos de las personas
que concurrían al local y los dejaban colgados en el guardarropa. Muchos de los
beneficiados escribieron luego artículos elogiosos acerca de la obra. Adquirió de
esta manera, una modesta fama de poeta.
“Fervor de Buenos Aires”
Poemas de tipo romántico, de estilo escueto y metáforas lacónicas. En
este libro figuran unos versos que le escribió a su primera novia, Concepción
Guerrero, a la que conoció en las reuniones literarias que se hacían en la casa de
la familia Lange, donde se leían poemas y se escuchaba música. Era una
muchacha de largas trenzas y grandes ojos oscuros. Los novios salían a caminar
al atardecer por las calles de Villa Urquiza donde Borges se trasladaba a pie
desde Palermo.
El romance se truncó por un año porque el joven Borges tuvo que acompañar a
su familia una vez más a Europa para una nueva consulta de su padre con el
oftalmólogo. Más tarde el noviazgo se disolvió. El poema se llamaba “Sábados
(a mi novia Concepción Guerrero)”.
A despecho de tu desamor / tu hermosura / prodiga su milagro por el
tiempo. (…) Ya casi no soy nadie, / soy tan sólo un deseo / que se pierde en la
tarde./ En ti está la delicia / como está la crueldad en las espadas. (…) La
blancura gloriosa de tu carne (…) Tu / que ayer sólo eras toda la hermosura /
eres también todo el amor, ahora.
Entre mi amor y yo han de levantarse / trescientas noches como
trescientas paredes / y el mar será una magia entre nosotros
También le dedica un poema nada menos que a Rosas (tan odiado por su
familia) donde matiza esas valoraciones negativas:
Famosamente infame / su nombre fue desolación en las calles,/ idolátrico
amor en el gauchaje / y horror de puñaladas en la historia./ Hoy el olvido borra
su censo de muertes,/ porque son parciales los crímenes/ si los cotejamos con la
fechoría del Tiempo / esa inmortalidad infatigable / que anonada con silenciosa
culpa las razas / y en cuya herida siempre abierta / que el último dios habrá de
restañar el último día,/ cabe toda la sangre derramada./ No sé si Rosas / fue
sólo un ávido puñal como los abuelos decían / creo que fue como tú y yo / un
azar intercalado en los hechos / que vivió en la cotidiana zozobra / e inquietó
para felicidades y penas / las incertidumbres de otros.
Borges destaca el poema “Llanezas” como el que mejor ilustra sus objetivos
literarios:
“(…) lo que queríamos escribir era una poesía esencial: poemas más allá del aquí
y ahora, libres del color local y de las circunstancias contemporáneas.”
Se abre la verja del jardín
con la docilidad de la página
que una frecuente devoción interroga
y adentro las miradas
no precisan fijarse en los objetos
que ya están cabalmente en la memoria.
Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones
que toda agrupación humana va
/urdiendo.
No necesito hablar
ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes aquí me
/rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza.
Eso es alcanzar lo más alto,
lo que tal vez nos dará el Cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.
Borges creía que en este libro se contenían todos los temas que luego
desarrollaría en sus trabajos posteriores:
“… creo que nunca me he apartado de él. Tengo la sensación de que todo
lo que escribí después no ha hecho más que desarrollar los temas presentados
en sus páginas; siento que durante toda mi vida he estado reescribiendo ese
único libro.”
Andrea Camilleri
Por qué escribo:
Escribo porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central.
Escribo porque no sé hacer otra cosa.
Escribo porque después puedo dedicar los libros a mis nietos.
Escribo porque así me acuerdo de todas las personas a las que tanto he querido.
Escribo porque me gusta contarme historias.
Escribo porque me gusta contar historias.
Escribo porque al final puedo tomarme mi cerveza.
Escribo para devolver algo de todo lo que he leído.
La Madriguera presenta
Paul Mc Cartney
“Entonces éramos nuevos,
ahora somos nuevos”
¿Alguna vez ha echado de menos tener a un socio como John Lennon?
–Sí. Sería imposible no echar de menos a un socio como John, porque era tan
bueno… Y crecimos juntos. Echo de menos eso, pero no dejo que me preocupe,
es un hecho de la vida, también me gusta escribir canciones solo. John y yo
hemos sido una de esas grandes colaboraciones, fuimos muy afortunados de
encontrarnos el uno al otro.–Que estábamos descubriendo la música
juntos, al mismo tiempo. Los dos sabíamos exactamente lo mismo.
Cuando nos juntamos, él había escrito un par de canciones y yo, otro
par. Según fuimos componiendo más, mejoramos al mismo ritmo: yo
sabía lo que él pensaba y él sabía lo que yo pensaba. Así que crecimos
juntos, y ese es el gran secreto. Éramos dos caras distintas de la
misma moneda. Pero necesitas las dos caras para tener una moneda.
Contar lo que ha sido contado mil veces no es tarea fácil, pero no por ello
menos necesaria. Más si el objetivo es retratar a uno de los pilares de los
Beatles. Paul McCartney. La biografía (Malpaso) elude los tópicos y aporta
nuevas perspectivas sobre la vida y obra de uno de los compositores más
populares de la historia. Su autor, Philip Norman, contó con la colaboración del
músico. Solo que este, en lugar de hablar, le permitió acceder a sus fuentes más
personales. El resultado son 900 páginas de apasionante lectura, sin la trampa
de la idolatría, en una aproximación sin precedentes al universo McCartney.
Paul McCartney: The Biography – Philip Norman (Malpaso)
Luis Fernando Iglesias
La literatura no se mancha
La relación entre la literatura y el fútbol siempre ha sido compleja. En un
artículo publicado en el diario Clarín, Hernán Brienza decía que el inicio del
conflicto puede ubicarse en 1880 cuando el escritor y poeta británico Rudyard
Kipling proclamó su aversión a ese deporte y a "las almas pequeñas que pueden
ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". En Uruguay, a
consecuencia de su cuento "Puntero izquierdo", Mario Benedetti sufrió críticas
por lo menor del tema sin importar que fuera uno de sus mejores relatos. En la
vecina orilla si bien el fútbol recibió comentarios ácidos de Jorge Luis Borges,
hay ejemplos de autores que supieron juntar a ese deporte con la literatura
como Roberto Fontanarrosa, Osvaldo Soriano y, más cerca en el tiempo,
Eduardo Sacheri. En este año de especial furor por el Mundial de Rusia, llega
una novela escrita en 1975 por el inglés Joseph Lloyd Carr, autor fallecido en
1994. Carr inventa un equipo amateur de fútbol, el Steeple Sinderby Wanderers,
ubicado en un pueblo de 547 habitantes. Luego de finalizar uno de los torneos
amateurs regionales, impulsados por su Presidente, el Sr. Fangfoss, y un
húngaro con teorías simples y precisas, el Dr. Kossuth, resuelven desafiar la
lógica y anotarse en la FA Cup, el torneo más antiguo del Reino Unido que tiene
una estructura de eliminación directa por partido.
Las peripecias que llevan a ese equipo bisoño de camisetas amarillas a jugar la
final en el Estadio de Wembley contra el Rangers Football Club de Escocia, es el
hilo conductor del relato. Pero lo que realmente importa es lo que ocurre en el
pueblo con sus habitantes mientras esa inolvidable campaña tiene lugar. El
relator es el secretario del club, el Sr. Gidner, que se dedica a escribir versos en
tarjetas de felicitaciones para vivir. Carr confiesa que se inspira en un recuerdo
personal. En 1930 integró un equipo similar al Wanderers cuando tenía 18 años.
Acaso sea el fútbol el único deporte en que un equipo débil puede derrotar a uno
poderoso si se dan las circunstancias adecuadas, lo que otorga una épica al
relato. La campaña deportiva es la excusa para contar, con sutil humor inglés,
esta historia que solo será verosímil si el lector lo quiere, como expresa el autor.
Para ello alcanza con dejarse llevar por las encantadoras peripecias que viven
estos pueblerinos transformados en héroes, para disfrutar un libro que será
apreciado no solo por los amantes del fútbol.(elpaíscultural)
Ilustraron: s/d, Linda Mc Cartney, Gentileza Ricardo Aldana, Flia.Gonzàlez.s/
Cruzamos una época en que ya no se vive esperando una novedad, más
bendita o peligrosa, sino asumiendo lo que se parece a un provenir
ensimismado en su menoscabo. VV

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