El libro de Tomás de Mattos (El Hombre de Marzo) es un singular y poderoso alegato a
favor de que el individuo es siempre “el hombre y sus circunstancias”. No se limita a
describir vida, ideas y obras de José Pero Varela, sino que además analiza los ambientes y
circunstancias en que participa.
Cuando a fines de setiembre de 1867 Varela parte en viaje por varios países de Europa y
luego por Estados Unidos, según De Mattos entre los que fueron a despedirle al puerto se
preguntaban: ¿“servirá de algo este viaje”?. Mientras, José Pedro esperaba mucho del
resultado de la entrevista que tendría con Víctor Hugo. Llevaba un libro de poemas de su
autoría, sobre los cuales quería la opinión del literato francés. Como casi toda la
intelectualidad montevideana tenía una clara influencia de la cultura francesa, incluso tenía
varios poemas escritos en esa lengua.
Lector apasionado desde muy joven, era habitual que en la correspondencia comercial de
la barraca de la familia apareciesen pedidos de libros de reciente aparición en las diferentes
capitales. La lectura y la correspondencia de la barraca, de la que era el encargado le
convirtieron en políglota.
La entrevista con el escritor le resultó frustrante. El resultado puede resumirse en que no
le parecieron malos los versos si bien le sugirió que se dedicase a otra actividad “que le
asegurase su subsistencia”.
Las notas de su corresponsalía de prensa reflejan su decepción respecto a los países
europeos.
La visita a EEUU le permitió encontrarse consigo mismo y afirmarse en el camino de la
educación que proseguiría en adelante, al que volcaría su pasión. En ello influyó su
relación con quien en ese momento era el embajador argentino, Domingo Faustino
Sarmiento. El contacto se facilitó por el conocimiento que Sarmiento tenía de su tío,
Florencio Varela. En esos momentos vivía en plena efervescencia de su lucha por el
desarrollo de la escuela moderna en Argentina. Esta relación, tuvo entre otras
consecuencias, que le facilitó el contacto con quienes llevaban adelante las reformas
modernizadoras de la enseñanza en EEUU y más tarde, Sarmiento presidente y Varela en
Montevideo mantuvieron frecuente correspondencia incluyendo las publicaciones que
realizaba el oriental.
La obra de De Mattos es un trabajado friso en el que retrata el salvaje Uruguay que había
encontrado su máxima expresión de violencia el 19 de febrero de 1868, día en el que el
asesinato de Venancio Flores fue seguido por el de Bernardo Berro y su cadáver paseado
por las calles de Montevideo. Fue en setiembre de ese año 68 que a su regreso Varela
produce un gran impacto con la exposición oral que realiza en el Ateneo y a continuación
el nacimiento de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular, cuya asamblea inicial
que superó ampliamente los doscientos cincuenta asistentes.
De Mattos inicia su libro con los graves sucesos de 1o y 10 de enero de 1875, donde los
intentos de realizar elección de Alcalde, fueron interrumpidos violentamente. Varela era el
candidato de “los principistas”, que descontaban tendrían una gran y decisiva votación. El
10 de enero se inició con una decepcionante sorpresa para los “principistas”. El ahora
Cnel. Latorre cuando joven, concurría a la redacción de El Siglo, baluarte de los
principistas, a reforzar la guardia, si se temía un ataque. Y ahora cuando llegó a votar, traía

visible en la mano, la lista colorada de los “candomberos”.
Fue la mañana de un nuevo día violento con interrupción de la votación y varias vidas
segadas en las balaceras que se produjeron.

Compartir