Juan Manuel González Parodi, nos cuenta que aun hay gente que le nombra González Luoni. Es que en esta decana casa de remates es imposible no pensar en su padre, Don Washington. Han transcurrido 56 años ininterrumpidos desde aquel 6 de septiembre de 1961, cuando éste se inscribiera con el rubro de rematador, luego de lograr su matrícula, aunque ya estuviera trabajando desde su juventud junto a los rematadores Telmo Germán Acosta y Juan José Listur, como siempre él mismo lo reconocía.
Juan reafirma que aquella empresa que su padre fundara, aun lleva y llevará su espíritu y al que extrañará por siempre.
El remate es esa forma de venta tan particular, con muchas bondades y la más cristalina de todas, donde se reúne la oferta y toda la demanda en un mismo momento y donde públicamente se ve en el momento la venta, los valores, no sólo el comprador sino también el vendedor, era la reflexión de Don Washington la que hoy reitera su hijo.
Juan Manuel se recuerda con apenas 4 o 5 años, entre lotes, detrás de papá rematador, porque desde su niñez estuvo vinculado al trabajo familiar. Cuando comenzó sus estudios, si bien no tenía idea clara de la carrera a seguir, luego de estudios en Facultad y de situaciones de la vida, decidió hacer la carrera de Rematador Público en la UTU Brazo Oriental. Se recibió en el 96 y desde entonces siguió al firme junto a Don Washington en todos los trámites particulares y judiciales. Juan reconoce que esta es una profesión donde se conjugan muchas cosas, hay que saber mucho del mercado, cómo está en el momento en el que se está vendiendo y conocer de la mercadería en sí. Además, es multirubro, se puede vender desde el mejor mueble o de ocasión, una casa, un terreno, un campo, todo lo que se puede llegar a vender se conjugan en un remate. Esta carrera recoge esa postura de estar frente al público dirimiendo y buscándole el valor justo a la mercadería, porque se tiene que vender lo más caro posible para el que trajo la mercadería, pero también hay que lograr un buen valor, lo más barato posible a quienes siempre vienen a comprar, para tratar de lograr el mejor equilibrio. Remates González tiene la característica de trabajar sin bases, como un atractivo para que la gente siga viniendo, con mercadería que esté para venderse de manera de liquidación, de sucesión, dándole solución y valorando a los clientes que vienen a comprar. Otro de los avances que también se presentan actualmente, son las herramientas electrónicas con todos los medios de difusión que permite una mayor accesibilidad para llegar a ampliar a un público que no es sólo el local, porque sería muy chico. Juan, que trabaja junto a Claudia Hernández, su esposa y socia, los que valoran especialmente que gente de tantos lados del país, incluso Argentina y Brasil, estén dentro de los clientes de Remates González gracias a los medios electrónicos. Se está llegando a un público muy variado, que también hacen ofertas electrónicas con comunicación vía mail o whatsApp. Juan manifestó que el pasado 17 se realizó un remate y uno de los mayores compradores fue de Rivera, que ni siquiera vino al remate ni estuvo presente en la exposición, ya que vio todo por el catálogo que se subió a Internet; hizo una transferencia y luego se le mandó por flete la mercadería. Reiteran, no obstante, esta facilidad que es la credibilidad, lo que sigue siendo lo más importante, gran parte del crédito debido a Washington González Luoni, al que siempre se le reconoció la seriedad y coherencia de la casa de remates, asevera Juan. Hoy la profesión de rematador puede estar desmerecida por diferentes situaciones que han sucedido, por lo que se trabaja en valorar y mantener esa credibilidad que debe tener un remate, para que la gente siga viniendo y confiando como hace más de 50 años.
Las ofertas sólo pueden hacerse por mail, aportando todos los datos con una seña que se deposita en las redes de pago, lo que permite hacer estos remates en Santa Lucía apostando a ese público, lo que genera que gente con buena mercadería la traiga, al saber que se vende bien, cumpliendo con la característica de que en los remates, a veces se logran valores que no se lograrían en una venta particular. Cuando hay interés por un bien y hay dos personas muy interesadas, el valor lo dan esas dos personas. El rematador tiene una actuación encima del estrado, fundamental para dirimir, donde hay que interactuar con los presentes para llevar el acto de forma tranquila y adecuada, para que todos se sientan con el derecho de ofertar.
Los remates se vienen realizando una vez cada cuarenta días, ya que no trabajan con un cronograma sino que se organizan a medida que ven que la mercadería es suficiente como para marcar la fecha. Otra de las virtudes es trabajar con mercadería que no se consigue en otro lugar, como antigüedades, adornos, mobiliarios rústico y antiguo, antigüedades, platería criolla, tratado que en el remate tenga un valor más atractivo.
Juan recuerda cuando Don Washington González estuviera en Rivera y Chile, donde iba surgiendo mercadería, también casi seis años en el local del templo adventista en la calle A. Legnani, hasta instalarse en el año 2010 con el emprendimiento en su amplio local, que actualmente conocemos, en la Calle Washington Beltrán Nº 127 de Santa Lucía.

Y.S.
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