La historia entra en una sala a oscuras cuando se habla de la ocupación alemana en Francia en la Segunda Guerra Mundial. El cine le ha dedicado buenas películas a ese suceso. Esta, corresponde decirlo, es una selección antojadiza. De eso hablaremos hoy:
Paris no era una fiesta
La tristeza y la piedad
Desde la ingenuidad inicial de lo que la guerra suponía, como aquellas burguesas parisinas que recaudaban dinero para que los soldados tuvieran rosales en las trincheras de la línea Maginot, a la destrucción posterior y la impotencia colectiva en la que se sumió el país. Rodado en 1969, fue exhibido durante años en una única sala de París, condenado al ostracismo por ese retrato tan poco afín al mito que daba de Francia, hasta que finalmente fue emitido por televisión en 1981.
Lancombe Lucien
Hablar de la ocupación de Francia nos lleva inevitablemente a mencionar a Patrick Modiano, Premio Nobel de Literatura en 2014, que ha centrado buena parte de su obra en un periodo histórico que no duda en calificar de vergonzoso para su país. Sus libros se han llevado en varias ocasiones a la pantalla, aunque también ha llegado a escribir guiones como el de esta película de Louis Malle. El protagonista es un adolescente que tras intentar unirse infructuosamente a la resistencia decide sin la menor mala conciencia pasar a formar parte de la Milice, que era el equivalente francés a la Gestapo.
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Arde París?
Tras la contundente victoria del desembarco de Normandía en junio, el mando se planteaba si avanzar hacia la frontera alemana o liberar París. Las fuerzas alemanas presentes en la ciudad eran en realidad bastante escasas, así que sus habitantes, envalentonados ante la proximidad de los Aliados, comenzaron la rebelión. En ese periodo de finales de agosto de 1944 es donde se centra esta historia, cuyo título hace referencia a la orden dada por Hitler de arrasar la capital francesa en la retirada, orden que fue incumplida por los generales Von Choltitz y Speidel.
Adiós, muchachos
Louis Malle abordando una historia que le incumbía íntimamente, pues estudió en un internado católico durante la guerra al que un día llegó la Gestapo para llevarse a tres estudiantes judíos que permanecían ocultos en él. A partir de esa experiencia personal escribió y dirigió una de las mejores películas que se han rodado en Europa.
El último metro
Es llamativo cómo la población civil fue capaz de afrontar la guerra con relativo optimismo, tanto en el Londres bombardeado a diario como en el París ocupado, los cines, teatros y espectáculos musicales se llenaban día tras día, con espectadores ávidos de algo de entretenimiento y evasión al terminar la jornada. Aún en el caso de que en esta última el toque de queda obligaba a terminar pronto para coger el último metro. Truffaut narraba aquí un triángulo amoroso
El ejército de las sombras
Si bien Modiano no llegó a vivir aquella época, otros muchos intelectuales y artistas sí lo hicieron y marcó una fuerte impronta en cada uno de ellos, por unos u otros motivos. Que la película que tenemos sobre estas líneas comience con la frase «Amargos recuerdos, regresad. Vosotros sois mi juventud» es un claro indicio de esto en el caso de Jean Pierre Melville, uno de los máximos exponentes del cine negro
Un condenado a muerte se escapa
Profesor de escuela que se unió al ejército en 1939, continuó la lucha tras la rendición uniéndose a la resistencia. Tras ser detenido fue enviado a la prisión Montluc, considerada entonces a prueba de intentos de fuga y donde le torturó el infame Klaus Barbie. A base de ingenio y tenacidad fue urdiendo un plan de fuga que resultó exitoso (el propio título lo dice, no desvelamos nada) y lo que hizo a continuación es continuar su actividad en la resistencia, hasta que volvió a ser detenido… y de nuevo logró escapar. De Gaulle le concedió la Ordre de la Libération tras la guerra y publicó sus memorias, adaptadas a la pantalla por un cineasta que sabía muy bien de lo que hablaba, pues él mismo permaneció más de un año encarcelado por el nazismo.(Jot Down)’


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