En el Siglo XIX y comienzos del XX, las guerras y malas condiciones de vida en Europa conjuntamente con la promoción y publicidad que hacían las empresas de navegación estimularon la migración europea hacia las Américas.  Las economías dependientes de América respecto a  Europa estimularon el crecimiento de ciudades en los cruces de ruta y en los puertos según las vías comerciales.
En el Siglo XX  los transportes, la ubicación de las ciudades y la búsqueda de una mejor calidad de vida, favoreció el asentamiento de la población en las cercanías de las costas. Se produjo un aumento de la presencia humana en la interfase tierra sólida – aguas oceánicas y fluviales (O. Atlántico y Río de la Plata, en el caso de Uruguay).
Primitivamente existían  sistemas de dunas desde las cercanías de Montevideo hasta el Chuy. Hay diferentes clases de dunas que se integran a la dinámica de las playas de diversas maneras.
Existen cordones de dunas paralelos a las costas. Durante las tempestades la línea de dunas más cercana a la costa es arrastrada hacia el mar y en general el oleaje  también arrastra parte de cada duna de la segunda línea. Esa arena se acumula en barras subacuáticas a distancias variables de la costa. En los períodos de  calma, los vientos y olas suaves arrastran nuevamente la arena hacia la playa recomponiéndola y reconstituyendo nuevamente el sistema dunar. Otras variedades de dunas participan de la dinámica de los litorales costeros únicamente por la acción de los vientos.
El ecosistema acuático hace sus aportes  por el oleaje y las corrientes.
La obra pública sobre las costas, como los puertos, interfieren  con la dinámica de los sedimentos (arenas). En el caso del Puerto de La Paloma, por ejemplo, las investigaciones indican que retiene parte de los sedimentos que alimentaban los arcos de playa situados al suroeste del puerto.
Lo que antecede, es un  intento de resumen de los complejos mecanismos  de la dinámica de los litorales  costeros, territoriales y acuáticos. Sobre ellos podemos generar impactos negativos o positivos. Debemos ser especialmente cuidadosos en las intervenciones sobre las costas, ya que de nosotros depende, por ejemplo,  la supervivencia de las playas.
A partir de la década que se inició en 1940 se buscó fijar las dunas mediante monocultivos de eucaliptos y pinos seguidos de una explotación inmobiliaria que no cesa.
Desde la desembocadura del Arroyo Carrasco apreciamos hacia el Oeste el angostamiento de las playas de Montevideo y hacia el Este playas más anchas que seguirán el mismo proceso de angostamiento a medida que se acentúe la urbanización.
La urbanización costera comenzó hace más de un siglo:  Piriápolis se fundó en 1890, Punta del Este en 1907 y Atlántida en 1911. Al asentamiento costero creciente de los uruguayos, debemos agregar que el turismo interno e internacional también se dirige preferentemente a las playas. La Ministra de Turismo se alegra del número creciente de turistas provenientes del exterior,  son más de 3 millones que vinieron cada año en los últimos cinco años.
No se puede aumentar indefinidamente la presión humana sobre un ecosistema sin correr el riesgo de degradarlo totalmente, que en el caso de que se trata sería matar la gallina de los huevos de oro.

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