La semana pasada, fue noticia algo que, precisamente, no es noticia. El río Santa Lucía está contaminado. Y aunque en pocos días el alcalde de la ciudad homónima Raúl Estramil dijo que ya s había solucionado, el titular se regó como pólvora. El comentario que generó fue casi unánime y se refirió a lo «no novedoso» del asunto.


En ese río, miles, cientos de miles de uruguayos y muchísimos argentinos, se han refrescado en sofocantes jornadas de calor. Otros miles se han enamorado en su orilla o en la «pasarela» con toda la mística y folclore a su alrededor.
Grupos de jóvenes se han congregado a estudiar con el sonido del agua como telón de fondo y otros tantos, han hecho ruedas de mate, asados y familias enteras han enseñado a nadar a sus hijos en ese espejo gigante, que une Canelones con San José.
Todo, en pasado.
Capítulo aparte merece Aguas Corrientes. En su parque supe estar de niño como parte del paseo familiar de fin de semana. Tuve la oportunidad de visitarlo hace poco y me espanté. Lo que allí sucede es dantesco. Hay no menos de 25 centímetros de barros, que como una alfombra testimonian lo que ese lugar fue en algún momento.
Seguramente cualquier país del mundo sería rico sólo por la explotación correcta y adecuada de sus recursos naturales. Uruguay fue millonario cuando tuvo agua potable que podía tomarse de cualquier canilla, incluso, de una plaza pública cuando correteábamos moríamos de sed. O de una manguera en nuestros patios, o incluso de algún arroyo que sabíamos encontrar en recorridas a campo traviesa.
Dónde quedó el río aquel al que nos recomendaban encomendar nuestras heridas para que sanaran? Quién lleva una lastimadura a sus aguas sin temor a terminar con una infección?
Qué se hizo para evitar este desastre no natural en un recurso finito como es el agua? Cómo pasamos de millonarios a mendigos? La respuesta es una: por desidia.
Es presuntamente posible que  productores irresponsables hayan vertido desechos y  generado parte del problema. También, si esto es cierto,  no hubo una vigilia correcta de los organismos competentes para que no se alcanzaran extremos como los actuales.
Pero por sobre todas las cosas, hubo una negligencia del organismo responsable de que las aguas sigan siendo lo de otrora. Es la Administración de las Obras Sanitarias del Estado, que prometió obras de saneamiento que no se cumplieron.
Esto es lo que no se dice. Y muchos del espectro político han hecho de este tema un circo político que, lejos de ayudar, solo carga las tintas en los productores y nada dice de las responsabilidades que, como organismo oficial, tiene Ose y también la Dirección Nacional de Medio Ambiente (DINAMA). Según la página web del organismo, su misión es «Diseñar e implementar políticas públicas participativas e integradas en materia de vivienda, ambiente, territorio y agua, para promover la equidad y el desarrollo sostenible, contribuyendo a la mejora de la calidad de vida de los habitantes del país». Y «Ser el organismo rector y referente en el diseño e implementación de políticas articuladas y coordinadas en materia de hábitat y medio ambiente, mediante una gestión eficaz y eficiente, basada en un alto nivel de compromiso y profesionalización, orientada a mejorar la calidad de vida»
Entonces, organismos hay, cargos hay, personas capacitadas creemos que las hay. Por qué no hubo controles que impidieran llegar al estado actual?
Por qué se sigue dando vueltas a la irresponsabilidad del privado -que seguramente las haya pero no son excluyentes- y no se asume que desde el gobierno no se actuó con la celeridad en las obras de saneamiento necesarias?
Tras esto, nos desayunamos con un aumento de tarifas anunciado el 15 de diciembre y uno del cargo fijo.. Más allá de que mucho hay del ruido político, Ose argumenta la suba en la necesidad de hacer obras, entonces está reconociendo que el problema no son (solamente) los desechos que se tiran al río, sino la falta de infraestructura.
En marzo de 2015 el alcalde de Aguas Corrientes Alvaro Alfonso decía (o reiteraba) entre otras cosas al diario El País, que en la cuenca hoy en día «se hace cualquier cosa», y que «por más genio que sea el gobierno que esté, si seguimos tirando lo que tiramos al río, esto no lo para nadie».
«Si bien los últimos dos gobiernos hubo importantes inversiones en la planta de Aguas Corrientes, no se invirtió nada en el río. Se tendrían que haber hecho represas, se tendría que haber cuidado el río», dijo, pero reconoció que desde la asunción de T.Vázquez «claramente hay un cambio».
Alfonso habló en referencia a la comisión de municipios de la cuenca wiue integraban varios alcaldes de Canelones y San José. Anunciaba entonces que el presidente Tabaré Vázquez iba a convocar a los alcaldes y concejales para cuando se discuta el presupuesto nacional, para poder opinar».
En 2013,, Alfonso pidió al, presidente que no se olvidara de Santa Lucía. Alfonso, en declaraciones que recogió El Espectador afirmó en ese momento, que «el agua que consumen casi dos millones de personas (Montevideo y aledaños) es potable, pero que el agua bruta viene «cada vez peor» y esto incide a la hora de potabilizarse.
«(Solucionarlo) va a llevar unos 10 años si hacemos todo bien» sentenciaba.
Es hora de tomar el toro por las astas y hacer lo que hay que hacer. Obras, limpiezas, prohibiciones y velar que se cumplan. Y esperar que estemos a tiempo.Que esta riqueza que la naturaleza nos dio, se pueda capitalizar para bien de todos los uruguayos que dependemos de este curso de agua. Queremos volver a sentir orgullo del agua, abrir una canilla y sentir el agua helada que nos deje saciados tranquilamente  y no con temor.
Queremos ser un ejemplo otra vez y poder bañar a nuestros hijos en ese río en el que alguna vez aliviamos las altísimas temperaturas veraniegas.
Otra vez…esperemos estar a tiempo

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